Patrimonio

El patrimonio arqueológico asediado por el cemento

En las Baleares es larga la lista de vestigios milenarios que han quedado engullidos, encajonados o, directamente, mutilados por un modelo urbanístico expansivo y en crecimiento permanente

El talayot de Pula se encuentra cerrado por un campo de golf.
Patrimonio
14/08/2026 - 22:45 h.
6 min

PalmaLos acordes de teclado de una versión de Whitney Houston que llegan desde el Hotel Mariant Park se mezclan con las notas, a todo volumen, de Barbie Girl, un hit de los años 90 que llega de los alrededores del Hotel Playamar. La noche de agosto es pesada y las terrazas de los hoteles están llenas de turistas que buscan el entretenimiento prometido. Justo en medio, inmutables y eternas, ajenas al anacronismo, permanecen las piedras milenarias del poblado talayótico de L'Illot.

Hace entre 2.900 y 3.200 años, cuando este rincón del Levante todavía era un paraíso, sus habitantes erigieron una construcción turriforme, considerada un antecedente de los talayots de la edad del Hierro. Posteriormente, se añadieron varias estancias domésticas, entre las que destaca una habitación que ha devenido una referencia para entender la vivienda talayótica. El poblado del Illot es uno de los yacimientos más importantes de la cultura talayótica y posttalayótica. La murada que lo protegió no lo ha resguardado de convivir flanqueado por bikinis, pareos, cremas solares en oferta, tatuajes para recordar un verano en Mallorca y botes de kétchup y mostaza.

Poblado talayótico del islote.

A pocos kilómetros, los golfistas pueden hacer un drive mientras contemplan el talayote de Pula. En medio del Pula Golf Resort, entre los greens y los lagos artificiales, se alzan –conservando toda la dignidad posible– un talayote de grandes dimensiones escalonado y otro de planta circular. Fue excavado a finales de los años 60, pero esto no impidió que en 1995 se inaugurase el complejo, que además del campo de golf también tiene un hotel y restaurante. La propiedad se encarga de su conservación y advierte que se puede visitar, pero “es peligroso porque hay golfistas”.

Son solo algunos ejemplos de una larga lista del patrimonio arqueológico que ha quedado engullido, encajonado o, directamente, mutilado por un modelo urbanístico expansivo y en crecimiento permanente. Cuando esto pasa, “perdemos la oportunidad de aprender y entender cómo las comunidades que nos precedieron establecían relaciones con un medio que era imprescindible para sostener la vida social”, explica Beatriz Palomar Puebla, arqueóloga del Museo Arqueológico de Son Fornés y de la Ruta Arqueológica Sencelles-Costitx.

“De repente, un poblado talayótico se convierte en un hongo en los jardines de una urbanización”, asevera. Aunque las estructuras se conserven, “el yacimiento se acaba convirtiendo en un ornamento más del jardín”, con su capacidad para explicar el pasado profundamente empobrecido. Pero su presencia también actúa como un espejo: “Explicará con dureza cómo somos nosotros actualmente y los retos que plantea vivir dentro de un modelo depredador del territorio y de las personas”.

Para Palomar, “cuando una urbanización solo respeta las estructuras visibles de los restos arqueológicos, solo garantiza una ‘supervivencia parcial’”.

Yacimientos entre aparcamientos y chalets

En el Eroski de Santa Ponça se puede dejar el coche junto a una villa romana, la primera excavada en Mallorca. Los restos han quedado justo al lado del asfalto del aparcamiento, desde donde se accede a ella. También en Calvià, el túmulo de Son Ferrer ha quedado rodeado de chalets. A pesar de haber sido musealizado, ha perdido el paisaje que lo rodeaba. El caso evidencia una contradicción: la urbanización lo ha descontextualizado, pero al igual que en el Illot, su visibilidad también ha favorecido la inversión pública, la conservación y el uso educativo.

Talayote de na Pol, en la Coma.
En el Eroski de Santa Ponça se puede dejar el coche junto a una villa romana, la primera excavada en Mallorca.

La arqueóloga Helena Inglada no tiene claro que se pueda hablar de diálogo entre los yacimientos y las construcciones posteriores al boom turístico. “Normalmente, estas urbanizaciones son muy agresivas”, apunta. Las edificaciones tradicionales mantenían unos materiales, colores y una volumetría determinados. La relación es muy diferente “cuando hay un chalet con piscina, un aparcamiento o un edificio de varias plantas pegado a un yacimiento”, añade.

Entornos de protección

La Ley 12/1998 de patrimonio de las Islas Baleares estableció que los BIC y los bienes catalogados son inseparables de su entorno. En el caso de los yacimientos declarados BIC, la protección debe extenderse a un área delimitada específicamente. Aun así, la norma no fija una franja uniforme, sino que se define caso por caso.

