He analizado nuestros propósitos de nuevo año: no estamos bien
2025 ha sido el año del narcisismo. Hemos normalizado ser la persona más importante para nosotros mismos. Y si nos hemos dedicado a cuidarnos, priorizarnos y escucharnos, ¿quién ha mirado por los demás? El individualismo se ha convertido en el antídoto contra todos los males.
PalmaSi todo el mundo cumple sus balances y propósitos deaño nuevo, en 2026 estaremos más solas que nunca. "Este año, he decidido priorizarme a mí mismo", "Quiero cuidarme", "Me he propuesto aprender a decir que no". Asisto asombrada a toda esta retahíla de mantras, que inunda el mío feed de Instagram. 2025 ha sido el año de la palabra 'narcisismo', un concepto que hasta hace nada estaba desterrado de nuestro vocabulario y que nos ha ido miel para encontrar un sustituto a 'tóxico'. Si en 2024 todo era tóxico, en 2025 todo ha sido narcisista. Y ya empieza a oler, este abuso del término, sobre todo por parte de quien decide "anteponerse", a sí mismo, por encima de todo.
Para confirmar que no sólo era una percepción subjetiva, me propuse hacer capturas de pantalla de todas estas declaraciones de intenciones que se expanden como una enfermedad infecciosa. Y ahora mi galería de fotos parece más bien un ebook de autoayuda. Después de analizar algunos de estos mensajes, he concluido que existen tres corrientes principales. Por un lado, las personas que se dan las gracias a sí mismas. Son las que consideran que el mayor mérito ha sido "no traicionarse" y ser fieles a quienes son, y las que utilizan conceptos como "sostenerse a uno mismo". Por otra parte, están las que dicen que en 2025 les ha hecho "más fuertes". Suelen ser fans de los términos bélicos: "Me he sabido defender", "No me he rendido", "He aprendido a luchar"... Y, finalmente, las más clásicas: las que han dedicado el año a conocerse y cuidarse. Son las de siempre, las que tienen más experiencia, las maestras del monólogo: saben escucharse y charlarse perfectamente a sí mismas.
Hemos normalizado ser la persona más importante para nosotros mismos. Y, si hemos pasado todo el 2025 cuidándonos, priorizándonos, escuchándonos…, ¿quién ha mirado por los demás? ¿Hemos dejado de cuidarnos entre nosotros? Nos hemos tragado el discurso de los criptobros, la mentalidad de ultraderecha y la visión mercantilista aplicada a absolutamente todo. Ahora todo el mundo quiere hacerse a sí mismo, convertirse en su mejor versión y no tener que tener en cuenta a nadie para nada. El individualismo se ha convertido en el antídoto contra todos los males. ¿Estás cansada? ¿Te sientes mal? ¿Tienes un problema? Ido haz cosas para ti. Para ti y nadie más. Queremos curar el capitalismo con mayor capitalismo. Capitalismo del yo. ¿Y por qué no sospechamos de esos mensajes que lo pueblan todo? Si realmente fueran revolucionarios, ¿arraigarían tan rápidamente? ¿No encontrarían más roces?
La cuestión es que nos sale a cuenta. Desde que todos y todas somos una marca personal, el yo es rentable. Creemos que nos queremos más, pero charlamos de nosotros mismos en términos financieros porque, sobre todo, invertimos en nosotros. Ahora bien, si realmente nos quisiéramos, estaríamos dispuestos a perder tiempo en nosotros mismos. Y no. Ahora todo debe tener un rédito: las relaciones, los hobbies. Y si todo el mundo se dedica tiempo, a sí mismo, con clases de barra o cerámica, haciendo journaling o el skincare cada noche, ¿por qué seguimos necesitando priorizarnos tanto? ¿Por qué no vivimos en una sociedad mentalmente más sana?
Somos nuestro bien activo más preciado. Nos vendemos a nosotros mismos, a codazos. Y por eso también hacemos un recopilatorio de lo que ha sido nuestro año. Uno recabo de todos nuestros logros, de nuestras ganancias. No confiamos en invertir en nadie porque sabemos que a nosotros nos tendremos siempre. Queremos garantías y, con ese empeño, nos abocamos al aislamiento. "Aporta o apártate", "Una relación siempre debe ser 50-50". Me da pena ese ambiente hostil, esa convicción ciega de que "todo el mundo mira por él", esa poca autocrítica, esa idea de que somos seres frágiles incapaces de cargar con nuestros problemas y, un poquito, con los de los demás. Creemos que debemos ser tan fuertes porque hemos dejado de creer que tenemos gente al lado dispuesta a cuidarnos. Y esto nos delata, porque dice de nosotros que no lo haríamos.
Asisto asombrada a estos balances y propósitos de año nuevo pensando que haríamos mucho más por nosotros si fuéramos capaces de decírnoslos unos a otros. Si nos demostáramos que nos tenemos, que nos acompañamos. Me sentiría mucho más afortunada sabiendo que cualquier persona de mi alrededor es capaz de hacer un balance de lo que ha sido mi año, porque eso querría decir que nos hemos mirado, nos hemos cuidado y escuchado. Quiero mucho más tener a mi gente, que no tenerme a mí para mí sola, y saber que puedo decir, por ejemplo, a mi amigo que he visto cómo este año ha crecido emocionalmente, a mi amiga que ha sido muy valiente haciendo realidad su sueño, a mi pareja que no ha dejado ningún objetivo sin cumplir, a mi padre que ha sabido que nunca. Quizás lo empezaré a poner en práctica.