¿Por qué Palma no tiene un gran parque urbano?

Expertos explican como el crecimiento de la ciudad, la presión turística y las decisiones urbanísticas han dejado Ciudad sin un gran espacio verde comparable a los de muchas capitales europeas

Terrenos cercanos a la UIB, comprendidos dentro de la proyección del parque agrario.
15/06/2026 - 21:09 h.
4 min

PalmaPalma es una de las pocas capitales europeas sin un gran parque urbano central comparable a los de ciudades de tamaño similar, como Oviedo, Vitoria y Sevilla, o a los grandes jardines históricos presentes en muchas otras urbes. ¿Por qué Ciudad no dispone hoy de un gran pulmón verde? La incógnita resuena ahora con más fuerza en medio de la crisis climática, de la saturación turística, de la necesidad de refugios verdes ante las olas de calor y de las discusiones sobre la capacidad de los recursos hídricos de Palma para asumir los 46.000 nuevos habitantes previstos durante la próxima década.

Para muchos especialistas, la falta de un gran parque urbano no es casual ni fruto de un olvido puntual, sino el resultado directo de cómo se ha desarrollado Palma durante más de un siglo. El catedrático de Geografía Macià Blàzquez recuerda que muchas capitales europeas heredaron grandes jardines aristocráticos o espacios vinculados al poder. "No hemos tenido ningún componente de la clase dirigente, especialmente la aristocrática, que impulsara un jardín versallesco", explica. Según apunta, esta ausencia histórica marcó el futuro urbanístico de la ciudad.

Los grandes planes de ensanche tampoco reservaron espacios de estas dimensiones. Blàzquez recuerda que figuras clave del urbanismo palmesano, como Bernat Calvet, Gabriel Alomar y Manuel Ribas Piera, no previeron ningún gran parque central. Palma se construyó con otra lógica.

Estructura muy concreta

La doctora en Geografía Maria Lluïsa Dubon coincide en que la misma configuración urbana condicionaba su evolución. "Partimos de una estructura previa muy concreta. El centro histórico de Palma es uno de los más grandes de Europa y la ciudad tiene forma de concha, con la fachada marítima en la parte inferior", explica. Esta morfología, añade, ya orientaba el crecimiento urbano.

Dubon destaca también que Palma no disponía de grandes propiedades susceptibles de convertirse en jardines urbanos, como sí ocurrió en otras capitales. "En Madrid había espacios como el Retiro y el parque del Oeste. Aquí no existía esta disponibilidad de suelo", señala.

Durante décadas, la ciudad consideró que ya disponía de su gran pulmón verde: el bosque de Bellver. Tanto Blázquez como Dubon coinciden en que Bellver ha ejercido históricamente esta función. "La misma legislación urbanística exige cinco metros cuadrados de zona verde por habitante y esto queda sobradamente cubierto con Bellver", apunta Blázquez. Esta circunstancia, según el geógrafo, contribuyó a consolidar una ciudad más densa y con menos espacios verdes en el interior. "Palma no se ha preocupado nunca de tener zonas verdes, porque ya tenía Bellver", resume.

Mapa que delimita los parques agrarios de Palma proyectados la legislatura pasada.

Pero el modelo muestra ahora sus limitaciones. Los expertos coinciden en que las elevadas temperaturas, la densificación urbana y la falta de espacios de sombra en muchos barrios han convertido las zonas verdes en una necesidad climática y de salud pública.

Dubon insiste en que el debate no debe limitarse a la creación de un único gran parque. "Los refugios climáticos distribuidos por toda la ciudad son fundamentales", defiende. Según explica, un gran parque central –que es lo que ocurre con el bosque de Bellver– puede quedar lejos de buena parte de la población, mientras que los pequeños espacios verdes repartidos por los barrios pueden tener una utilidad cotidiana mucho más directa.

Al mismo tiempo, los expertos coinciden en que el desarrollo turístico ha condicionado profundamente las prioridades urbanas de Mallorca. Blázquez sostiene que el turismo se ha impulsado históricamente en enclaves creados casi desde cero, como Magaluf o la Playa de Palma, y que gran parte de los recursos públicos se han destinado a sostenerlos.

"La necesidad que pueda tener el turista, y sobre todo el empresario turístico, la pagamos todos", afirma. El geógrafo pone como ejemplo las inversiones continuas en la Playa de Palma en infraestructuras, alumbrado y el colector de pluviales (CAZ). Solo esta infraestructura tiene un coste de unos 11 millones de euros, después de la última inyección presupuestaria de 1,65 millones.

"Palma es un pueblo de apoyo al turismo"

Según Blázquez, la parte de ciudad residencial de Palma ha acabado actuando como un "pueblo de apoyo" al turismo, como pasa en los enclaves turísticos del Caribe, como Varadero o Punta Cana con los pueblos de apoyo de Cárdenas, Matanzas y Verón. Mientras tanto, iniciativas que podían generar nuevos espacios verdes en la parte no turística de Ciudad han ido quedando reducidas o transformadas. El geógrafo pone como ejemplo "el caso de un solar de Son Pisà, inicialmente planteado como parque, que ahora tendrá un uso lucrativo".

Durante los últimos años, una de las principales alternativas planteadas –al Plan General de 2023– para introducir grandes espacios verdes ha sido el parque agrario metropolitano. Dubon explica que este proyecto, inspirado en los green belts británicos, pretende crear una corona agraria alrededor de Palma para frenar la dispersión urbanística y preservar suelo rústico. La propuesta afecta especialmente zonas del Pla de Sant Jordi, en el levante, y el área norte de Palma, desde Son Sardina y Son Espanyol hasta La Real y el entorno de la UIB. "La delimitación prevista es una de las más grandes de toda España", destaca la geógrafa.

Contener la mancha de aceite de la ciudad

El objetivo es doble: contener la mancha de aceite urbana y mantener espacios productivos capaces de aportar soberanía alimentaria en una isla que depende altamente del exterior. Tanto Dubon como Blázquez consideran que en la actualidad se vive un momento de retroceso respecto a la esponjación urbana. "En este momento nos encontramos en una fase de regresión después de haber dado pasos importantes", lamenta Dubon. Blázquez, por su parte, considera que la actual política urbanística apuesta claramente por el crecimiento y la densificación.

Esta percepción coincide con un contexto marcado por la crisis de la vivienda. Los expertos reconocen que Palma necesita ampliar la oferta residencial, pero alertan de que el debate no se puede desvincular de la calidad urbana y ambiental.

El Ayuntamiento de Palma, mientras tanto, reivindica algunos proyectos en marcha para incrementar las zonas verdes. El principal es la rehabilitación del velódromo del Tirador, donde está previsto crear un parque con cerca de 12.000 metros cuadrados de superficie verde, más de la mitad del ámbito total. Este proyecto acabaría uniéndose al parque del Canódromo y el parque de la Riera, completando la denominada cuña verde.

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