10/04/2026
Director del ARA Balears
2 min

PalmaNo hay semana que no hablemos de alquiler turístico. Y es normal. Se ha convertido en una actividad omnipresente. Se hacen estudios, análisis, diagnósticos, pero a la hora de la verdad, nadie sabe con detalle cuántas propiedades están en el mercado. Y es que con la cantidad de sistemas y plataformas, oficiales y domésticas, que ofrece la tecnología, es prácticamente imposible.

¿Quién controla que un mal llamado inversor que ha comprado dos pisos en Santa Catalina o en Ciutadella ponga un anuncio en redes sociales, o pase fotos por grupos de whatsapp? Este fenómeno es el principal problema social y por tanto económico que tienen las islas. Con una ocupación prácticamente plena, la gente no llega a fin de mes.

La ecuación es sencilla. A los propietarios les resulta tan provechoso el alquiler turístico (legal o ilegal) que miles de propiedades huyeron y no han vuelto al mercado del alquiler convencional. Y las propiedades que quedan, por pura ley de oferta y demanda, son inasumibles.

Hay que devolver con urgencia la gran mayoría de los pisos y las casas a su función de hogares, y ya no hablemos de aquellos que, encima, actúan fuera de la ley. Propuestas como la de Coalición por Mallorca, de reducir las plazas, o que cada persona pueda tener solo un alquiler turístico, son del todo acertadas.

Por eso son muy importantes también las inspecciones turísticas. Y no basta hacerlas, sino tramitar los expedientes. Que no pase como en Medio Ambiente, que han prescrito cientos de casos. Y es normalísimo que el presidente del Consell de Mallorca quiera resultados. En Ibiza han demostrado que a base de insistir y poner recursos, al menos se retira oferta ilegal. De decrecimiento, hablamos otro día.

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