Iniciativas legislativas

Pocas leyes y muchos decretos: balance de un Parlamento fragmentado

El PP se encamina sin garantía alguna al debate sobre el techo de gasto, mientras la legislatura se vuelve cada vez más complicada para pactar

Una imagen panorámica del hemiciclo del Parlamento.
29/11/2025
5 min

PalmaEl Gobierno se encamina a una nueva votación clave por la continuidad de la legislatura sin apoyo garantizado alguno. El próximo martes se debatirá el techo de gasto, el paso indispensable para poder hablar de presupuestos para 2026. Al cierre de esta edición, el PP estaba solo defendiéndolo. Aunque ha mantenido conversaciones con Vox y el PSIB, la sensación en estos momentos es que el Gobierno da las cuentas por perdidos. Este bloqueo ha sido la tónica general de la legislatura, en la que el Ejecutivo se ha visto demasiado a menudo arrinconado por sus socios e, incluso, incapacidad para pactar leyes. Ante esto, ha legislado a base de decretos leyes, una figura que está pensada por "casos de extraordinaria y urgente necesidad", según el artículo 86.1 de la Constitución española, y ha presentado menos proyectos de ley que en legislaturas anteriores.

Tal y como ha calculado el ARA Baleares a partir de los datos del Parlament, en dos años y medio el Ejecutivo ha convalidado 14 decretos ley y está tramitando otro (el de medidas urgentes en servicios sociales). Por ahora, Vox sólo ha tumbado uno: el decreto ley de aceleración de proyectos. Por otra parte, el Gobierno tan sólo ha aprobado nueve proyectos de ley, cinco de los cuales eran un decreto ley que posteriormente la Cámara accedió a vehicular como proyecto de ley, llevando adelante cinco proposiciones de ley (aquellas que impulsa un grupo parlamentario).

Comparativa.

Aún falta un año y medio de legislatura. Sin embargo, la relación con Vox está cada vez más deteriorada, tanto en el ámbito autonómico como en el conjunto del Estado –Extremadura ya ha convocado elecciones por la imposibilidad de sacar adelante los presupuestos–, y el Gobierno está mentalizado de que quizás haya que retirarse a los cuarteles de invierno y evitar negociaciones que no sean imprescindibles. Cuando llegó al poder, la presidenta Marga Prohens ya previó que las negociaciones con Vox se irían complicando a medida que avanzaba la legislatura y centró esfuerzos en aprobar el máximo de leyes durante la primera mitad del mandato. Por tanto, la previsión es que en el tiempo que queda hasta las próximas elecciones la actividad parlamentaria no se intensifique.

¿Cómo ha ido con el resto de partidos? La izquierda no es una opción deseada por el PP. Por ejemplo, aunque los populares pactaron el decreto ley para regular las macrogranjas con MÉS por Mallorca, cuando lo desplegaron en forma de proyecto de ley optaron por VOX para sacarlo adelante. En cuanto a las proposiciones de ley, el Parlament ha dado luz verde a la ley del taxi del PSIB –con unanimidad– y una ley para prevenir las fiestas ilegales impulsada por Més por Menorca, así como la modificación de la ley para que los menores puedan entrar en los toros de Vox. Las otras dos –la ley para eliminar la Oficina Anticorrupción y la de regulación de vehículos en Eivissa– las presentó el PP.

Cambio respecto a los anteriores gobiernos

El ritmo al que el PP ha aprobado normativas está marcado por una tendencia a priorizar el decreto ley y un bajo ratio de proyectos de ley en comparación con las dos anteriores legislaturas. Durante el segundo gobierno de Francina Armengol (2019-2023) se llevaron adelante 26 proyectos de ley y cinco proposiciones de ley. Fue un mandato atravesado por la pandemia de la Covid-19 y, por tanto, también hubo hiperactividad en la aprobación de decretos ley: 38 en total. La mayoría de éstos, una treintena, decayeron poco después, porque eran medidas excepcionales, mientras que siete se desarrollaron después como proyecto de ley.

