Marga Melià: “Hemos sido pioneros en el desastre, pero también podemos serlo en la respuesta”

Cineasta

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Marga Melià, directora de Soportando el paraíso.
24/09/2026 - 21:09 h
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PalmaSoportando el paraíso es una obra literaria y cinematográfica que ya acumula varias vidas. La editorial Lunwerg publicó la primera edición de este libro de conversaciones con veinte artistas mallorquines en el año 2011 y ahora Lleonard Muntaner lo ha reeditado. El documental, estrenado este 2026 en el Atlàntida Mallorca Film Fest, recupera unas entrevistas filmadas en 2012 para retratar la pérdida de identidad, la destrucción del territorio y las contradicciones de la Mallorca turística. La película confronta aquellos advertimientos con la mirada de una nueva generación de creadores. Hablamos con la directora del proceso creativo, del cine como espacio de diálogo y de la derrota, la indignación y la esperanza que atraviesan el contexto social en el que se ha estrenado.

Soportando el paraíso nace de las conversaciones que mantuvisteis entre el 2009 y el 2010 con una veintena de artistas mallorquines. ¿Qué buscabais entonces y en qué momento descubristeis que, más allá del arte y la creación, todas aquellas voces estaban hablando también de una isla que empezaba a desaparecer?

— Hice las primeras entrevistas para el libro Suportant el paradís que ahora ha reeditado Lleonard Muntaner y que se publicó en el año 2011. Eran entrevistas en profundidad a veinte artistas, que son más que los que salen en la película. En el libro tenía más espacio y lo planteé como una manera de juntar en el espacio y el tiempo a una serie de creadores que me interesaban y que tenían en común que habían nacido o vivían en Mallorca. Hablamos de su vida y obra, de su trayectoria y formación...eran entrevistas atemporales, que no se centraban en un momento concreto. Durante las conversaciones me di cuenta de que todos tenían mucho que decir sobre Mallorca y sobre cómo desaparecía la isla que ellos habían conocido. Cómo habían ido presenciando la pérdida de identidad, la destrucción del territorio y las reflexiones sobre cómo nos habíamos vendido hasta llegar a donde estamos ahora. Todos, prácticamente, compartían este hilo y me pareció muy interesante centrarme exclusivamente en esta parte.

El libro se publicó en 2011, pero las entrevistas filmadas en 2012 quedaron guardadas durante más de una década. ¿Por qué el documental no pudo ver la luz entonces y qué os hizo decidir que ahora había llegado el momento de recuperarlo?

— Este, realmente, fue mi primer proyecto audiovisual. Las entrevistas que salen en el documental son una segunda tanda que grabamos en el año 2012 y ya centradas exclusivamente en este tema. En aquel momento era más difícil hacer cine, no había muchas ayudas y el tema del modelo turístico no era un tema que estuviera sobre la mesa como ahora. Es cierto que ellos hacían declaraciones que parecen hechas hoy, excepto en algún tema como el de la vivienda que era más difícil de prever. Pero en el ámbito colectivo no habíamos llegado al punto en el que estamos hoy, en el que la sociedad está más receptiva. En 2024, con las primeras grandes manifestaciones contra el modelo turístico vi que había llegado el momento de recuperar el proyecto. Con Agustí Torres y Xisco Martorell hacía tiempo que pensábamos que teníamos un material muy valioso que se tenía que mostrar y en 2024 me dije: "O hago ahora el documental o no lo llegaré a hacer".

Este fue vuestro primer proyecto como directora y, paradójicamente, es el último que habéis estrenado. ¿Cómo ha cambiado la película durante estos quince años y cómo ha cambiado la cineasta que finalmente la ha terminado?

