La playa del Trenc.
13/04/2026
Escritor
3 min

Hace unos días, MÉS per Mallorca alertó que el Govern de Marga Prohens se prepara para desproteger el Trenc o, si más no, modificar la Ley de declaración del Parque Natural para rebajar su protección. Lo hacen dentro del llamado Decreto ley de proyectos estratégicos, una normativa ómnibus que (como ya habéis podido leer en ARA Balears), en realidad, esconde una profunda reforma legislativa que busca tumbar o modificar una setentena de normas vigentes mediante la presentación de 88 enmiendas que, en la gran mayoría de los casos, poco o nada tienen que ver con los proyectos estratégicos que son objeto del decreto ley. El propósito es satisfacer las exigencias de Vox y la agenda del mismo PP en cuestiones relativas a urbanismo, turismo, servicios públicos, inmigración y lengua catalana. En el caso concreto del Parque Natural del Trenc, la martingala implica añadir una disposición final a la Ley de declaración del Parque Natural (Ley 2/2017): esta disposición final llevará el título (¡ay!, tan sugestivo a oídos de la derecha nostrada) de 'Deslegalización', y buscará que se puedan modificar las medidas recogidas en la normativa mediante un simple decreto, que pueda ser aprobado por el Consell de Govern. Dicho más breve: juegos de manos legislativos y filibusterismo parlamentario, en busca de atajos para satisfacer los propios intereses y los de los socios de Vox. Intereses que pueden ser pecuniarios o ideológicos, o las dos cosas a la vez.

Es una noticia que nos puede dejar boquiabiertos por el atrevimiento: el Parque Natural maritimoterrestre el Trenc-Salobrar de Campos, que es su nombre completo, es un área incluida dentro de la red europea de protección Red Natura 2000, y eso quiere decir que cualquier modificación en la normativa que le afecta requiere el visto bueno de Madrid y de Bruselas. Tan enemigos como decían que eran del estado de las autonomías, pero después la gente de Vox (el PP es, a duras penas, su brazo ejecutor y no muy listo) no dudan en utilizar el ordenamiento autonómico para subvertir el orden establecido en España y en Europa cuando lo consideran necesario. De momento, querrían relajar la normativa referente a la instalación de chiringuitos y a la recogida de posidonia, dos de los caballos de batalla de la derecha y la ultraderecha españolistas de las Baleares.

La iniciativa (contra la cual MÉS per Mallorca ha anunciado un contencioso al Tribunal Constitucional) decíamos que sorprende, pero a la vez no sorprende nada. Desde el primer momento, el PP de las Baleares, y particularmente el PP mallorquí –y, aún más en particular, el PP campaner–, vivió la declaración del Trenc como Parque Natural como una tragedia. Ellos piensan que de las playas de Campos se había de poder hacer como en la bahía de Palma y construir allí complejos turísticos y residenciales al por mayor. Para ellos, la desprotección del Trenc es una reivindicación histórica, un agravio que se les ha de compensar. Ónde se ha visto, ¿no podemos llenar de hormigón, asfalto y turistas todo el Migjorn de Mallorca?

Aquello que en parte sí que sorprende es que gobernantes jóvenes, como Prohens y Sagreras, hayan heredado intacto el agrio resentimiento de sus predecesores y que quieran resarcirlo como si fuesemos todavía en los años 80 o 90, cuando se dedicaban a difamar al poeta Damià Huguet por ser uno de los promotores de la campaña ‘Salvem el Trenc’. Aquella campaña no fue tan solo uno de los grandes éxitos del GOB y del ecologismo: fue un éxito de todos los mallorquines y de toda la Mediterránea. Nuestra derecha, sin embargo, no ha aflojado en su determinación de destruir el Trenc (y llenarse los bolsillos, de paso). Ahora, además, quieren hacerlo de la mano con un partido fascista que vive de explotar, desde la más baja politiquería, el odio contra los mallorquines. Es una venganza.

stats