¿Por qué los jóvenes cantan el ‘Cara al sol’?
La falta de respuestas políticas a la precariedad del mercado laboral y de la vivienda vira una parte de la juventud hacia la extrema derecha, que los radicaliza con mensajes sesgados y directos en las redes sociales
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CiudadelaUno de cada cuatro jóvenes menores de 25 años votaría ahora mismo a Vox en las elecciones generales. Lo dice el CIS, que en su última encuesta traduce en cifras lo que es una tendencia creciente que años atrás ya se ha significado, todavía con más fuerza, en otros países de Europa, como Francia, Alemania e Italia. La imagen de manifestantes que rozan la mayoría de edad cantando el Cara al sol frente a los acampados en Madrid por los decretos Maricarmen a favor de la vivienda lo ha evidenciado todavía más. Ser punk ahora es ser de derechas, confirman los sociólogos, que ven en las redes sociales y en la precariedad del mercado laboral y de la vivienda el caldo de cultivo de la radicalización y polarización de los mensajes y del movimiento reaccionario que se manifiesta entre la juventud.
La filóloga y exdiputada Laura Camargo, autora del libro Trumpismo discursivo, destaca la importancia de internet y las redes sociales para explicar la expansión de la ola reaccionaria que vivimos hoy en día. “Es una juventud individualista, que prefiere regímenes autoritarios y opta por mirar al pasado ante la falta de futuro”, comenta. Una generación formada por nativos digitales que pasan muchas horas enganchados al teléfono y que son víctimas de los “sectores de la extrema derecha que emplean las redes como laboratorios de ingeniería social” para radicalizarlos.
“Venden miedo y amenazas, proyectan incertidumbres, escandalizan y polarizan, todo a través de insultos, gritos, faltas de respeto y un lenguaje visceral y llamativo que el algoritmo interpreta como fácil de posicionar. Esto explica la facilidad con la que se viralizan sus contenidos”, remarca Camargo. Para ellos, “las personas migrantes, las feministas y, más recientemente, los jubilados son el enemigo. A estos colectivos se les imputa una especie de extractivismo de ayudas sociales que reducen los sueldos y las oportunidades de los mismos jóvenes”. Pero el verdadero problema, dice Laura Camargo, “no es tanto que voten a Vox, como la precariedad y la falta de horizontes que sufren, la ansiedad por alcanzar un estatus que perciben como imposible, el cual es un terreno fértil para relatos de orden y castigo y para modelos de autoritarismo eficiente”.
El sociólogo menorquín Borja Pellejero cree que la crisis económica de 2008 es la primera fuente de descontento que ha provocado la situación actual. “Los beneficios sociales que se nos vendían no han llegado y problemas que se han agravado desde entonces, como el de la vivienda, precarizan mucho a los jóvenes”, apunta. Ha sido esta “conjunción de dificultades sociales y económicas motivadas por gobiernos de izquierda que no han sabido resolver la situación lo que ha hecho virar a los jóvenes hacia la derecha”, dice Pellejero. Pero también añade otro factor, bien visible desde la crisis migratoria de Ceuta, “el discurso de que la gente que viene de fuera nos roba recursos a quienes somos de aquí. Y este discurso más rápido, fácil y permeable entra mucho más que el de las desigualdades sociales”.
Franco y el turismo
La historiadora Margalida Roig cree que la raíz está en los “discursos totalmente desinformados, las miradas muy sesgadas y las mentiras” que llenan el discurso neofalangista en las redes sociales. Es el causante –dice– de imágenes como las de Sol, con jóvenes gritando ‘vivas’ a Franco y Primo de Rivera como si fueran héroes de un pasado “ideal, que ahora se mezcla con el problema de la vivienda. Repiten que con Franco al menos sí que todos teníamos casa, cuando esto no es así. El conjunto de la población no vivió durante el franquismo con condiciones mejores que en la Transición, pero la extrema derecha lo difunde, reivindicando un pasado que realmente no existió”.
Roig cree que “la juventud y buena parte de la sociedad miran hacia la extrema derecha porque han dejado de creer en el estado de bienestar. La desconfianza en las instituciones, fruto de pactos supuestamente de progreso que han empeorado las condiciones de vida de la gente, les empuja a creer que los otros, la extrema derecha, sí que pueden tener la solución y aceptan su ideología”.
Este relato se extiende también, en el caso de las Baleares, al turismo. “La idea de que con el turismo Mallorca dejó de ser pobre cala todavía en muchos sectores, que defienden que o vivimos del turismo o nos moriremos de hambre, cuando tampoco nos aportó tanto en aquel momento respecto del resto del Estado”, recuerda. Aun así, Margalida Roig cree que este sentimiento “es un freno, una resistencia, al cambio de modelo que queremos en las Islas. De hecho, el monocultivo turístico que implantó el franquismo ha acabado siendo nuestra condena”.