— Así como digo que la sociedad no estaba tan predispuesta a conectar tan fuerte con este mensaje, yo tampoco lo estaba. Ahora tengo más conciencia que cuando grabé las entrevistas en 2012. Entonces sabía que íbamos por el mal camino y hacia el desastre, pero no veía tanta urgencia como la que veían ellos. A escala profesional, también ha sido bueno para mí porque entonces no tenía experiencia audiovisual y todavía no había dirigido ni montado nada. En este tiempo, también he podido aprender montaje, lo que me ha permitido montar el documental y eso me hace muy contenta. Por tanto, creo que el proyecto ha llegado en el momento adecuado tanto en el ámbito colectivo como personal en lo que respecta a mi trayectoria profesional. Las personas que al principio se acercaron al proyecto encontraban que era muy complejo a escala narrativa, pero con los años me ha salido de manera muy natural estructurarlo poniéndome a mí como narradora para explicar esta historia. Poniéndome a mí se entiende mejor que pretende ser un relato más emocional y no tan periodístico.

Cuando recuperasteis las grabaciones, ¿os sorprendió comprobar hasta qué punto algunas de aquellas reflexiones habían sido premonitorias? ¿Hubo alguna voz o afirmación que adquiriera un significado completamente nuevo en 2026?

— Si bien es cierto que no las había olvidado y tenía claro el mensaje general, cuando las miré todas detenidamente sí que fue impactante que parecían haber sido grabadas ahora. Excepto en el tema de la vivienda, que en aquel momento salíamos de la crisis del 2008 y el contexto era un poco diferente, todas las reflexiones son las mismas que hacemos hoy.

El documental incorpora material actual y voces de una nueva generación de creadores. ¿Qué comparten artistas como Miquel Barceló, Carme Riera, Agustí Villaronga y Toni Catany con creadores más jóvenes como Júlia Colom, Laura Gost, Clara Ingold y Xanguito? ¿Y en qué ha cambiado radicalmente su relación con Mallorca?

— La elección ha sido difícil y me habría gustado que la generación joven saliera más, pero no podía alargar la película más de una hora y media. El primer criterio para seleccionar a los nuevos creadores fue que hubieran dejado alguna obra interesante o que hubiera llegado fuera de Mallorca y que su trayectoria los hiciera adecuados para este proyecto. También quería que fueran representativos de artes diferentes. Las entrevistas de unos y otros están separadas por catorce años y es cierto que algunos términos como el de gentrificación no se utilizaban. Los jóvenes creo que remarcan más estos dos aspectos: la gentrificación y la crisis de la vivienda. Independizarte, alquilar o comprar una casa en 2012 no eran problemas tan evidentes como ahora. También es cierto que los artistas que entrevisté en 2012, por edad y momento histórico no han vivido la precarización que sí tiene que vivir la generación más actual.

— Ahora bien, una cosa positiva que sí que he observado es que los primeros tuvieron que salir durante mucho tiempo de Mallorca, ya sea para estudiar o para hacer parte de sus trayectorias, mientras que los de ahora quizás no han tenido tanta necesidad de estar tanto tiempo fuera. De los entrevistados en 2012, muchos han vuelto, pero muchos vivían fuera. En cambio, los de ahora prácticamente todos viven en Mallorca, aunque quizás algunos pasan temporadas fuera. Esto me ha alegrado, aunque todavía es difícil trabajar desde la isla. Debe de ser una de las pocas cosas positivas de la globalización, con sus limitaciones, como el acceso a la vivienda.

El proyecto ha adquirido también un valor de archivo porque algunas de las personas entrevistadas ya no están. ¿Cómo condicionó el montaje trabajar con las voces de Agustí Villaronga, Toni Catany o Cristòfol Serra sabiendo que ya no podrían revisar ni continuar aquella conversación?

— Es difícil trabajar con material de archivo, pero estoy muy contenta porque tanto la Fundación Toni Catany como las familias de Agustí Villaronga y de Cristòfol Serra se han acercado después de ver el documental a darme las gracias porque desconocían estos contenidos. Como profesional me encanta hacer entrevistas y siempre soy muy obsesiva de ser muy fiel al mensaje que quiere transmitir el entrevistado. Esto implica el proceso de montaje, porque ya es un filtro que tú pones y puede haber equívocos. En este sentido era más delicado porque hablamos de personas que ya no están y te sientes muy responsable. Con el resto, sí que hemos ido hablando antes del estreno, muchos han venido a verlo y todos me han dicho que se identificaban con lo que finalmente se ha proyectado.

