Así era y no era...

Cómo era Carles Rebassa, según su maestra: “No buscaba pelea, pero si la había, la encontraba”

Bárbara Terrassa, maestra del escritor, nos explica los secretos mejor guardados de su infancia

El escritor, Carles Rebassa
17/05/2026
3 min

PalmaLa maestra, que era fumadora, dejó a los alumnos de su clase de 4º de Primaria solos un momento porque tenía que bajar a hablar con dirección. Encima de la mesa dejó una cámara de vídeo, que había utilizado en el viaje de estudios del cual habían vuelto hacía pocas horas. Al volver a entrar en el aula, se encontró a los alumnos grabándose entre ellos, imitando a los maestros. “A mí me imitaban fumando y con una mano dentro del bolsillo trasero de los pantalones”. Había uno, de alumno, que llevaba la batuta en todas las travesuras, un líder adorable que se hacía querer por donde pasaba. Hoy, es un novelista y poeta reconocido. A ella no le extraña, que haya llegado a donde ha llegado. Hablamos de Carles Rabassa (Palma, 1977) con quien fue su maestra, Bàrbara Terrassa.

 Se conocieron cuando Carles tenía justo diez años. Hacía cuarto de EGB en la escuela de Prácticas Anexa de Palma: “Yo les daba Catalán, Matemáticas y Ciencias Naturales; en aquella época los profesores hacíamos un poco de todo”. Cuenta que Carles era entonces físicamente más pequeño y bajito que los demás, y tenía una “cara angelical”. Pero no solo era la cara: la presencia de aquel chiquitín ya era especial cuando tenía justo diez años. “Era un niño muy dulce, muy amoroso. Daba ternura. Además, era muy espabilado en clase, sobre todo en la asignatura de Catalán. Pero recuerdo que hacía preguntas también en Matemáticas y en Ciencias Naturales”. Era un niño con una curiosidad infinita, siempre quería saber más cosas. De hecho, era tan participativo que alguna vez le tenían que decir: “Carles, ¡deja hablar a los demás!”.

Carles habló de Bàrbara el año 2017 en un texto titulado ‘Llegir fa tornar grans’, publicado en la revista digital Catorze. Explicaba lo mismo que cuenta hoy la maestra: “Les daba catalán los viernes de 16 h a 17 h, después de una clase de Educación Física. Llegaban hiperactivos, tenían diez años… ¡Aquello era una tortura para una maestra! Así que decidí que la última media hora de clase les leería El zoo d’en Pitus”. Bàrbara recuerda, todavía con cierta sorpresa, cómo todos los alumnos estaban intrigados con la historia, especialmente Carles: “No podía esperar a que llegara el viernes siguiente para saber qué pasaba. Con todas las cosas de su entorno era curioso, intrépido”.

También recuerda que, ya a la corta edad de diez años, era una persona “muy crítica” y, al mismo tiempo, “con sentido de la justicia”: “Expresaba las cosas que le gustaban y daba la opinión cada vez que podía, de una manera natural y educada”. Bárbara piensa que en su casa lo debieron estimular mucho, porque era un niño a quien “le encantaba aprender”. Las cosas le gustaban claras: si había una norma y alguien no la cumplía, preguntaba por qué. A todos los maestros les hacía mucha gracia y le tenían mucho afecto, cuenta. Asimismo, dice con claridad que tampoco “era ningún santo…”: “Era un líder en el aula, muy querido por sus compañeros. No buscaba pelea, pero si la había, la encontraba. Era travieso y conducía el espectáculo”.

Después, Carles fue al instituto. No fue hasta que llegó a la Universitat de les Illes Balears que se reencontró con Bárbara a través de un amigo común: el profesor Antoni Artigues: “Como los dos éramos amigos de Antoni, alguna vez nos encontrábamos por el bar, y hacíamos la charla. Para mí fue muy entrañable reencontrar a Carles como persona adulta”. Pensó que se había salido muy bien. “Realmente, creo que Carles ha conseguido hacer lo que quería hacer. Ha sido muy leal y fiel a aquello que pensaba que sería su vida, y es una persona con muchos principios. No me extrañó que triunfara de esta manera; ya de pequeño le veías una estela, un aura, y pensabas: Este chico conseguirá lo que él quiera”.

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