Dos décadas de empobrecimiento a golpe de récord turístico
El aumento de los registros ya no es motivo de fiesta, porque el monocultivo económico hace que cada vez se reparta peor la riqueza
PalmaDurante cuarenta años, Baleares ha hecho aquello que, en teoría, debía garantizar más prosperidad: atraer cada vez más turistas. Un consenso y un modelo que funcionaban y que situaron las Islas entre las comunidades más ricas del Estado hasta finales de los años 80.
Pero los datos explican una historia diferente. En 1985 Baleares recibía 4,5 millones de visitantes y tenía 685.000 habitantes, y era la segunda comunidad en renta per cápita. Hoy en día recibe casi 19 millones de turistas y supera los 1,2 millones de residentes. La presión turística se ha multiplicado por dos, de 6,6 turistas por habitante a más de 15, y ha provocado “una innegable pérdida de calidad de vida”, además de “poner los recursos naturales al límite”, remarca el profesor de Economía de la UIB Aleix Calveras. “Algo hemos hecho mal”, afirma. De hecho, Baleares ya no es aquella potencia, sino que se acerca cada vez más a la media de renta del Estado, pero con un coste de la vida mucho más elevado.
Sin embargo, el enorme incremento de la actividad económica no ha ido acompañado de una mejora equivalente del bienestar. Si en 1985 Baleares era la segunda comunidad autónoma con más PIB por habitante, hoy ocupa la sexta posición y una parte creciente de la población comparte vivienda y no llega a fin de mes.
Es una paradoja que economistas y empresarios intentan explicar desde hace años. De hecho, el reciente informe Fénix, que radiografía el modelo económico catalán, mira también hacia las Baleares explícitamente. Los economistas que lo han elaborado alertan que un modelo basado en actividades de bajo valor añadido, una fuerte expansión demográfica y una elevada dependencia del turismo puede generar una paradoja: la economía crece en términos absolutos, pero el bienestar de los residentes no crece al mismo ritmo. El documento recuerda que el PIB per cápita es el indicador que mejor mide la prosperidad material y advierte que, cuando el crecimiento se basa sobre todo en el aumento de la población, la riqueza generada tiende a diluirse. En este contexto, las Baleares aparecen como el principal ejemplo de este fenómeno.
Según el economista Ferran Navinés el modelo balear entró en una “fase de rendimientos decrecientes” a finales de los años 80. En 1985 las Islas alcanzaron el máximo diferencial de renta per cápita respecto a la media española —más de 65 puntos—, pero, desde entonces, esta ventaja no ha dejado de reducirse.
Más población para producir más
Su tesis es que el modelo necesita cada vez más población, más turistas y más actividad para mantener el mismo ritmo de crecimiento, pero este esfuerzo no genera una mejora equivalente de la renta por habitante. Entre 1995 y 2021 las Baleares registraron el crecimiento demográfico más elevado de las comunidades autónomas, un 47,1%, mientras que el crecimiento del valor añadido bruto real solo ocupaba la decimotercera posición. El resultado es “una pérdida relativa del PIB per cápita del 11,4%, una evolución negativa que solo comparten Canarias, el otro gran territorio especializado en turismo”, explica.
Navinés rompe otro mito. El problema, dice, no es que el turismo sea improductivo. Muy al contrario. “Tenemos un empresariado eficiente, que inventó el buffet hace décadas para aprovechar mejor al personal, que se adapta, que es especialista en turismo. El problema es que este modelo necesita muchas manos, preferentemente de baja cualificación y salario. Cuando disparas los turistas pensando que todos los indicadores subirán, es al contrario. Sube el rendimiento empresarial y la facturación, pero con los salarios bajos del turismo y la gran necesidad de mano de obra que conlleva, se produce un descenso de la renta per cápita”, añade.
Las Islas ocupan las primeras posiciones estatales en crecimiento de la productividad del trabajo. Las actividades vinculadas al turismo —hotelería, restauración, transporte y agencias de viajes— presentan niveles de productividad superiores a los de la mayoría de las comunidades autónomas. Las inversiones en renovación hotelera y digitalización después de la crisis de 2008 han reforzado todavía más esta eficiencia. Por ello, Navinés insiste en que la cuestión no es de productividad, sino de distribución.
“Las Baleares son muy productivas, mucho más eficientes en términos de productividad que en términos de distribución de la riqueza, porque los poderes públicos no han hecho los deberes. No se ha sabido compensar este modelo con otros sistemas productivos y otras actividades, como la industria y la tecnología, que permiten diversificar de verdad y no tener esta dependencia y estas cifras que son de una ineficacia enorme a escala social”, explica.
Esta lectura coincide con la del Círculo de Economía de Mallorca. El economista y miembro de la directiva de la entidad Carlos Rullán explica que el modelo turístico funcionó muy bien hasta aproximadamente el año 2000. “El turismo crecía, pero lo hacía dentro de un sistema relativamente equilibrado. Pero, a partir de ese momento, el número de visitantes ha aumentado muy rápidamente, la población también se ha disparado y han aparecido las tensiones que marcan el debate público hoy: vivienda, movilidad, recursos hídricos, servicios públicos y pérdida de calidad de vida, sin que haya ningún liderazgo público capaz de afrontar una reconversión”, lamenta.
Los estudios elaborados por el Círculo ponen cifras a esta transformación. Entre el 2000 y el 2023 el PIB balear creció un 158%, pero el PIB por habitante solo lo hizo un 8,2%. Descontando la inflación, la renta real per cápita prácticamente no ha avanzado en este período. “Hemos producido más, pero hemos necesitado mucha más gente”, dice Rullán, que no cree que se trate de renunciar al turismo, “sino de evitar que sea el único motor de la economía”. “Si nos fijamos en las comunidades que tienen más industria, como el País Vasco y Cataluña, vemos que su economía es más sólida”, apunta.
En este sentido, el Círculo destaca el caso de Menorca, que ha conservado un peso más importante de la industria y del sector primario. “Esta diversificación hace que su dependencia del turismo sea menor y la convierte en una referencia para pensar un modelo económico más equilibrado. Es lo que deberíamos intentar generalizar en las Baleares”, dice Rullán.
Hablar sin actuar
Lamentablemente, “los hechos y las decisiones políticas van en sentido contrario”, remarca Aleix Calveras, que también recuerda que “la izquierda habló durante años de revisar el modelo”. “Cuando llegó la pandemia, que nos demostró los riesgos de una especialización excesiva, se asustaron. Y al salir de ella, el discurso se fue al traste y nadie quería oír hablar de ninguna medida”, continúa. En cuanto al actual Ejecutivo, el economista de la UIB es contundente: “Han creado una mesa, una comisión, que ha repetido por enésima vez lo que sabíamos. Pero a la hora de tomar decisiones, lo único que han hecho es reactivar bolsas de plazas que estaban congeladas”, lamenta.
El Círculo de Economía hace años que reclama una estrategia de largo plazo basada en la industria, la innovación, la investigación, la tecnología y las actividades intensivas en conocimiento. “El objetivo no es sustituir el turismo, sino complementarlo para que la riqueza generada se transforme en más valor añadido y más bienestar”, sentencia Rullán.