La película puede dejar una sensación inquietante: las advertencias ya estaban ahí en 2011, pero no fueron escuchadas. Soportando el paraíso es el relato de una derrota colectiva y de un mal que ya está hecho y que no tiene remedio?

— Es difícil dar una respuesta, porque es cierto que me hago muchas preguntas en el documental, como también son las preguntas que me llevaron a escribir el libro en el año 2011. La película parte de una pregunta que me hizo mi hijo en el año 2024 sobre por qué había tantas protestas contra el turismo. Mi carácter es más de cuestionarme las cosas, de hacerme preguntas, más que de dar respuestas.

— Es cierto que la película tiene un tono de lamento, de nostalgia, sobre todo al principio. La música está compuesta también con este lamento colectivo, pero el otro día hacía una reflexión que es muy pertinente para la película y es que yo de naturaleza tengo una manera de entender el mundo dramática y negativa, pero con los años, madurar me ha llevado a crecer y a darme cuenta de que intentar ver el mundo desde otro punto de vista y centrarme en la esperanza y en lo que sí que se puede hacer, es mejor a todos los niveles.

La esperanza es un imperativo moral.

— Sí, porque si no nos abocamos al desastre. Al final, creo que me acabo posicionando más en intentar ver lo que todavía se puede hacer, porque si no acabamos en una queja o en una resignación que no nos lleva a ninguna parte ni a ningún cambio. Creo que está bien que nos quejemos y nos lamentemos: puedes tomar conciencia y echar de menos lo que perdiste, pero para después hablar de ello, cuestionar las cosas abiertamente y finalmente actuar tanto a escala individual como colectiva.

El hecho de que hoy tanta gente esté indignada, se movilice y reconozca el problema es un rayo de esperanza que hace quince años todavía no existía?

— Hace quince años Mallorca no estaba tan mal como lo está hoy, pero podría haber pasado que estuviéramos igual de mal y que la gente no protestase. En este sentido, la movilización social que veo pienso que es muy positiva. Yo tengo un hijo de 8 años y me preocupa, por ejemplo, todo el tema de la tecnología. Con él, intento ser consciente de ello y hacer pequeñas cosas como ir a la biblioteca, al teatro, a hacer pequeños cambios en nuestro día a día. Y en lo que respecta a la gentrificación, ir a comprar los libros a la librería de mi barrio y no a Amazon. Cosas pequeñas, pero que son cambios. Las cenas al aire libre al final son eso: gente que ha tomado conciencia de una pérdida y hace acciones en consonancia. Es chulísimo y da esperanza.

¿Todavía hay espacio para cambiar el rumbo de Mallorca? ¿Qué transformaciones serían imprescindibles y qué renuncias colectivas estaríamos dispuestos a asumir?

— Lo desconozco, pero creo que si no pensamos que sí, de alguna manera nos resignaríamos y no haríamos nada, lo que supondría que Mallorca todavía puede acabar peor. La única manera de afrontar el futuro con un poco de esperanza es pensar que sí. Ya no solo por el futuro de Mallorca, sino de todo el mundo. Ahora tenemos que llevar el documental de gira por la Península y ya vemos cómo no solo en Madrid y Barcelona hay gentrificación, sino que ha llegado a pueblos de, por ejemplo, Cantabria. Es un problema que no empieza hoy ni acaba mañana, por desgracia durará mucho a menos que antes todo explote.

En una sociedad cada vez más marcada por el individualismo, ¿crees que se ha recuperado la capacidad de organizarse colectivamente?

