Jordi Bosch: Pasan los siglos y Shakespeare continúa tocando el alma de las personas
Actor
PalmaVenus y Adonis llega por primera vez a Mallorca, los días 13 y 14 de agosto, once años después del estreno, con Jordi Bosch, Emma Vilarasau y el violonchelista Lluís Claret, de la mano de la Fundació Mallorca Literària
“La grandeza de Shakespeare es que no depende de las modas ni de los momentos. Conecta de una manera tan profunda con la esencia del ser humano que trasciende el tiempo. Sus obras y los poemas aguantan porque no tienen caducidad. Es como si pusiera una pequeña lupa sobre el alma humana, y eso es lo más bonito de escucharlo”. El actor Jordi Bosch habla así del gran autor inglés, firmante de Venus y Adonis, el poema que interpreta junto a Emma Vilarasau, con el acompañamiento de la música “exquisita y extraordinaria” del violonchelista Lluís Claret, que interpretará fragmentos de Johann Sebastian Bach, François Couperin y Jean-Baptiste Barrière.
El espectáculo, que Bosch define como una “lectura dramatizada muy sencilla”, llega por primera vez a Mallorca, aunque se estrenó en el Festival de Poesia de Sant Cugat en el año 2015. Se podrá ver el 13 de agosto en el anfiteatro de los Jardins de Na Batlessa, en Artà, y el 14 de agosto en el jardín de la Casa Llorenç Villalonga, en Binissalem. El título forma parte de la programación del festival La Lluna en Vers, de la Fundació Mallorca Literària.
Si bien se estrenó hace once años, Bosch explica que retoman la pieza “cuando las agendas coinciden”: “Es un material que queda en reposo y que recuperamos cuando nos apetece y las agendas nos lo permiten. Lluís pasa medio año entre Boston y Tokio. Cuando coinciden los calendarios, aprovechamos para volverla a hacer porque es una pieza que nos gusta, nos conmueve y también conmueve al público”.
La historia
Venus y Adonis fue la obra que más éxito tuvo de Shakespeare mientras el autor vivía. Escrita en un momento en que los teatros de Londres estaban cerrados a causa de las epidemias de peste, se publicó por primera vez en 1593, cuando Shakespeare tenía 29 años, y dio a conocer al dramaturgo como poeta. El argumento se inspira en varios pasajes de las Metamorfosis de Ovidio. Explica la historia de Venus, diosa del amor, que se enamora del bellísimo Adonis. Él, sin embargo, la rechaza, no muestra mucho interés en las propuestas que le hace Venus, que lo persigue con la voluntad de convencerlo, pero no hay manera de conseguirlo. Adonis solo está interesado en la caza. “Y después la historia acaba como acaba, pero no quiero hacer espóileres. Lo más bonito es todo el camino que hacen los personajes”, apunta el actor.
Para Bosch, lo más bello de representar este poema es, sencillamente, poder decirlo. “Ponerte al servicio del gran Shakespeare siempre apetece. El público escucha una historia preciosa que te hace pasar por lugares muy diferentes. Shakespeare va mucho más allá de la narración concreta, porque habla de cosas universales. El poema fue un auténtico best-seller en su momento y hoy continúa emocionando a la gente porque trata la esencia humana, algo que sobrevive a cualquier moda y a cualquier época. Pasan los siglos y continúa tocando el alma de las personas”.
Decir poesía, explica Bosch, “tiene sus propias reglas, su código y su manera de hacer”. Enfrentarse a materiales diferentes “tiene su dificultad y exige una manera diferente de trabajar”. Y la alta poesía, como la de Shakespeare, es “exigente”, pero al mismo tiempo muy agradecida: “La poesía tiene una fuerza muy especial porque nos hace salir del lenguaje cotidiano. No es una cuestión de elevarse ni de hacerse el intelectual; simplemente habla de otra manera. Usa imágenes que no utilizamos en la conversación diaria y, precisamente por eso, llega muy directamente al alma. Toca una puertita interior que te hace pensar: “Esto yo ya lo había sentido o pensado, pero no sabía expresarlo así”.
Esta función también es especial porque, después de haberla representado durante más de una década, los intérpretes se han hecho el texto muy suyo. “A medida que dices las palabras, acaban formando parte de ti. Esto te ayuda como intérprete y hace que lo que llega al oído de quien escucha sea mucho más vivo y cercano”. Además, se añade la confianza, la complicidad y el afecto que hay entre Bosch, Vilarasau y Claret. “Esto se nota mucho de cara al espectador. Cuando hay esta complicidad, se abren todas las puertas. La atmósfera crece, los tres sumamos y al público le llega un material muy bonito”, reflexiona Bosch.
Según el actor, este espectáculo “durará muchos años más” porque “no caduca” y porque es una propuesta “muy simple: la palabra está siempre en primer término”. Y también porque hacer Shakespeare siempre te deja “con ganas de más”. “Pasa con muy pocos autores que, después de trabajarlos, lo que te apetezca sea volver una y otra vez”.