Mientras se proyecta Gesa, estos grandes espacios culturales continúan cerrados

La Asistencia Palmesana, la Protectora, el Teatro Balear, el Catalina Valls, la Sala Augusta y el antiguo Centro de Sa Nostra acumulan años sin actividad mientras los proyectos para recuperarlos continúan encallados

El Bingo Teatro Balear se inauguró como espacio escénico en 1909.
08/07/2026
6 min

PalmaFueron escenarios de intensa actividad cultural y actualmente permanecen cerrados, sin utilizarse. Mientras se anuncian proyectos faraónicos como la transformación del edificio de Gesa en una gran infraestructura cultural, espacios como la Assistència Palmesana, la Protectora, el teatro Catalina Valls, el teatro Balear o el antiguo Centre de Sa Nostra, todos ellos, en Palma; la Sala Augusta, en Maó; y el Museo Arqueológico de Dalt Vila, entre otros, duermen el sueño de los justos, a la espera de la recuperación.

La Assistència Palmesana, en la plaza del Pes de la Palla, y la Protectora, en la calle de este mismo nombre de Ciutat, comparten origen: una entidad de protección y asistencia a sus socios, como el nombre indica, que operaba cuando no existían los servicios públicos regularizados con este propósito. En ambos casos, estas asociaciones ampliaron el ámbito de actuación a las vertientes culturales y, sobre todo, a las artes escénicas. Eran espacios para la socialización.

De las dos entidades con sede en Palma, la Assistència es la más veterana y la única que ha llegado hasta la actualidad. Se creó como entidad de socorros mutuos y recreativa en 1858. La sede disponía de cafetería, biblioteca y un teatro, con un aforo de 350 asientos, donde se hicieron representaciones escénicas y ópera, y se proyectó cine. Vivió una etapa de esplendor en los años 70 del siglo pasado con la compañía de este mismo nombre, encabezada por Antoni Zanoguera y Maruja Alfaro.

Hacia los años 90, la Assistència Palmesana pareció revivir, al servir de sede de la escuela de teatro Centre Dramàtic Di Marco y de cuartel general en el festival de Teresetes. No recuperó, en cambio, la exhibición de espectáculos. El censo de espacios escénicos publicado en 1989 por el Govern califica su disponibilidad de “mala”: sin duchas ni agua caliente para los actores, ni tampoco talleres, almacén, calefacción, ni refrigeración. Actualmente, la entidad creada en 1858 todavía existe, aunque no tiene actividad. La única zona con pleno rendimiento es el Cafè Es Pes de sa Palla, en la planta baja y con terraza, que gestiona la organización de atención a personas con discapacidad Esment.

La Asistencia Palmesana, en la plaza del Pes de la Palla.

Un buque insignia desaparecido

La Protectora se constituyó en 1869 como entidad mutualista y recreativa y llegó a tener una presencia muy importante en Palma, con más de 16.000 socios desde la fundación hasta 1944. En cuanto a las vertientes cultural y de ocio, se hicieron famosos los bailes. En el teatro, aún con más capacidad que el de la Asistencia, para unos 800 espectadores, se programaron piezas teatrales, óperas y conciertos.

La entidad perdió los objetivos fundacionales con la asunción de las prestaciones sociales por parte de la Administración, así que se disolvió en 1993. El teatro se transformó en sala de proyección cinematográfica, con el nombre de cine Jaime III, y después en gimnasio y sala de squash. Durante un tiempo continuó dando servicio la cafetería y restaurante, en los bajos del inmueble.

En 2020, el diario Última Hora hizo público que el Grupo Capuccino, con locales de restauración en Mallorca y en el exterior, se hacía cargo del edificio, para transformarlo en un local de uso comercial, derribando el interior y construyendo dos plantas. Para hacerlo realidad, era necesario que la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Palma modificase su uso, que era de carácter sociocultural, como así se hizo. Pero este proyecto no llegó a buen puerto: hacia 2022, el Grupo Capuccino vendió La Protectora a otra empresa, que es la actual propietaria.

