Bover, caracol, viuda o bocamolla, todos van dentro de la olla

Como dice el refrán, “quien come caracoles por San Marcos, goza de buena salud de balde” y es que es costumbre comerlos este día. Más allá del vocablo genérico, de caracoles los hay de muchas variedades y cada una tiene un nombre

Una mirada de caracoles, uno de los platos tradicionales de las Islas Baleares
25/04/2026
4 min

PalmaEl 25 de abril es San Marcos, una de las festividades más preciadas por los amantes de la ingesta de moluscos gasterópodos, conocidos generalmente como caracoles. Como dice el refrán popular, “quien come caracoles por San Marcos, goza de buena salud gratis” y es que es costumbre comerlos este día. Hay quienes dicen que comer caracoles por San Marcos evita ser tocado, es decir, enfermar de alguna u otra manera. Mi bisabuela se comía uno crudo cada año y bien le fue, hasta los 93 años. En mi pueblo no se hacen caracoladas por San Marcos, sino que son típicas de la Cruz, día 3 de mayo, un poquito más adelante. Este día es fiesta mayor en el barrio de Camarata y todos los selváticos que allí tienen al menos una pata bajan a comer caracoles con la familia y los amigos.

El vocablo genérico, ‘caracol’, que convive con la forma ‘cargol’ en el Principado de Cataluña, tiene un origen incierto. El nombre de este pequeño animal llevó al lingüista Joan Coromines a verter cinco páginas de tinta del Diccionario etimológico y complementario de la lengua catalana (DECat). Según el lingüista, esta palabra puede tener un origen en las lenguas prerromanas del antiguo sustrato europeo, de donde han surgido las formas románicas como el ‘caragol’ catalán, occitano y aragonés, el ‘caracol’ castellano, portugués y gallego, y el ‘escargot’ francés; pero también el ‘kriaukle’ lituano y el ‘kharábolas’ griego. Así, el vocablo tendría el origen en una raíz expresiva ‘kakar’ que haría referencia a la concha del animal. La palabra se habría desarrollado en el catalán y el occitano y, después, se habría adoptado por el resto de lenguas, como señala la terminación ‘-ol’ sin diptongación.

Especies y variedades

Pero, a pesar de este interesante vocablo genérico, tenemos diversos nombres que nos permiten diferenciar los caracoles en especies y variedades. Uno de los más conocidos es el del caracol bovero, que es más grande y con la carne de color oscuro. Esta especie (Helix aspersa) parece tomar el nombre del sustantivo ‘buey’, acaso porque recuerda al mamífero, por color, tamaño y cuernos. Junto a los boveros, tenemos las caracolas, más menudas y con la concha blanquecina, un nombre que suele referirse a la Otala punctata. Otra especie, apreciada por su tamaño, es el Iberellus balearicus, una raza endémica de caracol que conocemos como caracol de serpiente, por la semejanza entre los colores de la hélice de la concha con los de la serpiente de garriga balear. Este caracol se da por la zona de la sierra de Tramuntana y, aunque la recolección general de caracoles está prohibida, se puede encontrar en algunas granjas. Parecida a las caracolas, pero con la boca de color oscuro, encontramos la viuda o caracol moro (Helix lactea). Cuando los caracoles, generalmente las caracolas, no terminan de tener la boca bien formada, o al menos al tacto no lo parece, los llamamos bocamolla, más frágiles que el resto. También cuando el verano se acerca es frecuente comer caracolinos, diferentes especies del género Helix, que son más menudos que el resto y se suelen coger en la seca, es decir, cuando por falta de agua se encuentran pegados a los muros, paredes y troncos de los árboles y presentan una telilla en la boca.

Todo esto sin salir de Mallorca. Si miramos hacia el continente, encontramos otros nombres curiosos de caracoles. Hace poco un amigo del Catllar me hablaba de las carregines, un tipo de caracolillo que da nombre al Pseudotachea splendida, caracterizado por la blancura y la hélice finamente dibujada, y bastante parecido al caracol avellanado o judío (Theba pisana y Cernuella virgata). Exclusivo de la Península, principalmente en las Tierras del Ebro y al norte del País Valenciano, es el caracol vaqueta, también conocido como xoneta, xona o regineta (Iberus gualtieranus alonensis), cotizado por su carne y el tamaño generoso. También es común el caracol listado, una especie vistosa y de concha fina, de color amarillento, marronáceo o verdoso, que da nombre a la especie Cepaea nemoralis.

Sabiduría popular

Los caracoles no son curiosos solamente por los nombres que pueden recibir, que no son pocos, sino que también están presentes en la sabiduría popular de nuestro pueblo. Tiempo atrás, los caracoles se iban a buscar al atardecer, con luz de butano y cuando había llovido. Es un alimento que, para ser servido, se ha de cocinar en grandes cantidades, porque un puñado de caracoles no basta para satisfacer un estómago. El poco valor asociado a los caracoles nos ha dado la expresión ‘no valer un caracol’, que quiere decir no valer nada, ser inútil. Como los caracoles salen cuando llueve poco o al haber llovido, podemos hablar de la ‘brusquina de caracoles’, que es cuando llueve muy fino, similar a la ‘cama de araña’. Si no llueve o el ambiente es seco, es difícil encontrar caracoles; es por eso que la expresión ‘buscar caracoles sin rueda’ hace referencia a intentar cosas que son imposibles. Es por eso que ‘el caracol sale cuando llueve, y el hombre cuando hace sol’. También cuando hay mucho lío y desorden, decimos que es o parece ‘una olla de caracoles’, y si una cosa está enredada o se juntan cosas que no vienen a cuento decimos ‘mezclar huevos con caracoles’.

Y si los caracoles se caracterizan por una cualidad es por la lentitud. Probablemente, hemos oído decir a algún amigo o conocido que no destaca por su rapidez o velocidad que ‘necesita más tiempo que un caracol para ir a Lluc’, y es que si el caracol parte de lejos, Dios sabe cuándo llegará. Y cuando estamos de celebración, cuando hacemos una buena fiesta de caracoles, los caracoles suelen acompañarse de un buen alioli y pan, pero también de vino. De aquí el dicho ‘los caracoles y los peces, nacen con agua y mueren con vino’. Como dicen en nuestra casa, si no bebes vino o comes pan con los caracoles, se aferran a los intestinos. Sea como sea, de un animal común somos capaces de hacer un plato exquisito y una buena fiesta. Y justo de un animalito, un filólogo es capaz de hablar toda una tarde.

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