"Gracias a Dios no somos socialistas"
Falta un año para las elecciones, pero los políticos se pelean como si ya estuvieran en campaña electoral
Cada semana en el Parlamento envejece como un mes de vida, y no es precisamente porque la Cámara y el Gobierno sean máquinas de transformación de la sociedad balear, ni del modelo económico, ni de la vida de los que no tienen casa o quizá quedan sin. Los partidos viven con una intensidad inusitada los debates estériles, las ofensas impuestas, los matices absurdos y la votación de proposiciones no de ley, que sería mejor que se dijeran proposiciones no de nada.
"Gracias a Dios no soy socialista", proclamó el consejero de Educación, Antoni Vera, que suele recordar su cristiandad públicamente para que nadie dude que es un político correcto. La consejera de Asuntos Sociales, Sandra Fernández, dio muestra de un fino sentido del humor y explicó a la diputada de MÉS per Mallorca Marta Carrió que "la gran diferencia" entre la izquierda y la derecha es que la derecha reconoce sus errores, como si la autocrítica no fuera una característica antitética a la clase política en general. El socialista Llorenç Pou exhibió un bingo de plástico rojo y amarillo para criticar el sorteo de plazas de la bolsa del Consell de Mallorca, mientras que los representantes de Vox destacaron las connotaciones ideológicas del plástico rojo, como si fuera una conspiración de algún grupúsculo de izquierda radical con la intención de enviar mensajes subliminales vete a saber a quién.
El consejero de Vivienda y Movilidad, José Luis Mateo, continúa adoptando medidas (sin resultados), y no es osado pensar que en el próximo pleno asegurará que el Gobierno está adoptando medidas todavía. Mateo fue el único que puso sobre la mesa el refranero español, ya que la consejera de Trabajo, Catalina Cabrer, no intervino, y le reprochó al portavoz de Més per Menorca, Josep Castells, que aprovechara que "el Pisuerga pasa por Valladolid". ¿Qué había hecho Castells para recibir este correctivo? Criticar que las compañías aéreas se aprovechan del descuento del 75% para residentes y reclamar la Obligación de Servicio Público (OSP) como mecanismo para poner un límite a los precios de los billetes que los menorquines tienen que pagar para volar a la Península.
Por su parte, el conseller de Empresa, Alejandro Sáenz de San Pedro, disfrutó de la navegación por internet en su ordenador, porque nadie le pidió nada y pasó desapercibido, una situación que sabe afrontar con gran habilidad.
Le Senne, la homofobia y la 'presidenta' Cañadas
El presidente del Parlament, Gabriel Le Senne, fue uno de los protagonistas del pleno, sobre todo después de que se plantara ante el IES Portocristo para denunciar un mural de parejas que se besan. Según este cargo institucional que debería representar a todos los ciudadanos de las Baleares, pero que solo lo hace con los cristianos heterosexuales, unas pintadas en un muro promueven orientaciones que podrían destrozar la vida de nuestros hijos. Como si la homosexualidad se pudiera inocular. Según Le Senne, una cosa es respetar y no asesinar a nadie por su orientación sexual y otra es ir mostrando sentimientos entre personas del mismo sexo.
Hay que decir que el presidente escuchó con calma las acusaciones de homofobia que le hicieron algunos representantes de la izquierda. Quizás fue simplemente porque no tenía una fotocopia con la imagen de Pedro Zerolo a mano para desgarrarla. Porque si hay algo capaz de provocar la ira de Le Senne, son las fotocopias.
La consejera de Presidencia, Coordinación de la Acción de Gobierno y Cooperación Local, Antònia Maria Estarellas, puso cara de circunstancias cuando el socialista Marc Pons le planteó la posibilidad de elegir un presidente del Parlament del PP. Más que nada porque, tal vez, no es del todo apropiado que la segunda autoridad de las Baleares se vaya "delante de un instituto a hacer proclamas homófobas". Por no mencionar que tiene un juicio pendiente por delitos de odio, además de su afición a juntarse con los amigos de la extrema derecha europea y faltar al pleno. "Le ofrecemos los 18 votos del PSIB para que elijan al diputado del PP que quieran. ¿Están de acuerdo en hacer este cambio?", preguntó Pons, "en defensa de los valores democráticos". "Yo estoy aquí como miembro del Govern", aclaró Estarellas, por si alguien no lo recordaba. Y, claro, lo último que te pasa por la cabeza si eres miembro del Govern es exasperar a los diputados de la extrema derecha, y menos aún con un proyecto de ley de proyectos estratégicos pendiente de votación.
En otra muestra de falta de institucionalidad, Le Senne hizo que la portavoz de Vox, Manuela Cañadas, pudiera intervenir antes de que la presidenta del Govern, Marga Prohens, respondiera a una pregunta del socialista Iago Negueruela. Cañadas apeló al artículo 81 del reglamento del Parlament para contestar las alusiones que Negueruela había hecho a su persona. El portavoz del PSIB había hecho referencia a cómo impone Vox un discurso de odio al PP y puso como ejemplo la decisión del Govern de retirar ayudas a personas que no acrediten años de residencia en las Baleares. "Faltan al respeto a todos los ciudadanos de toda España", criticó Cañadas, que sabe leer mejor que improvisar cuando le activan el micrófono. "Con ese corte de pelo...", continuó para añadir profundidad a su discurso. Y eso que Negueruela pensaba que su nueva imagen, con el pelo más corto, agradaría a la representante de la extrema derecha, como él mismo dijo.
Por su parte, Prohens aprovechó para reñir a Negueruela porque el PSIB ha pasado dos semanas recordando de manera compulsiva que la presidenta estaba en el Caribe mientras la gasolina subía gracias a los delirios de Donald Trump en Irán. La presidenta criticó "el espectáculo de las últimas semanas", con menciones constantes a su clase de bachata y calificó a los socialistas de "conjunto de inútiles". "Hoy no me ha dicho nada porque es tan cobarde que no me lo dice a la cara", remarcó Prohens. Quizás sea que los socialistas ya se habían agotado después de tantos días repitiéndolo.