La desaparecida Caixa de Balears, Sa Nostra, con una vertiente social y cultural esencial, convirtió un casal de la calle de la Concepción de Palma en su centro de cultura, como parte de una red con equipamientos que se extendían al resto de las Islas. Este espacio vivió una actividad incesante, con exposiciones, conferencias, conciertos, proyecciones y todo tipo de actividades, además de la publicación de una revista de cine, Temps moderns. Era uno de los buques insignia de la cultura en Mallorca, como también lo eran sus centros en Menorca y en Ibiza. Una parte de su programación, como las proyecciones regulares de películas no comerciales, no se ha recuperado nunca a escala de público en general.

Con la posterior fusión bancaria y la desaparición de la Caixa de Balears, el inmueble de la calle de la Concepción pasó a ser responsabilidad de la actual Caixabank. Entonces ya pertenecía a la empresa Atela Inversiones. Caixabank, según indica la entidad de ahorros, lo que hace es continuar abonando el alquiler correspondiente, hasta el plazo, fijado para 2030. No se han reanudado las actividades, porque eso requeriría la ejecución de las obras necesarias. La Fundación Sa Nostra, sin embargo, sí que continúa con actividad desde 2023 en su nueva sede de Can Tàpera, en la zona de Sant Agustí de Palma. Se imparten cursos de divulgación, conciertos y conferencias, y programas en materia de educación, acción social y medio ambiente.

Futuro de la Sala Augusta

Si la Asistencia y el Patronato hace decenios que se dejaron de usar como escenarios, pasa lo mismo con el que fuera el Teatro Balear, en la plaza del Rosselló en Palma, junto al mercado del Olivar. No se ha de confundir este espacio con otro prácticamente con la misma denominación, el Teatro Circo Balear, que existió hasta 1900 en el actual Huerto del Rey, hasta que los edificios existentes se derribaron para recuperar el espacio como zona verde.

El Bingo Teatro Balear, la denominación que se señala en la fachada, se inauguró como espacio escénico en 1909 y fue propiedad de Josep Tous Ferrer, empresario polifacético, al igual que el también desaparecido teatro Lírico, en aquella misma zona del Huerto del Rey. Su programación fue también muy variada: teatro en catalán y en castellano, compañías mallorquinas y del exterior y, después de la Guerra Civil, estrellas del panorama de la época como Mary Santpere, Juanita Reina, Lina Morgan y Sara Montiel. Una peculiaridad del Balear fueron las funciones de circo, que se hacían coincidiendo con las fiestas de Navidad.

Los teatros se transformaron en cines, y los cines, con la irrupción del vídeo doméstico, en espacios de juego: a principios de los años 80 pasó a ser una sala de bingo. Un nuevo proyecto fue su reconversión en el Gran Casino Teatro Balear, pero el Ayuntamiento de Palma denegó el permiso para las obras, y aquello fue a parar a los juzgados. Muy recientemente, en Navidad de 2025, Última Hora anunciaba la adquisición del inmueble para recuperar sus funciones escénicas, si bien como café-teatro.

El Teatro Municipal Catalina Valls, en el Paseo Mallorca de Palma, en los bajos del edificio Miquel dels Sants Oliver o palacio de la Prensa, está cerrado desde septiembre de 2022, cuando, señala Cort, se detectaron “deficiencias en el sistema antiincendios”. Se construyó en la primera mitad de los 60, como compensación al municipio por haber cedido el solar a la Asociación de la Prensa. Se usó como cine, hasta que, en los años 80, se sometió a reforma y se reinauguró en 1994, ya como teatro municipal. Entonces era la única sala de propiedad consistorial y se dedicaba, sobre todo, a las actuaciones de las compañías mallorquinas. Al añadirse dos espacios municipales más, cada uno fue bautizado con el nombre de una personalidad de la escena isleña: Catalina Valls, Xesc Forteza –en la Calatrava– y Maruja Alfaro, el Mar i Terra, en Santa Catalina.

