El animal exótico que revolucionó el teatro mallorquín

Este sábado la compañía teatral celebra 40 años con la presentación de un libro y un documental sobre su historia

Primera formación de La Iguana, caracterizada por Polypus malignus.
30/05/2026
5 min

PalmaEra la primera mitad de los años ochenta. Eran jóvenes, muy jóvenes, y todo parecía posible. Bueno, todo... menos ganarse la vida en Mallorca haciendo teatro. Pero eso también lo consiguieron. Iguana Teatre, una formación que ha sido clave para la escena mallorquina, hizo su presentación en noviembre de 1985, con una fiesta en el taller en Palma del pintor Horacio Sapere. De eso se cumplen, ahora, cuarenta años. Para celebrarlo, este sábado presentan un libro y un documental sobre su historia.

Todo comenzó solo un año antes, en 1984, con el Centre d’Experimentació Teatral (CET), en el Aula de Teatre de la Universitat de les Illes Balears dirigida por Pere Noguera. El vestíbulo de una facultad se convirtió en un escenario por el que campaban a placer un conjunto de extraños personajes inspirados en el universo de Samuel Beckett. Aquello fue Tot esperant... El siguiente espectáculo, El teatre obligatori –después Cabaret obligatori–, sobre textos de Karl Valentin, accedió al entonces conocido en Palma como ‘Prefestival de teatre’: un espacio para las compañías isleñas, como complemento de aquel festival internacional con grandes nombres de la escena mundial. Causó sensación el fragmento en el que un jovencísimo Joan Carles Bellviure abogaba –como decía el título– por declarar el teatro de asistencia obligatoria, con una caracterización que recordaba poderosamente al entonces vicepresidente del gobierno estatal Alfonso Guerra.

Como recuerda ahora Carles Molinet, uno de los fundadores de Iguana, fue entonces cuando un pequeño grupo de entre la quincena aproximada de personas que integraban el CET se plantearon ir más allá: formar un equipo más reducido, con una estructura estable. Necesitaban un nombre, un texto para poner en escena y una furgoneta, para las funciones para las que fueran contratados.

Mezclaron un montón de posibles nombres hasta que los finalistas, por decirlo así, quedaron reducidos a tres: Okapi, que hacía pensar en un animal infrecuente, en peligro de extinción; La Podrida, ya que aquello de ‘La...’ se usaba a menudo entonces en el ámbito escénico, y resultaba transgresor; y el que quedó: La Iguana, después Iguana Teatre. Por supuesto que tuvieron en mente la pieza clásica de Tennessee Williams, La noche de la iguana. Pero aquí se trataba más bien del animal en sí, un poco repulsivo, si quieren, y con púas: no muy acogedor. Era un buen símbolo porque, como explica Molinet, “no queríamos hacer un teatro amable”, para complacientes.

Algunos de los primeros integrantes, con la furgoneta de la compañía.

De la discoteca a ‘Noche de fuego’

El núcleo fundador lo integraron los actores y actrices Joan Carles Bellviure, Rafel Vives, Bàrbara Quetglas, Antoni Picó, Carles Molinet y Bàrbara Serra; el técnico Gabriel González del Valle, el escenógrafo y figurinista Jaume Llabrés, y el director Pere Fullana. Se debía hacer una presentación como correspondía, y el artista Horacio Sapere –quien diseñó el primer cartel del grupo– aportó su estudio, en la zona de Monti-sion, en el núcleo histórico de Ciutat. Así nació La Iguana en noviembre de 1985, ahora hace cuarenta años.

La pieza elegida para la primera salida al mundo fue Polypus malignus, de Jordi Begueria. Una pieza ambientada en un hospital de campaña en la I Guerra Mundial, entre el absurdo, la ciencia ficción y el antibelicismo. Los de un bando eran rubios; los del otro, morenos. Pero el médico moreno –Molinet– lucía un mechón blanco en los cabellos, signo de su ambigüedad. Se debía estrenar aquel mismo 1985 en el teatro Principal de Palma, pero no se presentó al público hasta abril de 1986.

Entonces, eso de vivir del teatro en Mallorca era soñar imposibles. Como lo era que existiera una orquesta profesional –pero esta se creó poco después, en 1988. Solo Xesc Forteza podía hacerlo, ni tan solo los miembros de su compañía. Pero el Ministerio de Cultura, que entonces, con las autonomías aún en sus comienzos, llevaba la batuta de las ayudas públicas, exigía que las compañías que las recibieran estuvieran constituidas como empresas. Iguana lo hizo con la fórmula de cooperativa de sus miembros.

