Mallorca y Ibiza, un chalet nuevo en suelo rústico cada día
La normativa permite construir aún más de 11.000 casas en rústico en Mallorca. Los ecologistas piden copiar el modelo menorquín: ni una casa más en el campo
PalmaCada 31 horas se termina un chalet nuevo en suelo rústico en Mallorca. Esto implica que son cinco por semana en espacios que deberían estar destinados a usos agrarios o naturales, según denuncia Terraferida. Si se añaden los datos disponibles de Ibiza, nos encontramos que entre las dos islas cada día se termina una nueva casa en rústico. Un proceso acelerado de transformación del territorio que ya no es puntual sino estructural. Los ecologistas piden pararlo en seco en Mallorca y las Pitiusas, como hizo Menorca hace más de 20 años, y decretar ineditable el suelo rústico, considerado “la joya de la corona de la tierra”, dice el portavoz de Terraferida, Jaume Adrover.
En una década, el 60% de lo que se ha edificado en suelo rústico en Mallorca son chalets. Si antes ocupaban unos 120 metros cuadrados, ahora llegan a los 3.000 de media. Además, a menudo incumplen el límite legal del 3% de ocupación de la parcela.
Hay datos de todo tipo. A partir de 2021, cada año los chalets ocupan 180 hectáreas, o sea, la superficie equivalente a 180 campos de fútbol, también según datos de Terraferida. Y todavía se pueden hacer 11.000 más. A este ritmo, “pronto seremos una isla-ciudad”, afirma el portavoz de la entidad, que explica este proceso pueblo por pueblo: “La gente sale espantada”, relata. También el GEN-GOB ha aportado recientemente datos sobre este proceso de destrucción en Ibiza y ha hecho una petición concreta: parar de manera radical las licencias en suelo rústico para hacer chalets. “El suelo rústico es el campo, no la ciudad. Hay que pararlo ya. O se protege el rústico o todo será un paisaje de chalets”, apunta la portavoz ecologista Neus Prats.
Esta propuesta hace años que ni siquiera se debate en el ámbito institucional. Únicamente MÉS per Mallorca la llevaba en su programa electoral. A pesar de haber gobernado en 10 municipios, en ninguno ha aprobado la medida de prohibir la edificación en suelo rústico. Es cierto, como recuerda el líder de los ecosoberanistas, Lluís Apesteguia, que en municipios como Deià y Esporles “es inexistente o muy escaso, porque ya tiene otros grados de protección”, pero en lugares como Manacor y Capdepera ni se ha puesto sobre la mesa. Se da por hecho que como no tiene mayoría absoluta, ninguna otra formación se apuntaría. “No hay agallas, los políticos no lo harán. Es cierto que MÉS lo quiere defender, pero nadie se atreve. Mueve demasiado dinero ahora”, explica un técnico del Consell de Mallorca consultado por el ARA Balears.
Medidas gigantes
Mientras tanto, la realidad avanza. No solo se hacen más casas, sino que son de tamaños y fórmulas gigantescas que importan diseños que no tienen nada que ver con el entorno. “Todos los chalets nuevos son inmensos. Y esto lo vemos en cientos de casos: de estos 3.000 que tenemos fichados, la media es esta. Porque hay muchos que ocultan actividades económicas o que, en realidad, funcionan como pequeños hoteles. De hecho, en Mallorca, entre 2015 y 2021 se ocupaban unas 140 hectáreas anuales de suelo rústico, y a partir de 2021 ya ocupábamos 180 cada año”, explica Jaume Adrover.
“Después está la avalancha de placas solares en suelo rústico. Nosotros ya hemos contabilizado 250 hectáreas, pero pueden venir más de 1.000. Todavía lo cuantificamos porque salen proyectos como setas”, sentencia.
