Entre azoteas, plazas y cornisas: la ciudad que los pájaros han aprendido a habitar

Las aves urbanas son mucho más que gorriones y palomas: cernícalos, garzas y búhos cornudos conviven con los retos y amenazas del entorno construido de Palma

Un tejadero puesto sobre un banco de una plaza del centro de Palma.
19/02/2026
4 min

PalmaUna pareja de gorriones se acerca a botitos en las mesas de unos turistas. En la misma plaza del centro de Palma, un grupo de palomas picotea entre las juntas del pavimento y una tórtola se esconde entre las hojas de un gran ficus. La escena es tan cotidiana que se vuelve invisible. La idea extendida es que la ciudad expulsa a la fauna. Pero basta detenerse unos minutos para comprobar que el entorno urbano está lleno de pájaros, muchos más de los evidentes. No desaparecen. Se transforman.

Hay gaviotas que anidan en las azoteas de las fincas y cernícalos que oteaban desde una cornisa antes de lanzarse en picado para arrancar la cabeza de un canario enjaulado en algún balcón. "La ciudad no deja de ser un hábitat como cualquier otro", resume Manolo Suárez, coordinador de ornitología del GOB. "Viven muchas más especies de las que la gente imagina, no solo palomas y gorriones. Cada vez hay más, incluso halcones, que antes se asociaban a ambientes rurales o naturales".

Hay que saber buscarlas y abstraerlas del tráfico constante de los repartidores, del ruido de los vehículos y de las conversaciones en el teléfono de quien camina de un lado a otro.

En términos generales, "no se puede hablar de un cambio global significativo en las aves urbanas sino de una transformación en la composición de las especies". No es una desaparición masiva, sino un reajuste. En los últimos años han aparecido palomas torcaces, tórtolas turcas y milanas que utilizan la ciudad "como lugar de descanso o alimentación". En los jardines urbanos se pueden encontrar ejemplares de búho cornudo dormidos en los árboles y, en invierno, llegan de estacionales como los ropitos.

El caso de los estorninos

Sí se ha reducido la presencia de estorninos. "Durante años utilizaron Ciutat como dormidero porque encontraban protección respecto del campo abierto. Después del uso de cohetes disuasorios, muchos no han vuelto a ello y ahora se concentran en zonas húmedas", explica Suárez.

Palma no es especialmente hostil para las aves, pero les afectan los ruidos del tráfico o de las fiestas. "Tienen que llamar más para encontrar pareja y para emitir señales de alerta. Esto les genera estrés y puede afectar a la cría, como ocurre con el tejador y el cabezazo", señala.

La intervención humana también pesa. "Los ayuntamientos pueden árboles y autorizan reformas de edificios en plena temporada reproductiva". La eliminación de cavidades en las fachadas reduce espacios de nidificación. "Las colonias felinas también les afectan si están en zonas de jardines, porque los gatos, lógicamente, cazan. Y no se tiene en cuenta. Se priorizan unas especies por encima de otras". No todas responden igual. "Cuanto más urbanos sean los pájaros, menos les afectarán estos factores. Para muchas ya es su entorno natural. El tejadero, por ejemplo, puede encontrar en la ciudad una facilidad y una seguridad que no le ofrece foravila".

A pesar de esta capacidad de adaptación, los gorriones están en retroceso en toda Europa. "Los estudios hablan de contaminación, ruido, carencia de alimento y cambios en la arquitectura urbana, pero no son concluyentes. No todos los factores afectan igual a todas las especies". En sentido contrario, las palomas han ido aumentando gracias a su capacidad de adaptación. El Ayuntamiento de Palma ha intentado contener su expansión con pienso anticonceptivo, mientras entidades conservacionistas como ARCA alertan del deterioro del patrimonio por el efecto corrosivo de sus heces.

La fisonomía de Palma juega a favor de las aves. No es una ciudad de rascacielos con grandes superficies de vidrio, responsables en otros sitios de numerosos impactos mortales. Sin embargo, según Suárez, falta planificación específica en parques y jardines. "Podrían incorporar más plantas autóctonas con frutos y flores, como el acebuche y la mata, adaptadas a nuestro clima y beneficiosas para la fauna. En cambio, optan por especies ornamentales como los plataneros y las palmeras, con poco interés alimenticio para los pájaros. Cuando se hace un proyecto urbano, raramente se tienen en cuenta la flora".

Cita como referencia el programa Nius de Catalunya, que los controla y registra antes de intervenir en edificios y espacios públicos. "En Baleares debería adelantarse en este sentido e, incluso, organizar un congreso", sugiere.

En los puertos se pueden observar cuervos marinos y, allí donde corre el agua, especies ligadas a zonas húmedas como el martinete pescador y garzas blancas y grises. "Y si se diseñaran más, como el torrente de la Riera, aún habría más biodiversidad. El entorno urbano, adaptado, puede acoger a muchas especies", sostiene.

Durante el confinamiento se extendió la impresión de que los pájaros habían recuperado la ciudad y que dependían de la presencia humana para alimentarse. Suárez lo matiza: "Buscaban alimento, fuera una semilla o insectos, y se acercaban a las terrazas". No ocuparon ningún espacio vacío. Ya estaban allí.

La escena inicial se repite cada día sin que casi preste atención. Entre mesas, cornisas y ficus, la ciudad no es sólo tráfico y ruido. También es territorio compartido.

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