Las matemáticas revelan el secreto de la peste que mató a 6.000 mallorquines en 1820
Un estudio publicado en PNAS apunta que la epidemia que asoló Son Servera, Capdepera y otros municipios no fue solo de peste bubónica y que las formas más agresivas tuvieron un papel importante
PalmaLa peste que asoló parte de Mallorca en el año 1820 podría haber sido mucho más letal de lo que se había considerado hasta ahora. Un estudio publicado en la revista científica PNAS apunta que el brote no fue exclusivamente de peste bubónica, sino que las formas neumónica y septicémica también habrían tenido un papel importante. Los investigadores han llegado a esta conclusión a partir del análisis estadístico de datos registrados hace más de dos siglos.
La epidemia causó unas 6.000 muertes entre mayo y noviembre de 1820 en cuatro municipios de Mallorca. La investigación se ha centrado en Son Servera, donde se inició el brote, y Capdepera, de las dos localidades se han conservado los registros más completos.
El estudio es obra de Pedro Puig, catedrático de Estadística e Investigación Operativa de la Universitat Autònoma de Barcelona, y Joana María Pujadas-Mora, investigadora ICREA Acadèmia y profesora titular de la Universitat Oberta de Catalunya. Pujadas-Mora ya había investigado la epidemia desde una perspectiva historiográfica, pero el descubrimiento de unos estadillos con datos diarios sobre la evolución del brote permitió dar un paso más y aplicar modelos matemáticos. Los documentos, conservados en la Real Academia de Medicina de las Islas Baleares, recogen los datos que la Junta Superior de Sanidad recibía diariamente de los municipios afectados desde junio de 1820. Los registros indican el número de nuevos casos, muertes y personas recuperadas, diferenciados por sexo y también entre adultos e infantes.
Una letalidad del 78%
El análisis de estos datos ha permitido estimar algunos de los principales parámetros de la epidemia. Tanto Son Servera como Capdepera registraron una tasa global de letalidad del 78%, con una mortalidad más elevada entre los niños que entre los adultos. Además, el período durante el cual una persona infectada podía morir o recuperarse era de unos 2,5 días.
Estos registros son especialmente reveladores porque la rapidez de la evolución de la enfermedad y la elevada mortalidad no encajan del todo con lo que se esperaría de una epidemia exclusivamente de peste bubónica. Según los investigadores, los períodos muy breves de contagio, las descripciones históricas del deterioro clínico y la tasa de letalidad sugieren que las formas neumónica y septicémica contribuyeron de manera sustancial a la transmisión.
La peste bubónica se transmite habitualmente mediante el ciclo entre ratas, pulgas y humanos y puede llegar a presentar una mortalidad del 60% o 70% sin tratamiento. Las formas neumónica y septicémica, en cambio, pueden transmitirse por gotas respiratorias o por el contacto con fluidos y presentan tasas de mortalidad mucho más elevadas, próximas al 100% en ausencia de tratamiento. Con todo, los autores advierten que se trata de una reconstrucción basada en modelos matemáticos y fuentes históricas. "No hemos tocado hueso", señala Pujadas-Mora, que reclama prudencia a la hora de interpretar los resultados.
Una epidemia que llegó por mar
La investigación también aporta pistas sobre cómo se introdujo la peste en Mallorca. Los investigadores consideran poco probable que el brote siguiera estrictamente el mecanismo clásico de transmisión a través de ratas y humanos. La documentación histórica indica que la epidemia llegó rápidamente después de la entrada en Mallorca de un barco procedente de Tánger.
La mercancía se trasladó a tierra mediante pequeñas barcas de remos y, además, habitantes de la zona habrían ido directamente hasta el barco para comprar productos en él. Por ello, el equipo considera plausible que la transmisión se produjera a través de pulgas o piojos asociados a los humanos.
Los documentos permiten reconstruir incluso los primeros casos. La primera víctima identificada fue Francisca Brunet, a la que siguieron rápidamente su marido, su hijo y varios vecinos. Ante la propagación del brote, las autoridades establecieron un triple cordón sanitario: por tierra, por mar y entre los cuatro municipios afectados. Según Pujadas-Mora, estas medidas "funcionaron muy bien" y evitaron que la epidemia se extendiera por el resto de la isla.
El brote que impulsó la salud pública
Más allá de las víctimas, los investigadores consideran que la peste de 1820 actuó como un catalizador para la salud pública de las Baleares, que entonces presentaban una de las esperanzas de vida más elevadas del Estado. La epidemia mostró a la población la necesidad de adoptar medidas sanitarias y de confiar en el conocimiento médico y científico. Doscientos años después, los datos conservados permiten ahora reconstruir aquella crisis desde una perspectiva que combina historia, epidemiología y matemáticas.
La peste, sin embargo, también dejó una huella en la memoria popular. Durante años circuló una leyenda según la cual la epidemia habría comenzado después de que un pastor adolescente se pusiera una capa que había recogido de una tumba en la playa, donde acababan de enterrar a una persona procedente de un barco. La historia forma parte de la memoria de Son Servera hasta hoy. En 2008, el Ayuntamiento erigió una pequeña estatua dedicada al pastor como homenaje a las víctimas de la epidemia de 1820.