Cómo era Albert Pinya, según su amigo: “Era un líder natural: te atrapaba, querías estar a su lado”
Francesc Becerra, amigo del artista nos explica los secretos mejor guardados de su infancia
PalmaEl protagonista de hoy tiene un magnetismo y una personalidad que dificultan su aproximación. Tan pronto se acerca a las personas como se aleja de ellas, tan pronto te deslumbra y te enamora como te carga. Nos hablará un amigo de toda la vida, de aquellos con quienes empiezas a relacionarte dando cuatro patadas en el patio de la escuela cuando despuntan los primeros rayos del sol adolescente: de aquellos que te conocen tanto que tienen, incluso, un poco de miedo de hablar de ti. El protagonista es el artista Albert Pinya (Palma, 1985), y a su historia más desconocida nos acerca Francesc Becerra, con quien se conocen desde parvulario: “Entonces Albert ya era una persona muy simpática, aunque también tenía un punto introvertido”. Las contradicciones nos acompañan durante todas estas líneas.
Al decir su nombre, aparece en los pensamientos, justo en medio de la frente, el artista de cabello oscuro, rizado y caótico, con barba y gafas de sol. Pero hubo un momento en que Albert Pinya aún no pintaba: “Durante aquellos años, entre los 14 y 16, no tengo recuerdo de verlo dibujar o pintar. Era una persona muy abierta y extrovertida, pero no mostraba todavía, al menos de manera evidente, una inclinación artística”, apunta Francesc, que hace un matiz: “Sí que le gustaba mucho la poesía”. Y aún dice más: “En el fondo, creo que le habría gustado ser poeta. Cuando cumplí los dieciocho años me regaló un poema y aún lo guardo”.
Este impulso, dice, llegó sobre los diecisiete años, cuando se fue a Valencia a acabar los estudios de Bachillerato. Allí comenzó a despertar su vertiente artística e inició el camino hacia Bellas Artes en Barcelona. En un momento dado, Albert decidió dejar la carrera y volver a Palma: “Se convirtió en un artista autodidacta, empezó a experimentar y a buscar el propio lenguaje”.
De hecho, Francesc dice que algunos de los mejores momentos que ha vivido con él han sido pintando en plena naturaleza. Cogían los pinceles y se plantaban en la costa de Maioris, o bien en las fuentes Ufanes si habían brotado: “Él llevaba su material y se ponía a pintar. A veces pintaba desnudo, o bien ponía el lienzo debajo del agua para ver qué efecto hacía. Experimentar, probar cosas nuevas y jugar siempre le han motivado”.
El hecho de dejar la carrera y volver a Mallorca explica bastante la manera de ser de Albert: una persona a la que no le gustan las normas ni las formas establecidas. En palabras de su amigo: “Lo que le interesa es descubrir nuevas maneras de hacer las cosas”. De joven ya tenía un “carácter disruptivo, con ímpetu, fuerza y mucha personalidad”. Era un líder natural: “Su energía te atrapaba, querías estar a su lado. Era, y aún ahora, magnético, arrollador”. Este carácter, que también presume de una sensibilidad desbordada, lo convierte en una persona intensa: “Te deslumbra y te enamora, pero al mismo tiempo puede llegar a asfixiar. Tiene una dualidad muy marcada: es introvertido pero también extrovertido, tímido pero capaz de tirar adelante sin miedo. Creo que es consciente de esta manera de ser y, en cierta manera, juega con ella”, asume el amigo de infancia.
Albert es el pequeño de tres hermanos, y toda la vida ha sido una persona muy familiar. La muerte de su padre le marcó mucho porque estaban muy unidos: “¡Siempre miraban el Barça juntos!”, recuerda Francesc. También está muy unido a su madre. Como curiosidades, Francesc dice que Albert es “una persona muy enamoradiza y con un cierto gusto, sobre todo de joven, por los programas como Salsa Rosa. Cuando la energía era inagotable, hacían el tour de las verbenas de Mallorca, especialmente las “revival” que hacía el DJ Andreu Lladó. Quién sabe si es desde estas tardes, llenas de confeti de colores en las plazas de los pueblos, que Albert Pinya tiene la inspiración idónea para hacer algunas sesiones como pinchadiscos con un nombre artístico que casi se puede comer: El (nuevo) duque de la ensaimada. ¡Que aproveche!