En Menorca ya no se puede vivir
El encarecimiento general de los precios y la afluencia récord de visitantes empobrece a la población local, que sufre la emergencia de la vivienda y ha tenido que modificar los hábitos de consumo
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CiudadelaMenorca va camino de batir este año el récord de llegadas de visitantes. Los últimos datos de Aena contabilizan más de 3,1 millones de pasajeros en el aeropuerto hasta agosto, un 2,5% más que el año pasado, cuando se alcanzaron cifras históricas. Mientras tanto, los habitantes de la isla sufren la emergencia de la vivienda y han tenido que cambiar los hábitos de consumo. Porque en Menorca ya no se puede vivir, ni mucho menos, como antes.
Los hoteles también registran datos récord de ocupación este verano en Menorca, con los precios igualmente disparados respecto a años anteriores. El tercer fin de semana de septiembre en el portal de Booking no se puede encontrar ningún alojamiento para dos personas en la isla que esté por debajo de 100 euros. El más económico, a 101 euros la noche, corresponde a una oferta de final de temporada de una cadena hotelera en Macaret (Es Mercadal).
Pero la encuesta mensual que elabora la patronal PIME hace un toque de atención: solo uno de cada cinco restaurantes ha aumentado la facturación respecto al verano de 2025. El motivo, más allá de la temperatura alta, hay que encontrarlo, según la patronal, en el crecimiento de la oferta de comidas preparadas en los supermercados. Solo una parte de los visitantes y cada vez menos familias menorquinas pueden pagar los precios de los servicios turísticos y de la oferta complementaria.
Vía Menorca
La campaña del GOB Vía Menorca lo advertía: la creciente saturación que sufre la isla en los meses centrales del verano no solo castiga los recursos naturales, sino que también agrava la precariedad laboral y las dificultades para acceder a una vivienda.
La implantación hace cinco años de la galería de Hauser & Wirth en la isla del Rey del puerto de Mahón –recibe más de 70.000 visitantes anuales– ha aumentado la llegada de turismo de alto poder adquisitivo a Menorca. Un fenómeno que se ha traducido en la apertura de otras galerías de renombre y que se ha notado sobre todo en el sector inmobiliario, donde la mayoría de fincas en la costa han pasado a manos foráneas. El precio de la vivienda se ha encarecido tanto que es inaccesible para buena parte de la población residente. Esta tendencia ha tenido su reflejo en otros sectores de la economía local, como la oferta de alojamiento y la restauración, que también han subido precios, muchas veces fuera del alcance de las familias menorquinas y del turismo estatal y británico con menos recursos que todavía visita la isla. En algunos locales del centro de Ciudadela, por ejemplo, la copa de vino supera los cinco euros y el precio de platos comunes y habituales en todas las cartas, como hamburguesas o pizzas, está bastante más cerca de 20 euros que de 10.
“El turista se nos queja, porque dice que Menorca es cara, pero nosotros les hacemos ver que los que viven aquí lo pagan todo el año”, comenta el presidente de los restauradores menorquines, Antoni Pons. El empresario, con negocio abierto desde hace años en Ferrerías, admite que los restaurantes han tenido que subir bastante los precios los últimos años porque “han subido también las materias primas, el convenio colectivo, la luz, el gas y las obligaciones sanitarias y de riesgos laborales”. “Si la gente que va al súper lo nota, también es normal que se encarezca el precio de los platos. Parece que sangramos al turista, pero no es así. La mayoría no se puede sustraer de pagar el billete, el coche de alquiler y la estancia, pero sí de comer y cenar fuera. Se gastan en el restaurante justo lo que les queda de presupuesto”.
El aumento de visitantes coincide con un empobrecimiento de la población residente, que tiene dificultades incluso para encontrar dónde vivir. Según datos del INE, los últimos cuatro años el precio medio de la vivienda en Menorca ha crecido entre un 50 y un 60%. Es el caso de Ciudadela, donde se ha pasado de un precio medio de 2.349 euros por metro cuadrado en 2022 a 3.564 euros del primer trimestre de este año. En Mahón también se ha disparado: de 1.754 euros el metro de hace cuatro años a los 2.812 actuales. Un informe de TINSA sitúa a Alayor como el municipio balear donde más ha crecido el precio de la vivienda el último año.
