23/04/2026
Escritor
2 min

¿Quince, quizás? ¿Veinte, como mucho? No hace tantos años que tengo una conciencia política mínimamente documentada y fundamentada, pero no soy capaz de recordar época alguna en que los ánimos del país hayan estado tan bajos. Viví la irrupción de los movimientos sociales en Twitter, indignados incluidos; participé tanto como pude y más en la espectacular respuesta de la sociedad isleña a los intentos de exterminio lingüístico del Gobierno de José Ramón Bauzá; fui testigo, como observador lejano, del gozo anaranjado de la primavera valenciana, y no hace muchos años latí con la otoñada catalana y el referéndum de autodeterminación, el movimiento antirepresivo después… ¿Y ahora? ¿Dónde estamos, ahora, que los ciudadanos de los Países Catalanes parecemos estar tan desanimados?Todo apunta a que el país vive un momento de resaca de aquello que podríamos haber sido o conseguido y que no pudo ser. Y no solo me refiero a la independencia del Principado, que habría sido un magnífico primer paso para la constitución de una república federal entre los diferentes Países Catalanes, sino también a las ideas de progreso que proponían los gobiernos del País Valenciano y de las Islas y que, fuera por falta de consenso entre las fuerzas que los conformaban, fuera por falta de valentía y de contundencia a la hora de avanzar, no se llegaron a consolidar. El uso social de la lengua parece estar bajo mínimos, el debate político está carcomido de arriba abajo por el odio y por el resentimiento, y de repente, en Mallorca y en el Principado, dos nuevas fuerzas supuestamente autocentradas (en Valencia, ya manda Vox…) han empezado a defender a tort y a derecho los mismos discursos excluyentes de la extrema derecha mundial.Alguna cosa, sin embargo, me dice que hay esperanza, y que esta vez la esperanza vendrá de uno de los colectivos más juzgados y puestos en duda a lo largo de todos los tiempos: los que salvarán la lengua (es decir, el país) serán los jóvenes. Después de la generación de héroes que en los años setenta y ochenta lucharon por establecer las leyes e instituciones propias que hoy aún conservamos, y de la posterior oleada de los 'baby boomers', que con todo el amor lo digo, se pensaron que ya lo tenían todo pagado y ahora ven que no, una nueva hornada de jóvenes con empuje ha estallado por todo el territorio. Me lo hacen pensar iniciativas como el Acampallengua, no hace muchos días en Manacor, o bien el Correllengua Agermanat, que entidades de jóvenes de todo el dominio lingüístico han puesto en marcha gracias al estímulo y punto de encuentro que ha sido el Nuevo Congreso de Cultura Catalana. O bien el Sant Jordi por la Lengua, con manifestaciones en diferentes ciudades del Principado, organizado en gran parte, también, por entidades y sindicatos liderados por la juventud.Sí: quizá serán ellas, ellos y ellas. Lo harán desde la autoestima y el amor por la diversidad, en línea o en asamblea o en corros de baile de bot, y los otros no siempre los entenderemos. Lo importante, pero, es que hay una generación que no piensa rendirse, y con eso, a menudo, ya basta para volver a empezar.

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