'San Jorge, la noche del fuego en Mallorca'
Como se suele decir hoy en día, la frase que da título al escrito de hoy “es real”, “literal”, si queréis. Escrita un 23 de junio al anochecer, y no un 23 de abril ante una hoguera de libros encendidos. Y el “santo” es claro, transpuesto al inglés, que a veces es la manera que uno tiene de sentirse próximo a la diferencia de la lengua catalana.En ningún caso podemos hablar de anécdota, sino de una manera de vivir la fiesta de San Juan masiva, deslocalizada y acultural. Las imágenes de la playa de Palma abarrotada talmente como si fuéramos en Ipanema un día de carnaval cualquiera se han hecho virales. Como también se han hecho los perreos, el reguetón, las tostadas y los inefables farolillos voladores que llenan el cielo con la fastuosa luz de futuros incendios forestales.Todo esto pasaba cerca de medianoche, la noche más corta y el día más grande... Algunas horas antes, a las dos en punto, Sebastià Salort subía las escaleras de la casa Olivar de Ciutadella, en la plaza de la Catedral. Allí le saludaba, todavía ataviado de calle, con un lustroso traje de color gris perla, Ignasi Saura Sánchez: —Señor cajero, estimado Ignasi Saura Sánchez, ¿me da usted permiso para comenzar el recuento? —Buenos días, Sebastià, con mucho gusto, puede comenzar el recuento. —Así lo haré.Lo que viene después es un estallido de gozo, un estallido inmemorial al sentir el primer toque de flabiol. Miles de personas han esperado en silencio el primer toque, centenares de bachilleres mallorquines que no saben qué es un flabiol ni han visto nunca uno de cerca. Miles de visitantes que beben en los bares ciutadellenses por Sant Joan, pero que no saben que a las dos, a aquella hora, empieza todo, orgullosos de hacer pomadas sin saber que Ciutadella es una escapatoria particular de Quíbia donde beben ginebra con limonada. Es una Menorca diferente, tan ancestral como conservadora, tan antigua como catalana, tan medieval como armoniosa.Pasarán las horas del Sábado de San Juan. En el puerto de Ciutadella la rissaga ahora será humana. Encima de los pedregales, centenares de jóvenes empapados de zumo, deleitosos de amor, dejan el vaso de plástico con un culín de cubata para que no se vaya volando... Al amanecer el silencio será todavía incapaz de abrirse camino. Por las cabezas de los rincones, algunas parejas lo darán todo a los cuerpos. Los olores se entremezclan con la música del jaleo rebotando todavía dentro del cerebro...A algo menos de 65 kilómetros en línea recta, el canto matutino de los petirrojos y los mirlos se asoma entre la vegetación que se ha adueñado de la carrera. Hace casi una década que en las casas del huerto del Correo, en Manacor, los niños afectados de romput no pasan por dentro de las ramas mágicas del membrillero. La tradición ya no es una alternativa ilusionante al quirófano. La historia se ha desvanecido, como se desvanece la oscuridad cuando se alza el día. No se oyen los llantos de los niños desnudos en brazos de las madres. Ni la risa alentadora de los amos de la posesión. Los señores ahora buscan quién se los quiera comprar... Buscamos quién nos quiera comprar las casas, las tierras, los caminos. Incluso la lengua, la tenemos venal.Son dos San Juanes y un San Jorge, tres muestras de un territorio prostituido, de un pueblo vendido que solo saca la cabeza con alguna reivindicación folclorizante, o cuando siente herida la línea de flotación de la dignidad. Fuimos un paraíso. Transitar hacia el infierno. Mientras tanto, los hay que, en vez de presionar a los hoteleros y a los constructores, en vez de prohibir el alquiler vacacional, en vez de buscar alternativas al monocultivo turístico, en vez de promover la adoración al capital y al enriquecimiento rápido, fijan la mirada llena de odio en la población que ha llegado a Mallorca procedente del norte de África, de la América del Sur y del mundo mundial en general.Ya es suficiente, de mirar el dedo para no tener que mirar la luna. Quien vende lo que tenemos, quien prostituye lo que somos y lo que hemos sido son los que van cortos de dinero y de provincianismo, los que vienen a bien, a poner la cabeza bajo el yugo de quien nos quiere unir. Ya es suficiente de culpar a quien viene para no tener que pensar quién es el que de verdad nos hace poner la cabeza bajo el agua...