Quizá lo único que podemos decir del fenómeno therian es que es un fenómeno. Que la gente salga disfrazada de animal, que diga identificarse hasta el punto de confundir su personalidad con la de una bestia, o que vaya por el mundo a cuatro patas y haciendo ruidos animalísticos, no es algo menor. Pero que se hable de ello en todo el planeta como si fuera algo a tener en cuenta, o un peligro, o una señal de locura colectiva, o una más de las pruebas que demuestran que vivimos en 'la decadencia de Occidente', no deja de ser aún más revelador.
Porque si algo me deja claro la actualidad de estas convocatorias de adeptos a la transformación animal es que hay más gente haciéndoles fotos o escarniéndoles que seguidores de Gregor Samsa. Este personaje de Kafka se despertaba una buena mañana convertida en escarabajo, pero parece que hay algunas personas, muy pocas, que querrían lo mismo, pero siendo un caballo, un gato, un perro, o un tigre. El cinismo clásico de Diógenes prescribía precisamente eso: 'Sea como perros'. Y de ahí deriva la palabra 'cínica'; según esta vieja filosofía se reivindicaba la naturalidad, el no tener vergüenza, liberarse de las convenciones sociales, pero también la capacidad de comer cualquier cosa, y el ansia de mantenerse alerta —ladrondo— ante la verdadera virtud. Y puede que no sea éste el mensaje que nos quieren hacer llegar los grupúsculos therianos?
Cualquiera que haya sido chico ha fantaseado ser un gato y poder saltar y trescar por los tejados, o un perro, y poder pasar todo el día tumbado. El animal ha ocupado también, en las fantasías políticas, el lugar que antes ocupaba el buen salvaje: el ser incorrupto, limpio de las perversiones que la sociedad nos inocula a todos. Ya no queremos redimir al proletariado sino a las bestias. Y estoy seguro de que al igual que los hijos de las clases medias —o de cierta burguesía— se disfrazaban antes de obreros, ahora quieren parecerse a un lobo gris oa una jineta, y se ponen una máscara y un abrigo de pelo sintético.
En Barcelona, el otro día había más de 3.000 personas por sólo ver a una decena de estos personajes disfrazados. Desde la derecha quieren relacionar todo esto con la cultura woke, como si también se pidiera carta de naturaleza al cambio de especie, como antes se han dado al de género. Hay reservas de odio que se han volcado abundantemente sobre este tipo de gente bestializada, como si fueran desertores de una humanidad que queremos defender de estos personajes estrambóticos, al igual que ciertos supuestos heterosexuales sienten que los homosexuales ponen la especie en peligro. Pero nada de eso es peligroso, o no por los motivos que parece. Y al mismo tiempo imagínate que un hijo tuyo prefiere ser un pony a ser hijo tuyo.
Lo podemos leer de diferentes formas, aunque la más fácil es la más evidente: hay gente que se cansa de ser persona humana, porque vivir en este planeta como humano cada día tiene un mayor coste en dignidad, y en euros. Los therianos nos ponen un espejo delante, aunque pueda ser sostenido por su estupidez.