— La colectividad está mejor ahora que hace quince años, a pesar de que en aquel momento veníamos del 15-M. A raíz del documental he sabido que hay otros lugares de todas partes que dicen que se han sentido inspirados por lo que se ha hecho y hacemos en Mallorca ante la saturación turística. Por desgracia, hemos sido pioneros en el desastre, pero si también podemos serlo con las iniciativas para responder al desastre, es esperanzador.

¿La dificultad para acceder a algunos lugares de la isla también forma parte de su experiencia personal?

— Sí. En verano, mi hijo no ha ido al Caló del Moro, y eso sale en la película. Ahora vas a los sitios que conoces y donde sabes que, más o menos, podrás estar y aparcar. Ya no puedes decir simplemente: "Vamos a mostrarle lo guapo que es este lugar", porque a menudo ya no es posible.

¿Cómo ha respondido el público a la película?

— Ha sido una pasada. El primer fin de semana solo se proyectaba en el Rívoli y en CineCiutat y fue la quinta película más vista de España: ¡un documental en catalán que solo estaba en dos salas! Hemos hecho presentaciones y coloquios en el Rívoli y después hemos empezado a ir por los pueblos: Manacor, Capdepera, Llucmajor, Pollença… Siempre que vamos hacemos una presentación y un coloquio, y es muy enriquecedor. También hemos organizado conversaciones sobre algunos de los aspectos que trata el film, con representantes del GOB, Ivan Murray, la plataforma Menys Turisme, Més Vida, Margalida Ramis, Xavier Pastor, Terraferida y personas vinculadas a la cultura como Nadal Suau y Susy Gómez. Hemos hablado de vivienda, cultura, ecologismo e historia de los movimientos sociales. Todas las personas entrevistadas provienen del mundo cultural y, por tanto, la película ofrece la mirada de un sector concreto. No aparecen académicos. Por eso nos pareció interesante completar las proyecciones con expertos de otros ámbitos. El film apunta muchos temas que no puede desarrollar por falta de tiempo.

Por tanto, ¿el diálogo posterior forma parte del sentido de la película?

— Sí. La película pretende fomentar el diálogo como una herramienta de mejora individual y colectiva. Me encanta poder conversar y escuchar al público. Para mí, el cine también es eso: intentar plasmar unos pensamientos y unos sentimientos que observo o que me transmiten, ponerlos en diálogo con los espectadores y escuchar qué tienen ellos que aportar. Lo que más me ha impactado es ver que muchas personas salen conmovidas. Hay quienes han llorado, me han dado las gracias o me han abrazado. Es muy gratificante porque, con todas las limitaciones, sientes que has conseguido hacer una obra que conmueve. El cine es eso: provocar una reacción emocional en el espectador. Es emocionante compartirlo con el público, aunque hablemos de una realidad triste. Hay personas que vuelven a verla, la recomiendan y hablan de ella.

¿Qué decís a quien espera que Soportandoel paraíso sea una radiografía o un informe periodístico del colapso turístico y territorial de Mallorca?

— Esta es la película que yo he elegido hacer, pero hay muchas otras posibles y algunas ya se han hecho, como Overbooking, desde otra perspectiva, y que siempre recomiendo. Me gusta entenderlas como un conjunto de obras que intentan plasmar el momento que nos ha tocado vivir y plantear preguntas. Si Soportando el paraíso ha podido actuar como catalizador en un momento delicado, en el que la gente está muy sensible y activa, con los sentimientos a flor de piel, ya tiene sentido.

¿Qué recorrido tendrá ahora el documental?

— Continuarán las proyecciones y los coloquios, que se pueden consultar en www.nuufilms.es. En octubre vamos a Oviedo, Santander, Madrid, Valencia y Barcelona; es posible que en Barcelona entre en cartel y que también llegue a otros lugares de Cataluña. La película ha tenido el apoyo de IB3 y del Consell de Mallorca. En 2027 se emitirá por IB3 y llegará a plataformas, aunque todavía no sé a cuáles. También estamos mirando si se puede emitir por TV3.

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