Por otra parte, durante el primer Gobierno de Armengol (2015-2019) se aprobaron 47 proyectos de ley y 21 proposiciones de ley, mientras que se llevaron a cabo once decretos ley, según los datos agregados del registro del Parlamento (dos de los cuales se convirtieron en proyectos de ley). "Se refleja la aritmética parlamentaria en cada momento", explica el analista político Toni Forners: "Los gobiernos de las Islas han estado en minoría desde 2015, lo que ocurre es que la actitud de los socios minoritarios era muy diferente". Así, Armengol conformó dos coaliciones de izquierdas que, a su vez, se sostenían en apoyos al Parlament y, aun así, aprobó leyes significativas, especialmente durante su primer mandato. "Había un consenso a la izquierda para desmantelar la obra del anterior gobierno, de José Ramón Bauzá (PP), y revertir la legislación en cuestiones educativas, sociales y la Ley de símbolos", recuerda. En cambio, en la legislatura 2019-2023 la reacción a la Covid-19 fue lo más importante: "Hubo más decretos ley y menos legislación ordinaria".

"La época de la cóvid-19 desvirtúa las estadísticas, hay que tenerla menos en cuenta porque fue excepcional", apunta el politólogo Guillermo Bezzina. Aunque ninguno de los tres gobiernos llegaba sin apoyos parlamentarios a los 30 diputados que marcan la mayoría absoluta, Bezzina establece una importante diferencia. "Armengol tuvo gobiernos en coalición y sus socios parlamentarios eran más fieles", expone. "No es lo mismo depender de un grupo afín que de Vox, que es mucho más disperso, poco fiable, con un comportamiento errático", considera. Además, el hecho de que tres partidos conformaran los dos gobiernos de la socialista hizo que "todos ellos tuvieran mucha iniciativa para convertir en ley sus promesas electorales", remarca.

El Gobierno estuvo conformado por el PSIB, MÁS por Mallorca y Más por Menorca la primera legislatura, con el apoyo externo de Unides Podem y, puntualmente, El Pi para la investidura, y el PSIB, Unidas Podemos y MÁS por Mallorca en la segunda legislatura, a sólo un diputado de la mayoría absoluta. "Ahora, hay un único partido que gobierna en minoría y debe negociar constantemente sus políticas con Vox", continúa el experto. "Al PP le es más difícil negociar con la extrema derecha, hay menos probabilidad de que se aprueben sus propuestas y debe hacer más concesiones", expone: "Esto desincentiva llevar tantas iniciativas con rango de ley en el Parlament".

"Los anteriores gobiernos tenían una voluntad más transformadora que se tradujo en mucha actividad legislativa, aunque esto, después, no siempre se haya notado en la realidad", afirma el politólogo Julián Claramunt. "Esto no sólo ocurre en las Islas Baleares, sino que, entre los gobiernos de derechas y los izquierdos, la izquierda suele legislar más y también es más intervencionista en el ámbito privado", afirma.

A Vox no le compensa facilitar nada al PP

En este sentido, considera que "Vox no está siendo un socio nada cómodo para el PP". "Las encuestas cada vez les dan mejores resultados, carecen de incentivos para facilitar las negociaciones", explica. Sin embargo, el politólogo considera que, si los populares quisieran tener más actividad legislativa, podrían intentarlo. "Hay temas en los que chocan con sus socios, pero se pueden hacer leyes sobre otras muchas cuestiones: el PP no ha tenido voluntad de ir a buscar a Vox para transformar", asegura.

¿Por qué no lo hacen, entonces? Por un lado, la extrema derecha ha empleado algunas de estas iniciativas como moneda de cambio para reclamar cesiones en otras cuestiones. Por ejemplo, Vox tumbó el decreto ley de aceleración de proyectos estratégicos que, según el Gobierno, estaba pactado palabra por palabra. ¿El motivo? Fue una represalia porque el PP no aceptó tramitar la ley de educación de Vox para arrinconar al catalán. Sin embargo, Claramunt apunta a otra causa: "El PP ha hecho el diagnóstico que, si no se mueve mucho, volverá a ganar". "Cada nueva ley implica abrir una negociación, tiene un impacto en los medios, y éste es un Gobierno que, aparte de tener poca voluntad transformadora, no tiene incentivos para insistir, salvo que sean cuestiones importantes como los presupuestos, donde siempre pierde lo primero que se levanta de la mesa", opina.

En el otro lado, Vox ha aprendido que crece en la confrontación. "Sabe que los partidos minoritarios, después de facilitar gobiernos, si no se desmarcan y diferencian, acaban perdiendo utilidad electoral y, por tanto, su relato de campaña", apunta Forners.

"Los partidos aplican una lógica parlamentaria que acaba desviándose del principio constitucional de la búsqueda del interés general, pero lo hacen con un relato muy inteligente", continúa: "Cuando Vox argumenta que no facilitará unos presupuestos hasta que el PP cumpla el pacto sobre los anteriores, está diciendo al votante que son".

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