¿Podría hablar en catalán? “No, sin embargo, la mitad no nos entenderá”

Pruebas de evaluación de nivel de catalán en un CEIP de Palma.
21/09/2026 - 08:20 h.
4 min

—Samuel, con sinceridad, ¿tú a tus hijos les hablarás en catalán?

—No.

—De aquí a cien años vuestros nietos apenas recordarán que vosotros un día supisteis hablar en catalán, si todos decidís dejar de hablarlo. En el sustrato del español que se hablará en Mallorca de aquí a cien años tan solo permanecerán un puñado de palabras del mallorquín que ahora oís: “Bé”, “idò”... Si lo abandonáis vosotros, la lengua catalana desaparecerá, porque nadie más que nosotros en ningún lugar del mundo la habla. Se extinguirá como desaparecieron los mamuts, el tigre de Tasmania y el león marino del Japón. Se fundirá en los anales del tiempo como el bramido de los últimos dinosaurios.

Samuel es alumno en un instituto cualquiera de Mallorca. Samuel, en su día a día habla con todos sus iguales en español. Está avergonzado de hablar la lengua de su familia. Incluso con los profesores empieza siempre en español. Hoy la tutora ha llamado a su madre para presentarse, en este inicio de curso. La madre de Samuel habla en catalán con total soltura. Él, en cambio, no se siente nunca cómodo, nada. Es la realidad repetida entre muchos jóvenes de origen catalanohablante en muchos lugares de todo el territorio. Por un lado, se rompe la cadena de transmisión de padres a hijos, primero en el ámbito competencial, con niños y jóvenes que han perdido de forma alarmante la fisonomía lingüística catalana, tanto en el aspecto fonético como en el morfosintáctico y en el fraseológico, y que no son corregidos por sus progenitores que no perciben estas ‘nuevas’ maneras de hablar como una incorrección o un problema que haya que enmendar; y después en el ámbito del uso de la lengua, tanto en lo que respecta al uso social con externos, como también, incluso, en el entorno familiar. Las renuncias se cuentan por miles.

Así, pues, el único entorno seguro lingüísticamente para los jóvenes de hoy, tanto para quienes han aprendido la lengua catalana en su casa, como para quienes se aproximan a ella desde un entorno más social, es la escuela. O eso pensábamos. Se debe pensar, el lector amable, que quien escribe se quiere referir ahora a la apisonadora lingüística en la que se han convertido las escuelas e institutos, donde, yendo bien, encontramos dos o tres alumnos catalanohablantes en cada aula.

Pero no. No veníamos a hablar de esto, hoy. Durante este comienzo de curso, los sindicatos educativos han ofrecido sesiones informativas para los nuevos docentes interinos para informarles de la naturaleza y funcionamiento de los diferentes requisitos y trámites que se deben superar para poder llegar a acceder a una plaza de profesor. El responsable de una de estas reuniones informativas del sindicato ANPE, comenzó su alocución en español. Al punto intervino una maestra, pidiendo explicaciones por la lengua elegida. “De todos modos, la mitad no nos entenderá”. Más allá de la posición lingüísticamente miserable de este sindicato, cuyos responsables no tienen inconveniente en cambiar de lengua cuando “la buena educación” así lo requiere, podemos inferir que la anécdota no es casual ni gratuita.

Requisito de catalán: A1

Este año la Consejería de Educación ha decidido que el requisito lingüístico para acceder a una plaza de docente interino este año es un A1. Para los que sean legos en la cuestión, el A1 es el nivel más bajo que se puede acreditar en conocimientos lingüísticos. Para obtenerlo hay que demostrar una cierta comprensión de textos orales sencillos, y una capacidad expresiva mínima en lengua catalana. Vaya, que basta con chapurrear un poco de catalán y entender una instrucción sencilla, por ejemplo. Pero que estén tranquilos los alarmados defensores de la lengua, que el día 30 de junio, si no han acreditado el C1 más el FOLC, todos estos docentes serán destituidos de su puesto de trabajo. Lo que no dicen es que en el trámite que se abrirá durante el verano para acceder a las listas del curso siguiente podrán volver a optar a una plaza si acreditan, atención, oh, sorpresa, un A1 de catalán.

A ratos parece que se quieren reír de nosotros. Y más de una vez lo consiguen. El consejero Antoni Vera, con la idea de garantizar la cobertura total de plazas docentes, decide regalar el tema de la lengua, como si fuera esta la traba que impide a los profesionales de la docencia poder venir a Mallorca a trabajar. Quizá si les pusieran casas y pisos a precios normales y asequibles, todos estos futuros docentes encontrarían también razonable la necesidad de aprender la lengua del país donde tienen que ir a ejercer de enseñantes.

De políticas lingüicidas ha habido siempre que el PP ha gobernado. Y alerta, que el PSOE tampoco es ningún santo... Pero hay que reconocer la habilidad de Margalida Prohens. La presidenta ha ejercido siempre de campanera y de mallorquina, y no tiene ningún inconveniente en enarbolar la defensa de “nuestra lengua” y de “nuestras señas de identidad”, una manera de presentarse ante el mundo mucho más inteligente que la que tuvo en su momento el ínclito José Ramón Bauzá. Por eso, en vez de tener que hacer frente a una huelga indefinida, Prohens y Vera pueden hacer gira por los centros educativos, donde la comunidad educativa les espera desmovilizada y con los brazos bajos. Es hora de reavivar.

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