¿Las fiestas de la Corte están matando las tradicionales?

¿Hay un patrón detrás de la cancelación de Canamunt y Canavall, la fiesta del bar Flexas en el parque del Mar y la polémica entre el Ayuntamiento y Ben Amics por la verbena del Orgullo LGTB?

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01/07/2026
4 min

PalmaLa cancelación de Canamunt y Canavall por parte de Orgull Llonguet, que el Bar Flexas no organice este año su tradicional verbena y la polémica entre el Ayuntamiento y Ben Amics por la verbena del Orgullo LGTBI parece que marca un patrón determinado. Los colectivos implicados denuncian una falta de apoyo y de interés generalizado por parte del Ayuntamiento. ¿Es solo una coincidencia o la programación municipal está desplazando el tejido asociativo que durante décadas ha dado vida a las fiestas populares de Palma?

Después de que Cort defendiera públicamente que había ofrecido todas las facilidades para que Orgull Llonguet organizara una nueva edición de Canamunt y Canavall, la entidad mantiene que la decisión de suspender la fiesta este año responde a un problema mucho más profundo que una simple cuestión logística. En una entrevista con el ARA Balears, el miembro activo de Orgull Llonguet Mateu Fiol asegura que la decisión está "tomada y consensuada" e insiste en que la parada servirá para repensar quiénes son y qué quieren aportar a la sociedad.

Según explica, cada vez hay más personas que participan en las fiestas sin conocer el proyecto que hay detrás. "Canamunt sobrevive gracias a las barras, a las camisetas y a la aportación de las collas", recuerda. Por eso lamenta que una parte importante del público viva la fiesta únicamente como un espacio de consumo. "No queremos crear fiestas consumistas", remarca.

Fiol vincula esta situación con los cambios que ha experimentado Palma durante los últimos años. El encarecimiento de la vivienda, dice, ha expulsado a muchos de los vecinos, incluidos miembros del mismo colectivo. "Mucha gente de Palma ya no vive en Palma y esto dificulta que pueda disfrutar e implicarse en las fiestas", explica. También critica que el modelo económico y comercial de la ciudad esté transformando su identidad: "Los negocios que se abren se parecen más al lujo de otras ciudades que a una ciudad con personalidad propia".

"Si el Ayuntamiento quiere, le mostramos la factura"

Uno de los principales puntos de discrepancia con Cort es el apoyo municipal. Después de que el Consistorio asegurase que pone a disposición de las entidades servicios como la policía, los bomberos, la limpieza o la electricidad, Fiol lo matiza. "La concejala –Lourdes Roca– dice que el Ayuntamiento pone la electricidad, pero nosotros le podemos mostrar la factura de la luz y el informe del ingeniero de la instalación, que pagamos nosotros", asegura. Recuerda que Orgull Llonguet no obtiene beneficios económicos de la fiesta y que, si el balance acaba siendo negativo, es la asociación quien asume las pérdidas. "Nosotros no queremos ganar dinero; queremos una ciudad más viva", comenta.

También critica la falta de coordinación. Fiol habla de la Patrona, la fiesta impulsada por el Ayuntamiento la noche anterior en Canamunt y Canavall. Según explica, al día siguiente todavía hay camiones, residuos e infraestructuras que dificultan la organización de la fiesta popular. "La ciudad todavía está ocupada por los restos de la fiesta anterior y ni siquiera podemos aprovechar algunos recursos, como los baños químicos. Parece una contraprogramación logística", afirma. Además, lamenta que después se atribuya al Ayuntamiento el mérito de la limpieza cuando, según dice, buena parte de los problemas provienen precisamente de la actividad organizada por Cort la noche anterior.

La fiesta de la Patrona ha sido criticada activamente por diversas entidades y asociaciones vecinales porque no surge "de la calle sino del departamento de marketing del Consistorio". Según denuncian, la fiesta dice ser "de la patrona", pero, en realidad, "tiene tan poco que ver con la patrona como un pamboli servido en un gastrobar con espuma de aceite de oliva y polvo de aceituna negra". La empresa organizadora, Mallorca Live Fest, recibió 332.750 euros públicos y el Ayuntamiento no obtuvo ningún tipo de retorno.

"Si nadie se presenta a una convocatoria, quizá hay que preguntarse por qué"

Fiol también responde a las críticas del Ayuntamiento sobre el hecho de que Orgull Llonguet no se presentara a la convocatoria municipal para organizar la fiesta. "Si hacen una convocatoria y no se presenta nadie, igual también deberían interesarse por saber qué pasa y no decir que se han enterado por la prensa", apunta. En este sentido, la entidad reclama una interlocución más fluida con el Consistorio y lamenta que cuestiones esenciales se acaben resolviendo solo quince días antes de la celebración. "No se pueden cerrar los detalles de una fiesta de esta magnitud a última hora. Hay una falta de interés político", sostiene.

El caso de Orgull LLonguet es muy similar al denunciado tanto por el Bar Flexas como por Ben Amics. Después de que en 2025 fuera declarada fiesta de interés municipal, los organizadores de la tradicional fiesta del Flexas anunciaron la cancelación después de semanas de conversaciones con el Ayuntamiento de Palma para intentar encontrar una fórmula que hiciera posible la continuidad. Cort ofreció una aportación de 45.000 euros, pero desde el Flexas consideran que la continuidad de la fiesta en el parque del Mar exigía una implicación mayor de las administraciones públicas que permitiera garantizar "unas condiciones sostenibles y seguras" tanto para la organización como para el público asistente.

La polémica con Ben Amics acabó con una verbena paralela organizada por Cort, el traslado de muchas de las actividades a otros municipios de Mallorca y con una denuncia al consistorio por presuntas adjudicaciones irregulares para la fiesta del Orgullo.

Por otra parte, los grupos de demonios también han criticado las limitaciones del Ayuntamiento. Este año se ha limitado a 11 el número de correfocs anuales en los barrios de toda la Ciudad. La medida supone un cambio radical respecto a la situación anterior, en la que no existía ningún límite y las actividades se gestionaban según la demanda y la capacidad organizativa de los barrios y los grupos. La respuesta de los grupos fue de indignación y desconcierto.

Desde Orgull Llonguet, Mateu Fiol ve un patrón que, asegura, se repite en diferentes ámbitos. "Hay un desinterés cultural por la gente de aquí. Palma aspiraba a ser Capital Europea de la Cultura 2031, ¿pero para quién se hace esta cultura?", se pregunta. La respuesta, según él, es clara: "La oferta cultural está enfocada a los turistas, no a las personas que viven aquí."

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