La muralla renacentista de Palma, detrás de unas vitrinas dentro del aparcamiento subterráneo de la vía de Roma.

“Tenemos la mayoría de yacimientos identificados, pero solo una parte relativamente pequeña tiene los entornos de protección declarados según la ley”, señala Inglada, que ejerce de técnica de Arqueología en el Consell de Mallorca. Cualquier intervención dentro de una zona arqueológica declarada BIC o su entorno requiere la autorización previa de la Comisión Insular de Patrimonio Histórico. Con el marco legal actual sería difícil que se repitieran casos como los del Illot o Pula. “No basta dejar el talayot allí y hacer toda la demás cosa alrededor”, defiende. Además, nuevas técnicas permiten analizar el subsuelo sin excavarlo y, si se detectan indicios de continuidad, la Administración podría condicionar o denegar determinadas actuaciones. Aun así, ejemplos recientes como el de las navetas del Rafal Rubí, en Menorca, en que la construcción de la carretera por parte del Consell ha puesto en riesgo la declaración de la Unesco y hasta ha propiciado la dimisión del director de Menorca Talayótica, y la construcción del Parador de Dalt Vila, sobre un yacimiento, demuestran cómo el patrimonio a menudo es visto como un obstáculo, incluso por la Administración.

Legalizaciones y presión en suelo rústico

La dificultad se agrava cuando las obras se hacen al margen de los canales legales. “Si funcionan correctamente, podemos prevenir los daños. El gran problema es cuando las obras se hacen ilegalmente y no nos enteramos. Cuando tenemos conocimiento, muchas veces el daño ya está hecho”, advierte la arqueóloga.

Los procedimientos de legalización extraordinaria en suelo rústico sacan a la luz esta realidad: cuando el expediente llega a la Administración, la casa o la piscina ya están construidas. Si había restos, pueden haber sido destruidas antes de que ningún técnico pudiera documentarlas. “La única manera de hacer las cosas como toca es hacerlo antes”, insiste Inglada. “Si eliminas un yacimiento, no lo puedes reconstruir. No solo pierdes los restos materiales: pierdes una fuente de información que no podrás recuperar jamás”.

Para el especialista en arqueología prehistórica Nicolau Escanilla, el problema es “todo lo que no vemos”: restos que desaparecen porque están en zonas no protegidas o porque las obras se hacen sin autorización. Con el ritmo constructivo actual, cree que “el daño al patrimonio debe ser inmenso, y la pérdida, irrecuperable”. Lo compara con la destrucción de poblados para obtener piedra para construir carreteras y ferrocarriles a principios del siglo XX: “El daño actual, invisible, debe ser similar”.

Falta de recursos públicos

El Consell de Mallorca ejerce el grueso de las funciones ejecutivas en materia de patrimonio arqueológico, aunque comparte responsabilidades con ayuntamientos, Gobierno y Estado. La pregunta es si dispone de los recursos necesarios para supervisar todas las obras que pueden afectar yacimientos o restos arqueológicos.

La plantilla técnica de Arqueología dispone de dos técnicos y medio, a pesar de que los expedientes se han multiplicado por cuatro en quince años, y la percepción dentro del sector es que es “claramente insuficiente”. Gestiona subvenciones, tramita expedientes y autorizaciones, interviene en las obras que afectan a elementos catalogados y tramita los procedimientos de delimitación y declaración de los yacimientos. Todo esto, en un territorio con un volumen de actividad constructiva muy elevado, lo que provoca un “cuello de botella inevitable”.

Además de autorizar intervenciones e informar sobre obras, los técnicos deberían comprobar que se cumplen las prescripciones impuestas. El servicio tiene dos inspectores compartidos con otros departamentos, que deben dar respuesta al flujo constante de denuncias por posibles infracciones patrimoniales. “En los casos más urgentes y extremos, estamos ahí, pero cuesta mucho hacerles el seguimiento”, reconoce Inglada. Los técnicos pueden establecer que unos restos se deben mantener intactos, pero no siempre hay suficiente personal para volver y comprobarlo.

A la falta de personal se añade, según las voces técnicas consultadas, una cierta soledad a la hora de defender decisiones que pueden limitar proyectos urbanísticos. “A veces nos sentimos poco acompañados. Y aquí, no jugamos: hablamos de un patrimonio que, si se destruye, se pierde para siempre”.

La muralla renacentista de Palma, detrás de unas vitrinas bajo el aparcamiento subterráneo de la vía de Roma; el yacimiento de L'Olivera, en Ibiza, adosado a un Mercadona; el acueducto romano de L'Argamassa, en Ibiza, recolocado dentro de una zona verde de una promoción inmobiliaria, y el talayot del Serral de les Abelles, en Puigpunyent, alargan una lista de tesoros asediados por el cemento que también tiene en el suelo rústico un frente nuevo.

Son Oms era un gran complejo prehistórico, ocupado y reutilizado durante siglos.
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