Otro cambio muy importante que retratan las entidades ecologistas es el modelo de ocupación del territorio. “Hasta los años 90, las casas que se hacían en las afueras intentaban conservar la parcela agraria: se construía en un rincón, pegado a un margen o a un extremo. En 5.000 años de historia nunca se había ocupado el centro de la parcela. Ahora, en cambio, todos los chalets se hacen en medio: hacen caminos, ponen placas, lo fragmentan todo”, lamenta.
La proliferación de viviendas fuera de ordenación en zonas rurales ya supera las 15.000 en Mallorca, según datos aportados por el geógrafo Miquel Rosselló, que ha impulsado un estudio sobre la transformación del suelo rústico en Mallorca.
Este modelo de xaletismo, pensado para usos urbanos, y que no tiene ningún interés por el mundo rural ni por sus actividades, pone fin a unos paisajes “de valor incalculable”. “Nos los estamos cargando por solo pensar a corto plazo y por la connivencia de las administraciones, que no se atreven a decir basta”, denuncia Neus Prats, portavoz de territorio del GEN-GOB.
La entidad, en las alegaciones que presentó a la revisión del Plan Territorial de Ibiza, alertó que la isla está en una situación de “colapso ambiental” y reclama directamente un cambio radical: que el suelo rústico pase de ser edificable con restricciones a ser, de manera general, inedificable.
Según Prats, “los últimos años se ha provocado una degradación generalizada del territorio: destrucción del paisaje, pérdida de biodiversidad, sobreexplotación y contaminación de los acuíferos, y abandono de la actividad agraria”. A esto, según apunta la entidad en su escrito de alegaciones al Plan Territorial ibicenco, se suman problemas estructurales como la saturación de servicios, la crisis del agua, la gestión límite de los residuos y un sistema energético muy dependiente del exterior.
Tanto en Ibiza como en Mallorca, esta dispersión de viviendas “obliga a depender del coche para todo, y agrava la presión sobre las infraestructuras”. “Después tenemos que oír que los mismos cargos públicos buscan medidas para contener el uso del vehículo privado. Es muy sencillo, hay que parar ya de dar licencias para hacer chalets que no contribuyen a una economía sostenible y razonable, sino a la saturación total”, sentencia Neus Prats. Paralelamente, el GOB denuncia la incapacidad de la Administración para controlar los usos reales de las viviendas, con una oferta turística ilegal que podría superar las 100.000 plazas.
A pesar de este contexto, la nueva modificación del Plan Territorial de Ibiza plantea relajar las limitaciones y permitir más edificabilidad en suelo rústico, según la entidad. El GOB lo califica de “irresponsabilidad colosal” y reclama medidas drásticas: prohibir edificaciones nuevas y establecer un crecimiento urbanístico cero.
Agrupar parcelas
Aquellos que no tienen la famosa parcela mínima de 14.000 metros en suelo rústico común ya han puesto en práctica hace años una estrategia para recalificar más el territorio: agregar parcelas. “Hemos detectado que el 42% de las licencias de obra en suelo rústico se conceden a partir de la agrupación de parcelas. Es decir, se compran pequeñas fincas, como por ejemplo corrales y trocitos dispersos”, afirma Jaume Adrover. “Detrás de esta dinámica hay una clara operación inmobiliaria: se van adquiriendo fragmentos de tierra aquí y allá hasta completar los metros necesarios para construir”.
Es una práctica que no es puntual sino sistemática, según explica Adrover, ya que “la misma Administración ha reconocido que es una operación que se repite constantemente”.
Además de su impacto visual y territorial, los chalets en el campo provocan todavía hoy día la construcción de fosas sépticas. “Los datos son preocupantes. Los mapas recientes sobre la calidad de las masas de agua muestran que los niveles de nitratos son muy elevados en toda Mallorca y que prácticamente no queda ningún acuífero en buen estado. Esta situación está directamente relacionada con la proliferación de fosas sépticas, que con el tiempo acaban filtrando”. Los ecologistas lo tienen claro: no más casas en suelo rústico. De momento, no parece que ninguna institución recoja la idea.