Joven y sin piso, pero de Vox
Alejandro Llabrés, un joven de 24 años de Es Castell, es un claro ejemplo de ello. A solo 21 años fue el coordinador juvenil de Vox en Menorca y el candidato al Senado y, aunque hace un año dejó todos sus cargos en el partido, continúa dispuesto a votar a la formación ultraderechista en las elecciones. “Es la mejor opción en el ámbito nacional para provocar un cambio que el PP, por sí mismo, no haría”, dice Llabrés.
Como tantos otros jóvenes de su edad, vive con sus padres “porque los precios de los pisos son prohibitivos y el problema de la vivienda, como el de la inmigración, está descontrolado. A los miles de familias desahuciadas o que no encuentran una vivienda se deben añadir los millones de inmigrantes que han llegado estos últimos años”, comenta y añade datos. “Según el INE, el año pasado entraron 409.000 inmigrantes, pero solo se construyeron 94.000 casas. Las cifras –concluye– lo dicen todo”.
Su receta para solucionar la cuestión de la vivienda “no implica decretos mágicos. Esto no se arreglará en dos días, sino liberalizando suelo donde se pueda construir y agilizando la burocracia. Ahora mismo pueden pasar años desde que los promotores se arriesgan a invertir y obtienen el permiso para hacerlo”. Y la vivienda protegida “tampoco es ahora la solución, ya que el parque de pisos de protección oficial en Europa supone el 10% del total y en España, solo el 3”.
Así que, a su parecer, la creciente opción derechista de la juventud tiene que ver con “el descontento y la rebeldía. Llevamos años duros, con gente cada vez más pobre y que no tiene dónde vivir. Si los problemas crecen y crecen, ¿a quién votarás? ¿A los de siempre o a los nuevos que vienen con ideas diferentes? Esta es la clave. Los jóvenes nos hemos hartado de las viejas políticas de mentira y dar limosna, y buscamos un cambio. Queremos un puesto de trabajo para pagarnos nuestra casa y poder vivir bien”.
Xim Todo, de 29 años y presidente de Nuevas Generaciones del Partido Popular en Menorca desde el 2022, también nota “más apoyo” a sus ideas entre los jóvenes “porque ahora todo es más complicado. Han subido los precios de la vivienda y los sueldos no dan ni para emanciparse ni para hacerse autónomo y emprender iniciativas propias”. Esto hace que “lo que es revolucionario entre los jóvenes ya no sea ser de izquierdas y lucir una camiseta antifascista, porque estas cosas no te dan ningún fruto. Lo que todo el mundo quiere hoy en día es tener una vivienda y poder salir adelante en el día a día”.
Está claro que también el mensaje que llega a los jóvenes es importante para poder entender su reacción, “y las redes sociales son la vía más directa. Tiene mucho más impacto un reel de Instagram o un tiktok que no una carta a los periódicos o una nota de prensa. Si queremos corresponderles, los partidos nos tenemos que adaptar y hablar el mismo lenguaje que la generación Z”.
“Los mensajes breves y contundentes a través de las redes sociales son los que más llegan a los jóvenes”, confirma el secretario general de las Juventudes Socialistas de Menorca, Hendrik Reuter. Y son también los que movilizan, “porque dan respuestas sencillas, sin contrastar, a problemas complejos que en realidad requieren un esfuerzo de identificación y reflexión”.
Es a partir de estos mensajes que la extrema derecha, por ejemplo, “identifica a los inmigrantes como enemigos y reivindica como propia la defensa de España, cuando este sentimiento no es patrimonio exclusivo de ninguna ideología. Amar a España no es, precisamente, amar su bandera, sino cuidar de los servicios públicos y que todo el mundo pueda vivir con respeto”.
Hendrik Reuter, de 28 años y afiliado desde el 2019 a las JSE, es actualmente el asesor jurídico del Ayuntamiento de Alaior. Por tanto, tiene un buen trabajo y vive independizado con su pareja desde hace seis años. “En este sentido, me puedo sentir un afortunado, ya que mi situación es rara”, admite. Porque en su entorno sí que “percibe cierto malestar e incertidumbre por las expectativas frustradas de muchos jóvenes que han estudiado y ven bloqueado o retrasado su proyecto de vida”.
La mejor forma de combatirlo, entiende, no es votando opciones de extrema derecha, “como manifiesta una parte de la juventud que ahora hace más ruido que la otra. Me sabe mal ver imágenes como las de estos días en la Puerta del Sol de Madrid, con jóvenes cantando el Cara al Sol y proclamas a favor de Franco cuando, seguramente, desconocen que con el dictador no te podías ni divorciar ni se te garantizaban buena parte de los derechos sociales e individuales que hoy consideramos básicos”. Y la culpa, reconoce, “puede ser también de las formaciones de izquierda, que no hemos sabido transmitir lo suficientemente bien o de la forma sencilla que se nos demanda qué implican estas opciones políticas”.