El burka y la política del miedo ganan terreno en el Parlamento
El PP apoya una proposición de Vox para prohibir esta pieza, a pesar de que el uso es prácticamente inexistente en las Baleares
Palma“Queremos que España siga siendo España, que nuestras calles sean de España. Nuestra sociedad se alza sobre los pilares de la cultura grecorromana y la tradición cristiana”. La responsable de estas palabras es la portavoz de Vox, Manuela Cañadas. Una política de extrema derecha rancia que ataca al lobby feminista, niega la violencia de género –si el individuo de género masculino es español–, y que se preocupa por los derechos de las mujeres cuando se trata de la presencia del burka y el nicab por las calles de Baleares, que es nula. Vox presentó una proposición de ley para prohibir estas prendas de ropa y tuvo el apoyo del PP, que remarcó que hace años que defiende la prohibición de los velos integrales, para que nadie ponga en duda su coherencia y piense que los populares practican por oportunismo político.
La izquierda votó en contra de esta iniciativa, lo que no quiere decir que esté a favor del burka y del nicab. “En la exposición de motivos de esta proposición de ley se comprueba que las mujeres importan bien poco. Lo que importa es la inmigración y el islam. La ultraderecha tiene la idea obsesiva de una supuesta amenaza cultural”, dijo la diputada del PSIB Teresa Suárez durante el pleno del Parlament del pasado martes, y subrayó que esto no es obstáculo para que los socialistas consideren que el burka es “un elemento sexista que somete a las mujeres”. Suárez criticó “la necesidad de encontrar un enemigo” de Vox. “Un grupo se convierte en amenaza colectiva y se hacen desaparecer los matices, se desdibuja la realidad para buscar un enemigo común”, dijo. En definitiva, la operación de Vox con el burka es “tramposa”, según la socialista.
La representante de MÉS per Mallorca Marta Carrió siguió la misma línea que Suárez. “El centro de esta iniciativa es la inmigración, el islam y la construcción de un relato de miedo. No empieza hablando de violencias machistas, sino de civilización occidental y de amenaza a nuestros valores. Las mujeres no figuran como sujetos de derecho, sino como excusa para un discurso islamófobo”, criticó, además de calificar el burka y el nicab como “expresiones del patriarcado”.
“El patriarcado no es un patrimonio exclusivo del islam. También lo encontramos en el catolicismo integrista, el judaísmo ortodoxo y la calle”, añadió. Carrió acusó a la extrema derecha de presentar el debate “como si el machismo tuviera una única comunidad responsable, con el cinismo de quien lo niega cuando hablamos de violencia de género”. Según la diputada de MÉS per Mallorca, lo que ocurrió el martes en el Parlament se puede resumir de la siguiente manera: “Vox recurre al feminismo para alimentar el racismo y el PP le da apoyo”.
Los populares recurrieron a su diputada para asuntos espinosos, Cristina Gil, de quien hay que reconocer que tiene habilidad para caminar por la cuerda floja que separa la derecha de la extrema derecha. “Señores de la izquierda, con el relativismo cultural que sostienen, justifican el velo, que es símbolo de opresión y sumisión”, criticó, además de entrar en cuestiones de índole más pragmática, porque el burka y el nicab “impiden la identificación facial”. “Si no votan que sí, están haciendo feminismo solo de boquilla”, advirtió. Pero este aviso no se reflejó en el resultado de la votación. Gil también aclaró que con la proposición de ley “no se prohíbe ninguna religión”, a pesar de que nadie se había confundido.
Con este panorama, Manuela Cañadas optó por enfadarse, una conducta habitual en la diputada de extrema derecha que provoca la sonrisa de buena parte de los diputados de la Cámara. “Se hacen llamar feministas. Callan si el que viola salvajemente a una niña es un migrante. En su afán de perpetuarse en el poder mediante el censo electoral traen otras culturas”, arrancó, con una exhibición de lo que es un totum revolutum. También acusó a la izquierda de blanquear la pederastia, de eliminar la presunción de inocencia de los hombres, de no votar que sí a la libertad de las musulmanas, de mentir... Y después hizo una declaración de principios a gritos: “¡Negamos la violencia de género porque la violencia no tiene género!”.
El día de la marmota
Por otro lado, los políticos continúan girando alrededor de los mismos problemas, como si fueran peonzas y sin que se vislumbre soluciones. Los tres pilares de la disputa política han sido, son y serán la vivienda, la saturación y la movilidad, y nada hace pensar que se pueda arreglar algo, por pequeño que sea, a corto plazo. Ahora bien, cabe destacar que el conseller de Vivienda, Territorio y Movilidad, José Luis Mateo, fue capaz de intervenir en el Parlament sin usar una de sus cuñas lingüísticas habituales: el verbo ‘trabajar’, en toda la amplitud de su conjugación. Seguro que algunos oyentes del debate se lo agradecen.
También hay que felicitar al alcalde de Palma, Jaime Martínez, que al fin ha conseguido dejar a decenas de personas en la calle con una mano delante y otra detrás en una jornada que él calificó de “histórica”. Ya hace algunas legislaturas que hay hechos agotadoramente históricos, por insignificantes que parezcan al grueso de la ciudadanía. La gente que desfilaba fuera del único techo que se puede permitir no tenía cara de vivir un momento muy histórico, sino más bien de descomposición, de tristeza y de no saber qué pasará a partir de ahora. En cuanto a las casetas prefabricadas que han colocado al sol para estas personas, se podría recomendar a quien ha tenido la brillante idea que pase un ratito al mediodía, y comprobará lo ‘frescas’ que son.