La nave de L'Esplet, a la venta por cinco millones de euros
Conflictos internos, jubilaciones y retirada de apoyo institucional han hecho caer una de las cooperativas más emblemáticas de Mallorca
PalmaLa venta de la nave y el terreno rústico que explotaba la empresa pobladora l'Esplet ya es el último capítulo de la desaparición de un referente del campo balear. A principios de mes se hizo público el cierre de la empresa y el despido de los 19 trabajadores por problemas económicos. Ahora, dos semanas más tarde, la empresa pone a la venta la nave y el terreno por cinco millones de euros.
El anuncio, publicado en el portal inmobiliario Idealista, explica que el espacio dispone de dos fincas (una industrial y una rústica). Concretamente, los propietarios detallan que la finca industrial tiene 5.385 m² de terreno y 3.991 m² construidos y aseguran que es "ideal para proyectos logísticos, comerciales o productivos". Por otra parte, explican que la finca rústica, con declaración de interés general vigente, dispone de 13.085 m² de superficie y 3.107 m² edificados, y que, por lo tanto, es "perfecta para desarrollos complementarios". Además, ofrecen la opción de comprar solo la parte industrial por más de tres millones de euros.
Cabe recordar que este mismo mes de marzo la cooperativa agrícola l'Esplet de sa Pobla cerró definitivamente por la pérdida de socios, desavenencias internas y la imposibilidad de formalizar la venta de sus instalaciones. La SAT, que había reducido sus miembros a solo siete personas, despidió a los 19 trabajadores y ha dejado de producir y exportar patata. Este cierre supone un nuevo golpe al sector agroalimentario de Mallorca, después de que hace poco más de un mes se anunciara el cierre de la fábrica Agama y el adiós de la marca Laccao como producto mallorquí.
Ataques y acusaciones entre los partidos políticos
MÉS per Mallorca ha carregat contra la Conselleria d’Agricultura per la venda de les accions de l’Esplet, la cooperativa de sa Pobla que ara ha fet fallida i té la nau en venda per cinc milions d’euros. Segons la formació, el 2023 el director general d’Agricultura, Fernando Fernández, va decidir desprendre’s de l'11,8% de les accions que posseïa el Govern, valorades en 336.000 euros, que es van vendre per només 120.000. Els beneficiaris van ser altres accionistes, entre els quals hi havia un empresari agrícola vinculat al PP i a patronals del sector. MÉS apunta que, si el Govern hagués mantingut la seva participació, ara hauria ingressat 590.000 euros, mentre que els beneficis han anat a parar a tercers.
La presidenta del Govern, Marga Prohens, ha defendido la actuación de su ejecutivo y ha asegurado que se ha hecho todo lo posible para mantener la industria agroalimentaria, y ha criticado a MÉS per Mallorca por cuestionar decisiones de legislaturas anteriores, además de recordar que la responsabilidad final recae sobre los consellers y la presidencia, no solo sobre el director general. Así, se dibuja un cruce de acusaciones: MÉS denuncia una gestión arbitraria y perjudicial para el interés público, mientras que Prohens defiende la transparencia y responsabilidad del Govern actual, y destaca la continuidad de la política agroalimentaria.
L'Esplet, un referente del sector que desaparece
L'Esplet nació en 1993 como el tercer intento de mantener viva la producción de patata en sa Pobla, después de la quiebra de cooperativas anteriores que no habían podido consolidar el sector. Durante años, la cooperativa recibió subvenciones públicas y participaciones del Gobierno que permitieron su actividad agrícola, pero con el tiempo perdió socios y capacidad productiva. Además, generó controversia por la gestión interna y la influencia de la dirección sobre las decisiones de la cooperativa, hecho que debilitó su estructura y limitó el relevo de nuevos actores en el sector.
A lo largo de su trayectoria, Esplet se convirtió en un referente de la exportación de patata mallorquina a mercados europeos exigentes, combinando suelo industrial y rústico e invirtiendo en maquinaria y logística propia para garantizar la calidad y la distribución del producto. A pesar de estas inversiones, los conflictos internos, las jubilaciones y la retirada de apoyo institucional generaron una situación de vulnerabilidad que ha culminado con el cierre. El proceso de venta previsto para preservar la actividad y los puestos de trabajo no se concretó, lo que deja un vacío en el sector agroalimentario local y pone en evidencia las dificultades de las cooperativas tradicionales de Mallorca para sobrevivir en un mercado globalizado.