Adiós a las oposiciones docentes? La propuesta del MIR educativo se hace fuerte

Profesionales de la educación plantean sustituir los exámenes por un año de inducción remunerado y con el seguimiento de un tutor, que vaya acompañado de una reforma de la docencia

Una clase del IES Ramon Llull.
05/07/2026
5 min

Palma¿Se puede determinar si una persona será un buen docente solo porque ha memorizado un temario durante meses? Cada vez más expertos responden que no. En un momento en que Baleares, como países de toda Europa, afrontan una falta creciente de profesorado, buena parte de las universidades y profesionales de la educación plantean una reforma de gran alcance: cambiar la manera como se forman los futuros maestros y profesores, para que aprendan el oficio dentro de las aulas, acompañados por tutores y mentores, antes de acceder a la función pública. La propuesta, inspirada en el MIR de los médicos, incluso abre la puerta a sustituir las oposiciones por un año de inducción profesional remunerado y sometido a una evaluación rigurosa.

La iniciativa toma forma en el documento La universidad y la formación inicial del profesorado, elaborado por el Grupo Palma, y también aparece sutilmente recogida en el documento Illes per un Pacte, embrión de la Ley de Educación (LEIB). La idea central es clara: si los docentes son una pieza clave para la calidad del sistema educativo, también se ha de transformar la manera como se les forma y se les selecciona. Los impulsores consideran que el modelo actual, basado en unas oposiciones memorísticas, ha quedado desfasado ante una profesión cada vez más compleja y exigente.

El debate llega en un momento especialmente delicado. Las Baleares, igual que otros territorios europeos, tienen dificultades para cubrir determinadas especialidades. Para el profesor de la Facultad de Educación de la UIB Miquel Oliver, esto demuestra que el problema va mucho más allá de las oposiciones. "La investigación internacional identifica nueve causas de la escasez de profesorado. Si solo solucionamos los salarios o las ratios, arreglaremos muy poca cosa", advierte. Según explica, hay que revisar de arriba abajo la formación inicial de los docentes y su incorporación a la profesión.

La propuesta implica sustituir las oposiciones por este periodo de inducción profesional similar al MIR de los médicos. Durante un periodo de un año, los nuevos docentes harían trabajo en un centro educativo con contrato remunerado, acompañados por un tutor del mismo centro y un mentor universitario. Al final del proceso serían evaluados y solo quien demostrase las competencias necesarias accedería a la función pública.

Demostración in vitro

Para los defensores de la reforma, el principal problema del sistema actual es que evalúa a los aspirantes en una situación artificial, basada en un examen y una defensa ante un tribunal, pero que no permite saber cómo actuarán cuando tengan que gestionar un aula, coordinarse con los compañeros, trabajar con las familias o adaptar la enseñanza a alumnado con necesidades diversas. Sí que una vez aprobados, son "funcionarios en prácticas" durante un año, pero la tutorización es bastante laxa.

"Las pruebas actuales solo reproducen situaciones artificiales, muy alejadas de la realidad del aula. Es una demostración in vitro, no lo que harás realmente como docente", sostiene Manel Perelló, exdirector del Centre de Formació de Directors (CFIRDE). En la misma línea, el coordinador del Col·legi de Docents de les Illes Balears, Antoni Salvà, considera que las oposiciones seleccionan "a las personas que tienen el temario más preparado en aquel momento", pero no necesariamente "a los mejores profesionales". Por ello, defiende que la evaluación para acceder al funcionariado se base principalmente en el ejercicio real de la docencia y no en un examen puntual.

Otra de las claves es acercar mucho más la universidad a las escuelas e institutos. Los impulsores de la propuesta defienden que los centros dejen de ser simples espacios de prácticas y asuman un papel activo en la formación de los nuevos profesionales. "¿Qué médico se negaría a formar futuros médicos?", se pregunta Oliver, convencido de que los docentes con experiencia también deben ser protagonistas en este proceso.

El objetivo no es solo formar mejor, sino también evitar que los nuevos profesionales abandonen la docencia poco después de empezar. "Lo que hacemos ahora es coger a los docentes noveles, enviarlos a los centros más complicados y dejarlos solos", lamenta Oliver. El año de inducción, con tutores y seguimiento continuado, debería facilitar una incorporación mucho más gradual. Los expertos recuerdan que no se trata de una propuesta inédita. En diversos países europeos, como Alemania, los titulados pasan un largo periodo de prácticas tutorizadas antes de obtener la certificación definitiva. El peso de la selección recae en la evaluación continuada del trabajo dentro de las aulas y no en un examen memorístico eliminatorio.

¿Adiós a las oposiciones?

Este planteamiento abre inevitablemente el debate sobre el futuro de las oposiciones. Tanto Oliver como Perelló consideran que, si el período de inducción es lo suficientemente exigente y culmina con una evaluación rigurosa, el modelo actual dejaría de tener sentido. "Las oposiciones deberían desaparecer", defiende Oliver. Perelló también apuesta por sustituirlas por un sistema que valore las competencias profesionales a lo largo del tiempo y no únicamente el rendimiento en una prueba puntual.

Según el profesor de la UIB, este cambio es jurídicamente posible si hay voluntad política. Recuerda que la Conferencia Sectorial de Educación, que reúne al Ministerio y a las comunidades autónomas, podría impulsar una reforma del sistema de acceso a la función docente. De hecho, el secretario de Enseñanza Pública del STEI, Vicenç Garcia, explica que el Ministerio ya ha creado un grupo de trabajo para estudiar posibles cambios.

García comparte el diagnóstico y recuerda que los actuales temarios de las oposiciones "están absolutamente obsoletos", pero se muestra prudente respecto al MIR docente. "La pregunta es si garantizará mejores docentes. Necesariamente, no", afirma. También alerta que un modelo de estas características podría afectar al actual sistema de interinidades (lo haría innecesario) y obligaría a redefinir la manera como los nuevos profesionales se incorporan a los centros.

Una visión similar expresa el portavoz de la Assemblea de Docents, Miquel Àngel Ballester, que considera que el debate sobre las oposiciones no puede ocultar un problema más profundo. "Las oposiciones son solo el final de la tubería. El problema real es mucho antes: cada vez hay menos personas dispuestas a ser docentes", afirma. Según explica, la burocracia, las ratios elevadas, la conflictividad en las aulas, la pérdida de poder adquisitivo y la falta de prestigio social dificultan cada vez más atraer nuevos profesionales.

A pesar de las diferencias sobre cuál debe ser el modelo de acceso a la docencia, el consenso es cada vez más amplio en un aspecto: la profesión docente necesita una reforma profunda. El debate ya no es solo si hay que modificar las oposiciones, sino si tiene sentido continuar seleccionando a los futuros maestros y profesores con un examen memorístico o si ha llegado el momento de evaluarlos allí donde realmente se pone a prueba su competencia: dentro del aula.

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