Lo que más se ha resentido es la oferta de alquiler residencial, anulada casi del todo por la turística. En pleno septiembre, fuera de los meses centrales de la temporada, encontrar un piso de alquiler para todo el año a través de los portales inmobiliarios de referencia se ha convertido casi en un imposible. De los 144 alojamientos disponibles en la isla ahora mismo en el portal Idealista, solo 25 se pueden alquilar todo el año: los 119 restantes (el 82%) son de temporada. Solo hay dos pisos que se alquilan por debajo de mil euros mensuales: un apartamento de 50 metros por 850 euros en el Arenal d'en Castell (Es Mercadal) y un piso de 50 metros y 950 euros mensuales en el núcleo urbano de Mahón. La oferta más económica en Ciudadela es un apartamento en Cala Morell por 1.200 euros al mes. Un dúplex en Migjorn Gran, el municipio más pequeño de Menorca, se alquila a 1.350 euros al mes.
“Hay personas que viven en situaciones precarias, dentro de coches o furgonetas, o bien en la playa, una situación que antes solo se daba en otras islas y que ahora está presente en Menorca”, lamenta Roser Román, arquitecta y exdirectora insular de Vivienda en el Consell. “Por no hablar de los que malviven en casa de sus padres, con el empeoramiento de las condiciones de salud que supone”, añade. De hecho, uno de los cursos de este año de la Escuela de Salud Pública que se realiza en el Lazareto analiza el estrecho vínculo entre la vivienda, las desigualdades sociales y la salud.
La fórmula del ‘cohousing’
Para hacerle frente, más allá de las nuevas promociones residenciales que pone en marcha el Ibavi y de los cambios que prepara el Consell en el Plan Territorial Insular (PTI) para permitir construir una planta más en todos los municipios de la isla, Román propone la fórmula del cohousing. Se trata de una modalidad implantada con éxito en otros países europeos que fomenta la vivienda como un bien exclusivamente de uso y evita la especulación inmobiliaria.
Como presidenta de la asociación Niu Ètic, Román ha conseguido que el Ibavi les ceda un tercio de la parcela del Mercadal donde construirá una promoción de 35 pisos de protección oficial para impulsar una primera cooperativa de viviendas en suelo público en este lugar. Una iniciativa que la arquitecta quiere extender también, en contacto con los ayuntamientos, a otros municipios de Menorca. “Lo más importante es cambiar el modelo de relación entre la Administración y los ciudadanos. Hace falta que la ciudadanía sea más organizada, comprometida y responsable y que la Administración deje de ser tan paternalista y ofrezca facilidades para poder dar un nuevo uso a solares y edificios vacíos. Actuar en suelo público lo hace más accesible, ya que el precio de los terrenos es tan desorbitado que resulta inaccesible para mucha gente”, explica. El problema añadido es que “los trámites se eternizan y las soluciones pueden tardar en hacerse efectivas”, añade.
Aunque buena parte de los menorquines considera que el turismo no debe crecer más, AENA prevé ampliar la capacidad del aeropuerto para que en 2031 reciba 4,5 millones de visitantes. El PP y Més per Menorca se han manifestado en contra. También el GOB, que pide al Estado que los 170 millones que tiene previsto invertir en el aeropuerto de Menorca sirvan para “mejorar los servicios necesarios para la población y para avanzar hacia un modelo más sostenible, y no para aumentar la capacidad de atraer más y más turismo”. “Mucho menos en una isla que es Reserva de Biosfera, donde la conservación de los valores naturales y territoriales es incompatible con una política de incremento continuado de la presión turística”, dice la entidad. “Una isla que solo sabe recibir visitantes acaba olvidando que lo más importante es cuidar a las personas que viven en ella y el territorio que las sostiene”, sentencia el GOB.
El economista menorquín Guillem López Casasnovas cifra en un 16% el sobrecoste de la vida que sufrimos en las Islas. Es el cálculo de un estudio reciente de la Generalitat, que el exconsejero del Banco de España da por bueno, ya que los salarios y la capacidad adquisitiva en relación con los precios de los productos y servicios son más bajos que en otras comunidades. “Quienes también lo sufren son los mismos inmigrantes, que vienen con la creencia de que somos una comunidad rica y después –por el encarecimiento de los alimentos y de la vivienda– no logran acceder a los bienes más primarios para tener una vida digna”, apunta.
López Casasnovas dice que incluso el IPC crece más en Baleares que en ningún otro lugar, “pero sobre todo de aquellos productos importados que menos benefician a la economía local. Por eso –destaca– hay colas en los supermercados como Mercadona y no en los mercados municipales para comprar carne o pescado”.