Las cerveceras artesanas de Baleares, al límite: “Cada día es una lucha por no cerrar”
El sector denuncia la caída del consumo, el exceso de trabas administrativas y la pérdida de marcas históricas
PalmaEl sector de la cerveza artesana en las Islas Baleares atraviesa uno de los momentos más delicados después de años de trabajo y de la época de expansión que hace una década disparó las ventas y el sector. Lejos de la imagen de expansión que caracterizó en los años previos a la pandemia, los pequeños productores y elaboradores aseguran que viven una caída continuada del consumo y que luchan contra una normativa cada vez más pesada y restrictiva. Denuncian que esta crisis ha provocado la desaparición de muchas marcas históricas y una asfixia continua para las que quedan vivas. "No nos hemos recuperado de lo que teníamos antes del cóvido, ni mucho menos", advierte Miquel Amorós, fundador y propietario de Mallorca Beer Co, una empresa que actualmente produce en un lugar emblemático del que fue otra industria: Menestralia, en Campanet. Sin embargo, el cervecero asegura que actualmente "cada día es una lucha por no cerrar".
El primer duro golpe para el sector llegó con la pandemia, pero los efectos todavía están bien presentes. "En España ha caído el consumo de cerveza de forma notable, y eso nos afecta a todos", explica Amorós. A este descenso generalizado se suma un cambio de hábitos que penaliza especialmente a las pequeñas cerveceras: "La gente ahora compra más cerveza en el supermercado que en los bares y restaurantes, y nosotros vivimos básicamente del canal de restauración".
De la veintena a la décima
Hoy, en Baleares sólo quedan una decena de proyectos artesanos en activo. En Mallorca operan Sullerica (Sóller), Mallorca Beer Co (Campanet), Sa Cerviseria (Cala Rajada), Brusca (Manacor), Breaking Caldo (Palma), Balear 1983 (Binissalem), Forastera (Alaró), Island Brew (Portocolom) y La Velo (Palma) en San Clemente.
La lista de marcas que han desaparecido en los últimos años es larga e ilustrativa de la magnitud de la crisis: Isla, Tramuntana, Cas Cerveser, Sa Bona Birra, Des Pla, Mayurqa, Ibosim, Talaiótika, Banyarriquer, Mundo, Nau, Lagartija, Adalt, Lowther, Borrego. Muchas de éstas son marcas históricas que marcaron el inicio y la creación de este sector y fueron referentes para la gran mayoría de nuevas marcas y empresas que han aparecido en los últimos años.
"Parece que quieren que cerramos"
Una de las principales quejas del sector es la relación con la administración. Amorós denuncia una sensación de acoso burocrático permanente: "Todo son problemas y trabas que las pequeñas y medianas empresas no podemos asumir o nos cuesta muchísimo". En este sentido, asegura que no es un problema que sufran sólo los productores de cerveza artesana, sino que es un conflicto compartido con todos los isleños que forman parte del tejido del sector primario. Además, critica la inestabilidad normativa: "Cada dos por tres nos cambian la normativa, y lo que para ellos es un pequeño cambio, para nosotros supone un gran esfuerzo económico y muchas horas de trabajo".
La falta de acompañamiento institucional es otra losa. "No tenemos a nadie que nos ayude ni que nos comunique los cambios. Los tenemos que encontrar nosotros en el BOE, y si no los encontramos nos ponen sanciones. Nos multan por todo", lamenta.
Esta situación se ha hecho evidente con la cuestión del reconocimiento como producto artesano. Aunque ahora la ley ya los reconoce como tales, Amorós explica que han llegado a ser multados por definirse como producto artesanal sin el permiso administrativo previo: "Aun siendo un producto 100% artesano nos han multado por anunciar que lo éramos".
Un producto local... que no es local
Otro frente abierto es la carencia de reconocimiento como producto local. "Ahora mismo estamos en un limbo: para la Administración somos tan locales como Estrella Damm", denuncia Amorós. El sector intenta avanzar hacia el uso de malta elaborada con cebada de las Islas, pero la carencia de una industria propia lo dificulta enormemente. "Necesitamos ser considerados producto local", reivindica.
En este sentido, asegura que la normativa no tiene en cuenta la casuística de cada sector y que, en su caso, a pesar de realizar toda la elaboración aquí y con casi todos los productos de la tierra, no pueden ser considerados producto local porque la malta es importada. "Si no hay mercado, ni industria, ni producción de malta en Baleares ya no podemos ser producto local, es una lástima y una traba más que hunde al sector", sentencia el fundador y propietario de Mallorca Beer Co.
El resultado, según el cervecero, es una paradoja perversa: "Se está dejando morir el producto de aquí y al final se acaba importando todo. Cada día es una lucha por seguir vivos; es como un maratón en el que parece que corremos y nunca llegamos a la meta".
Cerveza de 'chup-chup'
Pese al contexto adverso, los pequeños elaboradores defienden el valor diferencial de su cerveza. "Nuestro producto es bueno, local y artesano, por este orden. Por mucho que sea local y artesano, si el producto no es bueno, no vale la pena. Lo cierto es que el producto, una vez en el mercado, tiene muy buena acogida", afirma Amorós. En este sentido, el fundador de Mallorca Beer Co contrapone su trabajo con la lógica industrial: "Nosotros hacemos cervezas de chup-chup, como la cocina tradicional isleña que está desapareciendo. Un producto hecho con calma, que respeta los tiempos, cuida a cada paso y busca la calidad y no la cantidad. Las grandes marcas hacen más bien fast food, buscan hacer más producción para tener la mayor cantidad de productos posible", sentencia Amorós.
Así, la producción de la cerveza artesana es más lenta, más cuidada y sin mirar tanto al coste de los ingredientes. Además, es un producto exclusivo de Baleares: "Nuestras cervezas sólo se pueden beber aquí".
Dependencia del bar... y del tipo de turista
El gran aliado –ya la vez el gran filtro– sigue siendo el restaurador. "Nuestro cliente es el dueño del bar. Si apuesta por una de nuestras cervezas, siempre se vende, tanto a los isleños como a los turistas", asegura Amorós. Curiosamente, los meses no son los de máxima afluencia turística. Las ventas suben en mayo, junio, septiembre y octubre, pero bajan en julio y agosto. El motivo está claro: "Es por el tipo de turismo que viene. El turismo de gatera sólo busca la fiesta y lo que le entra con la pulsera. Ignora el producto local y artesano porque es más caro".
Entre normativas, cambios de hábitos y un modelo turístico que no siempre juega a su favor, la cerveza artesana balear resiste. Lo hace poco a poco, con paciencia y con un empeño casi heroico. "Seguimos porque creemos en el producto", resume Amorós. Pero también asegura que afrontan cada año con la sensación de que es una nueva carrera de fondo para no desaparecer y no las tienen todas con ellos para confirmar que no va a suceder.