El Ayuntamiento de Palma ha sacado a licitación, este mismo 2026, la propuesta de remodelación, con un presupuesto base de 199.901 euros y una duración de 31 meses, en tres fases: la redacción de un anteproyecto, la elaboración del proyecto básico y la licitación de las obras. Pero la concesión quedó desierta. Ahora, Cort prevé “reiniciar el proceso en el plazo de tiempo más breve posible”.

La Sala Augusta, en la calle Arraval de Maó, lleva sin actividad 23 años: desde el 2003. Data de 1947. Fue centro catequístico y cine hasta que lo adquirió el Ayuntamiento y lo reformó. Es un espacio relativamente pequeño, con capacidad para 230 espectadores, si bien, según el Censo de espacios escénicos, con el equipamiento necesario para actividades teatrales y musicales.

Hace 15 años –desde un concurso de ideas convocado en 2011– que se arrastra la proyectada transformación de la Sala Augusta en sede del Conservatorio de Música y Danza en Maó, que no tiene una propia. De momento, sin embargo, las clases se imparten en el claustro del Carme, que comparte con otras entidades culturales y educativas. En 2019 se hizo público el proyecto de ejecución, con un presupuesto de 7,9 millones de euros. Aunque el espacio es municipal, la enseñanza musical es una competencia del Gobierno.

Ahora bien, tal como publicó el ARA Balears, en 2022 la Conselleria d'Educació ya había abierto dos licitaciones, que quedaron desiertas. Finalmente, se descartaba que el Conservatorio se ubicara en este espacio, así que se ha abierto una nueva incógnita: cuál será el destino definitivo de la Sala Augusta.

Son espacios culturales, en su práctica totalidad, con un valor patrimonial significativo, cuyo pasado forma parte de la memoria de los isleños, que asistieron a espectáculos o a bailes, descubrieron artistas y compartieron experiencias. Algunas de las voces consultadas opinan que convendría plantearse devolverles la vida, antes de embarcarse en nuevas aventuras.

El Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera en los años 20.
El Museo Arqueológico de Dalt Vila, cerrado desde hace 16 años

Dieciséis años lleva cerrado, desde 2010, el buque insignia del espectacular patrimonio prehistórico y antiguo de las Pitiusas, la sede central del Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera, en Dalt Vila: lo que sería un escándalo en cualquier ciudad de la Península, aquí es una realidad constatable.Hace apenas unos días, el martes 23 de junio, en una visita a Madrid, el Gobierno volvió a poner sobre la mesa la situación de este museo. El Ejecutivo ha aceptado hacerse cargo de la restauración del edificio, pero fuentes de la Conselleria de Turismo y Cultura aseguran que “la falta de redacción del nuevo proyecto de obras por parte del Ministerio impide su reapertura”.Creado en 1907, el Museo depende de tres instituciones. El Ayuntamiento de Vila es propietario de los edificios: la antigua sede de la Universidad –la institución de autogobierno–, la capilla del Salvador y el baluarte de Santa Tecla. El museo es de propiedad estatal y la gestión, responsabilidad del Gobierno. El Consistorio ha pedido recuperar estos espacios. El Gobierno propone “una apertura provisional este mismo verano y una respuesta formal a la petición de recuperación del espacio solicitada por el Ayuntamiento”. En 2022, como publicó el ARA Balears, se anunciaba desde Madrid una inversión de 1.200.000 euros. Cuatro años después, no solo la sede de Dalt Vila continúa cerrada –con el paréntesis puntual de la exposición Cuando las paredes nos hablan–, sino que se ha añadido la necesidad de reformar la fachada de la segunda sede, en el Puig des Molins.

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