Unidad familiar 'de destino en lo universal'
El grupo parlamentario de Vox presentó hace unos días una proposición no de ley para que “el concebido no nacido” cuente como miembro de la unidad familiar. La proposición fue rechazada con los votos en contra de los partidos de izquierdas y la abstención del PP, a pesar de que en un principio el Gobierno se había mostrado “abierto” a estudiar la idea. En concreto, la consejera de Familias, Bienestar Social y Atención a la Dependencia, Sandra Fernández, estaba “dispuesta” a considerar esta medida, ahora por ahora impulsada por el gobierno de la comunidad de Madrid, para su posible implantación en estas afortunadas Islas.Alguien puede preguntarse qué es eso del “concebido no nacido”. Gramaticalmente es una construcción absurda, pero es lo que más o menos parece: se refiere a la criatura que se encuentra en gestación dentro del vientre de la madre y que, por tanto, todavía no ha nacido. El feto, en una palabra, pero como a la derecha/ultraderecha le parece que ‘feto’ suena como feo, le han buscado una denominación que ellos deben encontrar más elegante y que, como suele pasar en estos casos, es monstruosa. El concebido no nacido, aquí lo tenéis. La idea lleva el sello de la escudería Ayuso, donde el peperismo nuestro siempre tiene los ojos puestos. Prohens fue un poco ayuser en su paso por la política madrileña, que como sabe todo el mundo es la buena, la política en mayúsculas. De vez en cuando importan cosas suyas: ahora un recorte de derechos a los inmigrantes por aquí, ahora unas declaraciones racistas allá, todo de buen tono y propio de personas con conocimiento. El concebido no nacido, por qué no, forma parte de la unidad familiar. La unidad familiar es la manera complicada de denominar a la familia, que como también es sabido hoy en día puede ser de muchas maneras, como los helados, pero que en su sentido estricto, para nuestra derecha bienpensante, continúa estando formada por el papá, la mamá, los hijos y las hijas. Y el concebido no nacido, tantos como haya. Es una idea excelente que ojalá algún día prospere y se aplique hasta las últimas consecuencias: por la misma lógica, deberían considerarse también miembros “de la unidad familiar” los padrinos y las madrinas ya difuntos. Los no nacidos y los ya enterrados: de esta manera conseguiremos tener una unidad familiar bien completa. La iniciativa no es ninguna broma, sino un ataque directo contra los derechos de las mujeres, y singularmente contra unos derechos, los reproductivos, que la nueva derecha –de nueva derecha– tiene identificados como objetivos a abatir. Se trata de hacer la gran involución, de recortar tantos derechos –a las mujeres, a los inmigrantes, al colectivo LGTBI, a los trabajadores, a las minorías lingüísticas y culturales– como sea posible. El aborto, que aparentemente se había convertido en un derecho consolidado en los ordenamientos jurídicos de las democracias occidentales, tiembla nuevamente bajo la presión de la embestida ultraderechista global, que ha hecho correr las piezas de esto que se llama el tablero político muchas casillas hacia la derecha. De esta manera, formaciones de reconocida tradición liberal se han escorado en Europa hacia posiciones de derecha dura. Ahora imaginemos qué no hará una formación de reconocida tradición franquista, y además gobernando en minoría con el apoyo de un partido abiertamente fascista.No debemos cansarnos de decirlo: esto que hacen juntos el PP y Vox es un viaje hacia ninguna parte en el que nos jugamos mucho más de lo que pensamos. Aunque no salgan adelante (de momento), cuando ciertas propuestas se ponen sobre la mesa e intoxican la conversación pública, todos ya hemos perdido un poco. Imaginar unidades familiares delirantes, dar pasos atrás en los derechos de las mujeres o prohibir usar el transporte público a los no empadronados son primeros pasos no hacia las dictaduras imaginarias que dice Ayuso que sufren los españoles, sino hacia un autoritarismo bien real y bien funesto.