Tribuna abierta

La tormenta perfecta sobre las Baleares: El doble expolio que nos aboca al autoodio

Antoni Borràs
11/09/2026 - 19:45 h.
Arquitecto
3 min

Vivir en las Islas Baleares se ha convertido, para la mayoría de sus ciudadanos históricos, en un ejercicio de resistencia casi imposible. Bajo una capa de cielo azul y postales idílicas para turistas, late una realidad dramática: el Archipiélago sufre una pinza económica y social diseñada desde fuera que nos vacía por dentro. Por un lado, un estado español que nos mantiene atados de pies y manos (con el ‘tú más que yo’ de la corrupción generalizada); por el otro, una Unión Europea que nos utiliza como el patio de recreo y residencia de lujo de sus élites (a cambio de fondos europeos dirigidos a puntos estratégicos nacionales y europeos).El resultado de esta fórmula es el empobrecimiento sistemático de la población local. La doble trampa: salarios de la España vaciada, precios de la Europa acomodada.El expolio balear no se explica sin entender una paradoja sangrante. El Estado español mantiene en las Islas una estructura salarial que no se diferencia de la de la llamada ‘España vaciada’. Se pretende que un docente, un policía o un administrativo viva en Palma y en Ibiza con el mismo sueldo que tendría en Teruel o en Zamora.Esta falta de compensación real por la insularidad ha provocado un colapso administrativo y social: los funcionarios del Estado ya no quieren venir a las Baleares, porque venir significa, directamente, perder poder adquisitivo y rozar el umbral de la precariedad.Mientras Madrid nos mantiene atados a la pobreza salarial, Europa pisa el acelerador del coste de vida. La avalancha legal de nuevos residentes adinerados —procedentes del norte de Europa y de medio mundo— ha disparado los precios de la vivienda y de los servicios básicos hasta niveles prohibitivos. Nos encontramos atrapados en una ratonera invisibilizada: ganamos como en la España del interior, pero pagamos como en la Baviera más opulenta.Ante este escenario de asfixia, muchas familias baleares se han visto abocadas a una triste realidad para sobrevivir y emigrar de nuevo, o bien mantener un mínimo nivel de vida: desprenderse del patrimonio familiar. Vender la casa de los abuelos, el terreno de toda la vida y el pequeño negocio local han pasado de ser una opción a ser una cuestión de estricta necesidad.Es aquí donde se activa el mecanismo más perverso de la maquinaria colonizadora. En lugar de señalar las causas estructurales, el relato oficial nos señala a nosotros."Sois unos fenicios que venderíais a vuestra propia madre", nos espetan con condescendencia del foráneo no integrado.Se trata de una de las maniobras de manipulación psicológica más antiguas de la historia: culpabilizar a la víctima de su propia explotación. Se ha conseguido el milagro de instalar el autoodio en el corazón de los baleares, haciéndonos creer que somos los únicos responsables de este expolio consentido.Pero si hay un elemento que roza el masoquismo colectivo es el comportamiento político en las Islas. Como sociedad, no solo hemos comprado el relato de la culpabilidad, sino que continuamos premiando en las urnas a los partidos que perpetúan esta situación.Las fuerzas políticas de obediencia estatal —especialmente alimentadas por el voto de los recién llegados peninsulares que a menudo miran con recelo la identidad local— continúan copando el poder. El PP, Vox y el PSIB-PSOE y Podemos actúan sistemáticamente como sucursales de Madrid.Incluso aquellos que se presentaban como los "salvadores de la gente", como Podemos, han acabado dando la espalda al pueblo balear. La última muestra de esta traición ha sido el rechazo de la formación (que se ha sumado a otros bloques estatales derechistas) a la proposición de ley de MÉS para establecer un salario mínimo interprofesional propio para las Baleares que se adecúe al coste real de la vida aquí.Mientras el tejido social balear se deshace, el Parlamento de las Islas prefiere mirar hacia otro lado y obedecer los dictados de los despachos de Madrid. ¿Hasta cuándo pediremos perdón por tener que vender para sobrevivir? ¿Hasta cuándo alimentaremos con nuestros votos a los mismos partidos que nos condenan a ser ciudadanos de segunda en nuestra propia tierra?El primer paso para detener el expolio es, sin duda, desterrar el autoodio y comenzar a señalar, de una vez, a los verdaderos culpables.

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