Turistas del norte, inmigrantes del sur, residentes de segunda
Esta semana en el Parlament el conseller de Turismo, Jaume Bauzà, se exclamaba con palabras gruesas por el hecho de que la oposición (en este caso MÉS per Mallorca, a través de su portavoz, Lluís Apesteguia) expresara la idea de que hay que dar preferencia a los servicios públicos para los residentes, frente a las promociones para los turistas. “Les quieren pagar hasta la bicicleta”, se escandalizaba el conseller, e ironizaba: “Si son locales, si votan aquí, alfombra roja. No masifican, no saturan, pueden correr por todas partes. ¡Alerta, pero, si son de los países del norte!”. Todo eso lo decía con unos gritos que no le habría hecho falta el micrófono, y lo remató con un exabrupto bien castizo: “Coño!”. Como otros miembros de su ejecutivo, Bauzà parece tener problemas para distinguir cuándo está en el Parlament o cuándo se sienta en una terraza con amigos en las afueras. Dicen, por cierto, que este hombre también es conseller de Cultura.La idea que intentaba exponer el conseller Bauzá tampoco es exactamente nueva: se resume en que priorizar las necesidades de los residentes frente al ocio de los turistas es un pecado de egoísmo. “Los mallorquines vivís en el paraíso y lo querríais para vosotros solitos”: esta frase se repitió a menudo en tiempos de la campaña SOS! Turismo, en los años de la pandemia. El conseller ha hecho un añadido de calidad, que consiste en lamentar la buena vida de que gozamos los residentes, en contraposición al menosprecio que sufre la pobre gente que viene a visitarnos procedente “de los países del norte”: estos, ya se sabe, no hacen más que aguantar impertinencias, malas caras y turismofobia. Sin embargo, continúan viniendo, porque son abnegados y buena gente, y lo hacen en una cantidad más y más grande de cada año. Todo esto tendría, según el conseller, una clara motivación electoralista, porque –atención– los residentes votan aquí, estos reputados. Lo hacen, ya se ve, para poder mantener su estatus de casta injustamente privilegiada, en detrimento de la sufrida gente “de los países del norte”, que siempre quedan por los rincones. Ya no es un turista un amigo, como en el viejo eslogan. Ahora ya sería: compadecámonos del turista, a quien lo debemos todo y a cambio no tiene nada.No merecen tanta consideración, en cambio, los inmigrantes que ya viven en Baleares y que ahora se pueden acoger a la regularización legislada por el gobierno español. Según denuncia el Partido Popular de Madrid, y como repite obedientemente el Partido Popular de Baleares, esta regularización vuelve a ser una maniobra electoralista, en esta ocasión del pérfido Pedro Sánchez, para hacerse suyos los sufragios de unos supuestos inmigrantes agradecidos. Esta idea es una intoxicación, ya que los inmigrantes regularizados no adquieren el derecho a votar hasta que no obtienen la nacionalidad española, un trámite que se puede retrasar hasta diez años. Peor que inventarse votantes falsos, sin embargo, es que el PP quiera difundir la sospecha de que todos estos inmigrantes regularizados sean delincuentes en potencia, “violadores de mujeres”, como dijo Feijóo, un hombre siempre desbordado por la circunstancia. La criminalización de los inmigrantes es, como sabe todo el mundo, una consigna típica de la ultraderecha.El rànquing de ciudadanos, pero, queda claro. Los peores son los inmigrantes del sur, que son criminales, seguidos de los residentes, que son unos consentidos. Quienes, por contra, han sido menospreciados, a pesar de todo lo que han hecho por estas Islas, son nuestros hermanos de los países del norte. Para ellos serán las atenciones del Gobierno y la tierra prometida (servida en suculentas promociones inmobiliarias).