Cómo era Maria Solivellas, según su hermana: "Es muy talentosa, muy intuitiva y un poco dispersa"
Catalina, la hermana de la chef, nos explica los secretos mejor guardados de su infancia
PalmaDe pequeña era creativa, espabilada y muy autónoma. Es la tercera de cuatro hermanos que nacieron y crecieron en Palma, detrás del Born: “Tenía un mundo interior muy rico. Pasaba muchas horas jugando en el patio que hoy es el del Casal Solleric, imaginando historias y construyendo universos propios”. Es ligeramente dispersa, pero con mucha “capacidad de visión”. De hecho, hace 25 años decidió dar un giro al restaurante familiar, hacer allí un huerto propio y apostar por el producto local y de kilómetro cero: “Parecía una extravagancia en aquel momento, pero cuando tenía una idea en la cabeza, la llevaba adelante sin escuchar mucho lo que decían los demás”. Así es como impulsó Ca na Toneta, el icónico restaurante familiar de Caimari. Maria Solivellas (1970) es la chef que lo revolucionó, pero antes de ponerse un delantal hizo muchas otras cosas, impulsada por una curiosidad infinita. Nos lo cuenta la actriz Catalina Solivellas, su segunda hermana –la mayor es Teresa, y el pequeño, Pep.
Repite que Maria, igual que las otras hermanas y el hermano, era espabilada: “Supongo que pertenecemos a una generación en la que los niños tenían mucha más libertad y los padres no eran tan sobreprotectores. En la escuela era un poco dispersa y, en general, una niña muy inquieta”. La familia pasaba los fines de semana en Caimari, y Maria se entretenía organizando todo tipo de eventos: bautizaba muñecas, las preparaba para el primer día de escuela… “¡Cualquier excusa le servía para montar una producción!”.
La creatividad de María se veía en cosas tan cotidianas como prepararse un bocadillo. “Cuando ya éramos un poco más mayores y cada uno llegaba a casa para cenar a horas diferentes, nos hacíamos nosotros los bocadillos. Yo ponía un trozo de queso sobre la rebanada de pan, y ella siempre se preparaba bocadillos elaboradísimos y riquísimos. Convertía cualquier cosa en una pequeña creación”, recuerda Catalina.
La madre siempre decía una cosa muy característica de María: “Allá donde está, está”, explica la actriz, que lo desarrolla: “María vive muy intensamente el presente desde muy pequeña. No es una persona planificadora; siempre se ha dejado llevar mucho por la intuición y la gran capacidad de visión que tiene. Nunca ha seguido un camino excesivamente planificado ni ha tenido una vocación definida desde el principio, y eso precisamente le ha dado mucha libertad”. Así es como llegó al mundo de la cocina: de una manera inesperada, casi sorprendente.
De hecho, antes de dedicarse a la cocina, la inclinación natural que tenía por la escenificación de lo que fuera la llevó al mundo del espectáculo. Trabajó en producción y prensa con La Cubana cuando vivía en Barcelona, y más tarde se trasladó a Madrid para dedicarse a la producción musical. Dice Catalina que a lo largo de su vida “ha recibido ofertas profesionales muy importantes, pero nunca le ha dado miedo decir que no cuando sentía que no era su camino”. Una determinación que no tiene todo el mundo.
María, para Catalina, “es muy talentosa, muy intuitiva y también un poco dispersa, pero con una enorme capacidad para sacar adelante un negocio”, con un liderazgo que no es nada impositivo ni rígido. “Venimos de un matriarcado, de una familia con muchas mujeres, y eso también se refleja en la manera como gestiona los equipos. En nuestra familia tampoco ha habido nunca grandes estructuras autoritarias ni formas categóricas de hacer las cosas”.
A la familia les sorprendió mucho que acabara poniéndose al frente del restaurante y de la cocina. “Empezó a investigar obsesivamente, a aprender y a empaparse de conocimiento”, recuerda, “y todo el mundo creativo e imaginativo que siempre había tenido lo puso al servicio de la cocina, y eso explica buena parte de la revolución que ha acabado haciendo en Ca na Toneta”.