02/06/2026
Colectivo Alternativas
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En noviembre de 2008 terminé de escribir esta introducción para un artículo para la revista Lluc con el mismo título y que se publicó en el n.º 867 de enero-marzo de 2009: “No todas las crisis tienen la misma etiología. Las hay que son crisis coyunturales, que una vez pasada la borrasca escampa y vuelve a salir el sol. Las hay, sin embargo, que son verdaderos tsunamis, que asolan lo que encuentran a su paso y obligan a hacer una tarea importante de reconstrucción de la arquitectura económica, social e institucional que ordena nuestras vidas. Entiendo que la crisis actual no es una crisis coyuntural, sino que nos encontramos ante una verdadera crisis estructural o ‘crisis de regulación’ que cambiará nuestro imaginario social, las estructuras productivas y las instituciones a escala nacional e internacional”.Presentía que venían cambios importantes, pero no de la escala de lo que nos ha ocurrido en estos últimos diecisiete años en términos del impacto de las revoluciones tecnológicas recientes: utilización intensiva de internet por parte de una nueva generación de teléfonos móviles y la creación de nuevas aplicaciones para manipular a una escala impensable la opinión pública, la polarización social y, sobre todo, a partir del covid y de la aparición de la IA generativa, una enorme concentración de poder científico, económico y político en muy pocas manos, que harían palidecer al mismo Marx con su ley de la concentración del capital.La primera gran revolución tecnológica fue la de la agricultura, 10.000 años a.C. Según Cristian Canton, director asociado del Barcelona Supercomputing Center, el tiempo hasta el impacto social masivo de la revolución agrícola tardó entre 1000 y 4000 años. En términos de sistema tecnológico, abarca la esclavitud y el feudalismo donde no existe el trabajo asalariado y unos pocos individuos concentran el máximo poder económico, político y social vía la propiedad exclusiva de la tierra y del trabajo. A lo largo de este período hasta la edad moderna se inventa la escritura y la moneda.Con la ciencia moderna y el Renacimiento, la Humanidad se encaminó hacia la revolución industrial a lo largo de un período que no representa ni una décima parte del tiempo que ocupó la revolución agraria para conseguir su impacto masivo. Este período introduce cambios económicos revolucionarios con la aparición del trabajo asalariado, la acumulación del capital y dejando las rentas de la tierra en un apartado marginal. No digamos ya en el ámbito político y social con la introducción de las democracias parlamentarias y el estado del bienestar, sin olvidar los avances científicos y tecnológicos: vacunación, imprenta, la aviación, la electricidad, el ferrocarril, el automóvil, el teléfono, los antibióticos, la energía nuclear, entre otros.Y ahora entramos en otro gran cambio sistémico con la IA generativa, que tiene el precedente en la aparición de la web y el uso intensivo de internet desde hace ya más de veinte años. ¿Por qué es un cambio sistémico? Porque internet y su uso masivo para generar valor a través de la IA generativa está en la base de internet de las cosas, de la robotización, de la financiarización y terciarización de la economía y de la geoestrategia y seguridad de los estados. Y ahora todo esto está en unas pocas manos que lo quieren controlar todo, es decir, el poder en mayúsculas y a escala planetaria. Es un cambio revolucionario que nos ha venido de repente a una velocidad sorprendente, menos de un diez por ciento de lo que se ha tardado en implantar el capitalismo. Como dice The Economist en su último número del 16 de mayo: “Finalmente, los humanos podían, como los caballos en la era del coche, convertirse en no económicos. Los ingresos pueden ir mayoritariamente o totalmente a los propietarios de capital, que después lo gastan en cosas fabricadas por IA y robots utilizando recursos naturales que monopolizan. Esta posibilidad distópica está detrás de las advertencias de Silicon Valley de que la intervención estatal, y quizás una Renta Básica Universal (RBU), será necesaria”.No es de extrañar que por ello el papa León XIV firmase, el viernes 15 de mayo, su primera encíclica, titulada Magnifica Humanitas, a la protección de la persona humana en la era de la inteligencia artificial, donde se afirma que la revolución tecnológica de la IA supone una transformación social de una magnitud comparable a la de la segunda revolución industrial.La disyuntiva es esta: o se plantea una salida democrática de control de la IA generativa por parte de la sociedad y una RBU, o podemos caer en un neofeudalismo capitalista, es decir, en una nueva barbarie donde la democracia y el control del capital y del trabajo volverán a caer en unas pocas manos a escala global.

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