Dialécticas salvajes

Qué quieren decir las Ítacass

El arte se convierte en refugio cuando nos ayuda a escribir, o a desescribir, los relatos que nos contamos para sobrevivir

Qué quieren decir las Ítaques.
01/08/2026 - 12:42 h.
3 min

Palma“Cuéntame, Musa, las hazañas de aquel hombre astuto, que anduvo errante mucho tiempo, después de haber destruido la sagrada ciudadela de Troya”. El Canto I de la Odisea comienza así. Cuéntame, Musa, un cuento, ¿el relato de un viaje, un regreso? ¿Una penitencia? ¿Acaso, una vida entera? Miquel Morey defiende que más importante que los hechos es cómo nos los contamos, cómo nos construimos (o nos construyen) el relato de lo que nos pasa.

Odiseo se ha convertido en un símbolo de la aventura humana, que demasiado a menudo se escribe en masculino ‘universal’. Un modelo que tantas veces ha excluido las sensibilidades diversas, pero que puede ser interpretado y reapropiado de muchas maneras. Odiseos, Penélopes, cíclopes, sirenas, lotófagos, diosas, incluso un perro, son seres que, en momentos concretos, nos pueden ayudar a pensar nuestros naufragios.

Homero, como reconocía Platón, fue el poeta que educó la Hélade. Quién sabe si cuando pedía la expulsión de los poetas de la república, solo hacía un intento desesperado para que la educación quedase en manos de los filósofos. Aun así, Platón confiesa su admiración hacia Homero en diversos diálogos. Como si el relato del poeta fuera una balsa para lanzarnos a las aguas de la vida. Dante hizo referencia al canto de las sirenas, y describió, a su manera, el encuentro en el Infierno entre Odiseo y Diomedes. Shakespeare compuso un drama donde hizo aparecer un fascinante Odiseo. Calderón de la Barca recreó un hombre aventurero, que “hizo morir” a Circe al abandonarla después de un gran enamoramiento.

En el siglo XX, el Ulises de Joyce rehace el viaje, inventa uno nuevo, que resuena como un universo paralelo. Nos cuenta la vida de Bloom y de Stephen Dedalus durante 20 horas, levantando un monumento a la literatura moderna. Y nos regala el inmortal monólogo final de Molly, alter ego de Penélope. Joan Maragall imaginó un amor imposible entre Nausica y Odiseo. Y, para terminar, sin ningún otro criterio que el azar de un cúmulo de relecturas posible, me parece de justicia poética recordar la versión de Penélope, divertida, irreverente, necesaria, que escribe Margaret Atwood.

Estas semanas, en el cine, Nolan nos cuenta otra vez la Odisea, no la de Homero, que hace siglos que es nuestra, la suya. Irene Vallejo nos explica que los debates encendidos y la indignación por la reinterpretación de la Odisea, vienen de antiguo. Si es poco feminista o demasiado inclusiva, si nos presenta un protagonista que en lugar de ser griego nos refleja a nosotros, si subvierte pasajes esenciales, si borra, reescribe o cuenta de maneras diferentes.

Irene Vallejo señala que Séneca, en el siglo I, ya tomó parte en una discusión similar. Escribió en sus Epístolas que lo importante no era la existencia de los personajes, la ubicación de los lugares, los itinerarios, las precisiones... Séneca defendía que todas estas preguntas no eran esenciales. Aquello que nos vale la pena saber, si hacemos caso al filósofo, es si la Odisea, después de los siglos, todavía nos dice algo sobre nuestras odiseas, sobre las tempestades que sacuden nuestra alma, cada día.

Acaso el arte se convierte en refugio cuando nos ayuda a escribir, o a desescribir, los relatos que nos contamos para sobrevivir, los cuentos que nos permiten flotar después de cada naufragio. Tanto da si hablamos de un desamor o de un exilio forzado. Cada uno construirá, gracias a los relatos ajenos, su propia caja de herramientas, porque las sensibilidades son diversas, y nos tenemos que contar muchos cuentos para poder vivir.

Ahora, que nuestra odisea colectiva es perder el lugar donde hemos nacido a fuerza de turismo masivo y de despropósitos políticos, estamos hartas y necesitamos contarnos que si perseveramos volveremos a Ítaca. Kavafis, inmortalizado en catalán por Carles Riba, nos promete que aun así al llegar sabremos qué quieren decir las Ítacas.

Quizás tiene sentido aferrarnos al cine, a la literatura: “Dime cómo habitar el propio territorio de manera digna, cómo navegar incluso después de un naufragio, para no desfallecer”, para salir a las calles con la fuerza de las musas, que siempre han podido más que las porras.

“y el xaloc y el migjorn chocaron, y el poniente de mal aire y el mestral, que es hijo del azur y el gran mar arrodola”.

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