Por esa misma época, los Iguana recibieron un encargo que a un mismo tiempo les suponía ingresar dinero y entrenarse en otro vessant escènic: crear una sucesión de espectáculos para una discoteca al aire libre en el Levante mallorquí. Con aquella experiencia y retomando la tradición festiva de los dimonis mallorquines nació, en 1988, Nit de foc: un espectáculo participativo y probablemente el de más afluencia de público de la historia de la compañía, dada la masiva asistencia de espectadores a cada una de sus 132 funciones –hasta el año 2003–; no sólo en las Baleares, sino también en Galicia, en La Rioja y en Portugal.

Pronto La Iguana dio buena prueba de su versatilidad, al abordar espectáculos de líneas bien diversas. Por un lado, los clásicos: comenzando por un excelente Casament per força, de Molière, en 1987 y continuando con otros textos de Labiche, Dostoievski, Büchner, Musset y Wilde, entre otros. Por otro, la recuperación de la memoria mallorquina, fuera esta las Rondaies, los entremeses o los viejos cafés. Y por otro, nuevas creaciones, como Myotragus (1989), inspirado en la prehistoria isleña y estrenado en la plaza de la catedral de Oviedo, o La meitat de res (1994), que reflejaba la preocupación de entonces por el conflicto en los Balcanes.

La decisiva estancia en la escuela Lecoq

El grupo se fue transformando. Dejaron la compañía Bàrbara Quetglas y Rafel Vives al ser ‘fichados’ por La Fura dels Baus. Y se incorporaron la actriz Aina Salom, desde entonces uno de los referentes de Iguana, y el técnico Antoni Gómez. En 1992 se sumó al colectivo el escenógrafo Jordi Banal. A estas alturas, y después de cuatro decenios, ha pasado por sus espectáculos el ‘quién es quién’ de la escena mallorquina: entre muchos nombres, la tan añorada Maruja Alfaro, Caterina Alorda, el cofundador de Diabéticas Aceleradas Joan Bauçà, Aina Cortés, Antoni Gomila, Nies Jaume, Rafel Ramis, Salvador Oliva, Miquel Àngel Torrens, Xim Vidal... Y, en otras vertientes, el escritor Gabriel Galmés, los filólogos Josep A. Grimalt y Carme Planells, los artistas plásticos Ferran Aguiló, Susy Gómez y Tatúm, y los músicos Antoni Caimari y Víctor Uris, entre otros.

, primera coproducción del mítico Teatre Lliure de Barcelona con una compañía de las Islas; Twist & Txhèkov (1995), a partir de historias del escritor ruso.

En 1996, Iguana Teatre acometió –palabras mayores– su primer Shakespeare: Medida por medida. En 2002 fue el turno de Macbeth. Y aquí ‘la tragedia escocesa’ dio otra prueba –una más– de la malastruganza que la ha perseguido a lo largo de siglos. Diez días antes de la fecha prevista para el estreno, uno de los actores, Miquel Ruiz, cayó enfermo, con cuarenta grados de fiebre. Aún más cerca del debut, fue el turno del mismo Molinet. Se tuvo que suspender toda la primera semana de representaciones. Aunque después fue todo un éxito: en el festival de Alcántara (Extremadura) la aplaudieron 1.800 espectadores.

Carles Molinet reconoce que Nit de foc es uno de los títulos de referencia de esta compañía que ya ha duplicado la máxima esperanza de vida del animal del cual ha tomado el nombre. Pero también destaca Mar de fons, primera coproducción del mítico Teatre Lliure de Barcelona con una compañía de las Islas; La mort de Vassili Karkov, otra prueba del gusto de la compañía por la literatura rusa; o, por supuesto, Twist & Txékhov, con un lenguaje insólito en su momento en la escena mallorquina. Son solo algunos de los cincuenta espectáculos –se dice pronto– que esta formación ha generado en los cuarenta años de trayectoria que ahora cumple.

Información elaborada a partir de los libros publicados por Iguana Teatre con motivo de sus vigésimo, vigésimo quinto y trigésimo quinto aniversario y textos de Javier Matesanz, Antoni Nadal, Sònia Capella Soler, Jaume Marcé Recasens y Francesc Perelló Felani.

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