¿Y si volvemos a abrir Sant Miquel de Campanet?
En Brígida
Dios también habita la iglesia medieval de San Miguel de Campanet, en el paraje del Pla de Tel, aunque ahora esté cerrada, oscura y húmeda. No es casualidad que los primeros cristianos del siglo XIII eligieran este lugar para edificar la bella y esbelta iglesia que nos ha llegado hasta hoy. Para mucha gente, creyente o no, es un espacio cargado de una espiritualidad profunda y serena. Algunos hablan incluso de un espacio mágico, habitado de memoria.
La iglesia de forestación, como la llaman, es una de las mejores conservadas del siglo XIII que tenemos en Mallorca. Conservada, a pesar del eterno misterio del porqué de la presencia del arco tapiado de la cabecera. Si quieres saborear toda su belleza y la de la región que le rodea, debes abrirte a la sabiduría de los sentidos, disfrutar del perfume de las flores, del rumor del viento y del bello canto de los pájaros entre las ramas de los árboles. Tienes que empaparte de su silencio. Todo ayuda a entender el mensaje de las piedras, la historia y la gente que un día también la habitaron.
San Miguel es un lugar sagrado. Con sus cipreses y pinos hacia, aquí al abrigo de Gabellí, durante siglos la tierra y el cielo se han unido mediante la oración, la naturaleza y la meditación interior. Pasear por sus alrededores, sentarse un rato en el patio y entrar con humildad en su interior constituyen una delicia y un regalo de la vida. Hasta aquí hemos hablado de patrimonio y de espiritualidad, pero necesitamos un tercer pilar para completar el ojo, el triángulo: el de la justicia social.
Hemos dicho antes de que la iglesia permanece cerrada, la humedad avanza lentamente por sus paredes. Hoy en día, el visitante encuentra la puerta vallada. Y la pregunta es inevitable: ¿qué significa conservar un patrimonio a menos que sea para ponerlo al servicio de la comunidad? Sabemos que existe una propuesta concreta para tenerla abierta. La Cooperativa SI, entidad de iniciativa social con una trayectoria consolidada en Campanet y otros lugares de Mallorca, ha planteado muchas veces ya través de diversos medios la necesidad de reabrir el espacio, ventilarlo, mantenerlo limpio, generar actividad cultural y, sobre todo, crear puestos de trabajo para personas con dificultades. Ya lo hicieron entre 2018 y 2021. Os puedo asegurar que fue una experiencia social y cultural que valió la pena. Las viejas piedras temblaron de vida. La trascendencia de su silencio fue compatible con el arte y la justicia social.
La Cooperativa SI se creó en Campanet en el año 2000. Es una entidad sin ánimo de lucro que tiene como objetivo general ayudar a las personas dependientes o con necesidades especiales y facilitar su inserción laboral y social. Acoge entre sus socios a personas con diversidad funcional. Básicamente, intenta cambiar "la forma de estar en el mundo". Trabaja para crear una red de apoyo personal en torno a quienes se encuentran en situación de aislamiento social debido a su discapacidad u otras circunstancias. También cuida a las personas mayores. La Cooperativa ha intentado volver a Sant Miquel con la intención de abrir ventanas y ayudar socialmente. El convenio expiró en el 2021 y no quiso renovarse por parte de la parroquia ni del obispado. ¿Por qué?
Por este motivo, actualmente están recogiendo firmas en Campanet y en el norte de Mallorca para que les escuchen, les miren y juntos puedan hablar. Encontrar un entendimiento y superar envidias, deshacer malentendidos o celos es fácil si hay voluntad de hacerlo. Curiosamente, en el seno de la Cooperativa hay creyentes practicantes. La comunión con el Evangelio debería servir para establecer puentes de diálogo y encontrar soluciones. Volver a abrir San Miguel no puede convertirse en un problema, en modo alguno. Debemos hacer visibles y priorizar las necesidades de los más vulnerables. Sant Miquel debe volver a dar sentido al pueblo de Campanet e iluminar el Pla de Tel con luces de solidaridad.
Ya hace demasiado tiempo que vivimos instalados en el exceso de ruido, en la sospecha y en la confrontación estéril. San Miguel, en cambio, nos propone otra cosa: silencio, espiritualidad y oportunidad. Los más vulnerables no buscan titulares ni debates volátiles de un día; buscan una clave. Una oportunidad, poder decir "estamos aquí" y tener un lugar digno en el mundo. Ya no basta con conservar piedras y campanas sin repique. El patrimonio, de no generar vida, se convierte en una escenografía vacía de sentido y significado. Necesitamos sentido. Y el sentido nace cuando el patrimonio, la espiritualidad, la fe y la justicia caminan juntos.
La intuición nos dice que sí, que Dios todavía habita la iglesia del Pla de Tel, en los encinares de Gabellí, donde el agua brota de las venas del mundo. Si es así, abrir San Miguel no es sólo conservar un templo: es abrir una oportunidad. No olvidemos las enseñanzas de los Evangelios, dejamos que se abran las puertas a los más débiles y necesitados, y que ellos mismos descubran esta intuición y su futuro, que también es el nuestro.