Cómo era Jaume Miranda, según su hermana: "De pequeño leía con un paño de cocina sobre la cabeza"

Su hermana, Cristina Miranda, nos explica los secretos mejor guardados de su infancia

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Jaume Miranda y su hermana Cristina
25/10/2026 - 17:09 h

PalmaDe niño sufrió una fuerte obsesión por los animales y todo el mundo pensaba que acabaría de veterinario; coleccionaba libros de animales. Pasó la adolescencia cantando a Amy Winehouse y bailando a Madonna y Cher. También se fascinó por Marilyn Monroe: “Era un cliché hecho persona. Estaba muy obsesionado con Marilyn: tenía fotografías y pósteres de ella en la habitación”. Habla Cristina, que todavía se ríe cuando lo explica. Es la hermana de Jaume Miranda (Palma, 1993), comunicador y creador de contenido en las redes sociales.

En su casa, leer un rato después de cenar era una costumbre. Cristina, que es cinco años mayor que Jaume, recuerda que él aprovechaba aquel momento para adentrarse en su afición de turno: “Hacía una cosa muy rara: cuando leía, se ponía un trapo de cocina sobre la cabeza, como si así se pudiera concentrar mejor”.

Los seguidores de Jaume están acostumbrados a ver un personaje risueño, divertido, irónico y extravagante que habla con alegría de cultura pop y de sus referentes. No es tanto así como lo presenta Cristina: “Somos como la noche y el día. Yo soy explosiva, abierta y activa. Él, a pesar de cómo sale en las redes, necesita más tiempo con la gente para encontrar un espacio de confianza. De pequeño era más bien tímido”. Igualmente, la hermana destaca que Jaume ha tenido “muy buenas amistades”. Los hermanos fueron a la escuela Mata de Jonc, y allí “desde los tres años hasta cuarto de ESO vas con la misma gente”, porque es una escuela pequeña. “Sus amigas todavía son de la escuela, y se han añadido algunas amistades de Barcelona, que es donde vive”.

La ciudad es el lugar donde se siente más vivo este palmesano instalado en la capital catalana. Por eso, le hacía muy poca gracia veranear en Portocolom con la familia cuando era más joven: “Recuerdo que cualquier día magnífico de verano que todo el mundo salía a dar vueltas y corretear por fuera, Jaume se ponía películas en blanco y negro y se quedaba en el sofá. ¡Es de ciudad, ciudad!”, comenta Cristina.

La curiosidad por el cine le viene de su padre y su madre, que eran muy cinéfilos. Jaume empezó a interesarse por las películas desde muy pequeño. “De niño hacía cortometrajes. Sobre todo con una prima. A veces, yo también hacía de actriz. Él grababa y hacía los montajes con PowerPoint. Nos disfrazábamos, cosa que a él también le ha gustado mucho siempre, y lo preparábamos todo. Era muy de show”, relata Cristina, que recuerda cómo los sábados, después de las comidas familiares, Jaume y la prima animaban la sobremesa con algún espectáculo. No es extraño, pues, que Jaume se apuntara a teatro de adolescente. “Lo hacía muy bien, y en casa pensábamos que acabaría en el Instituto del Teatro”. Finalmente, a la hora de elegir carrera, optó por estudiar cine en la ESCAC.

La cultura pop que tanto le identifica también se alimentó de la televisión, en un universo muy diferente al de su padre, “que es músico de jazz”, precisa la hermana. Ahora bien, Cristina tiene clarísimo cuándo empezó a alimentarse este gusanillo por la prensa del corazón: “Los viernes íbamos a dormir a casa de la abuela. ¡Allí sí que consumíamos programas del corazón! Seguramente no eran muy adecuados, pero acabaron dejando huella en el imaginario pop de Jaume”.

Jaume y Cristina todavía son como el día y la noche. De pequeños tenían más “guerras”, sobre todo “en los viajes familiares”, pero con la edad todo encuentra su lugar. “Como hermano, es un diez. Es verdad que tiene una cierta tendencia al síndrome del impostor: se infravalora un poco”. Tenerlo cerca es garantía de pasar un buen rato: tiene la capacidad de hacer sentir cómodo a todo el mundo, es “un gran amigo”, asegura. Ahora bien, Cristina, que tiene un centro de deportes, tiene un reto: “Todavía no he podido convencerle nunca para que venga a hacer cuatro pesas”.

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