El mar engulle la estupidez
Las imágenes de la casa de Nicolas Cage en Malibú dan miedo. Las autoridades admiten que las olas y mareas asociadas al huracán Marie, que ha golpeado la costa del sur de California, son la causa directa de la destrucción de esta y otras casas, que como tantas otras se levantan en primera línea, poderosa y altiva para ofrecer a su propietario la exclusividad de una vista que los pobres no pueden tener.
En esto se basa el lujo y, a menudo, la estupidez humana. En querer estar por encima de los demás. En este caso, la naturaleza ha dicho que está por encima de todo, y se ha comido parte del edificio.
Hace décadas que los científicos advierten sobre los efectos de la subida del mar. Y añaden que hay que evitar el incremento de las emisiones y, por supuesto, empezar a tomar medidas para evitar daños a las personas y a las cosas. ¿Y qué hace la humanidad en general? Pues ignorarlo por completo.
¿Y en el caso de Baleares? Pues dos cosas. Mirar hacia otro lado por parte del Estado durante décadas de abusos sobre el dominio público. La blandura y la inacción cómplices no tienen nada que ver con el espíritu ejemplar de la Ley de costas. Y la segunda cosa, tramitar una ley litoral que aspira a salvar construcciones ilegales hechas sobre dominio público. Con un argumento de equilibrismo, por no decir otra cosa, sobre el valor patrimonial de estas edificaciones, que en general no tienen ninguno.
En el País Valenciano, los tribunales ya han tumbado esta idea tramposa que ahora ha copiado para Baleares el Gobierno Prohens. Lo que no he sabido nunca es si hacen la ley para hacer ver, a quienes prometieron arreglarlo, que lo han intentado, o realmente piensan que tiene opciones de prosperar la invasión de competencias estatales.