Cuando la DGT culpa al que camina
La Dirección General de Tráfico ha lanzado una campaña publicitaria bajo el lema ‘Miras el móvil para no perderte nada y terminas perdiéndolo todo’. El vídeo muestra un atropello en un paso de peatones y construye un relato inequívoco: la culpa es del peatón que va distraído mirando el móvil. Desde Sineu en Bici i a Peu queremos explicar por qué esta campaña no es solo errónea, sino que apunta exactamente en la dirección contraria a la que necesitamos si queremos calles más seguras para las personas.
Los datos desmienten la campañaEntre 2014 y 2023, 1.047 personas murieron atropelladas en un paso de peatones y 8.353 resultaron heridas de gravedad. El 75% murieron atropelladas en pasos de peatones en núcleos urbanos. Es decir, 792 personas cruzaban correctamente según el Observatorio Nacional de Seguridad Vial de la misma DGT.
¿Quién muere atropellado? No son jóvenes distraídos con el móvil. El 66% de los peatones atropellados en vías urbanas en el año 2024 tenían 65 años o más, según el balance de siniestralidad urbana de la DGT. Las personas que menos usan la tecnología móvil son las que más mueren atropelladas. Y la distracción del conductor, presente en una quinta parte de los atropellamientos urbanos, según el mismo organismo, es el factor que sí aparece sistemáticamente en las estadísticas. Además, ningún estudio científico publicado hasta hoy ha demostrado que la distracción del peatón con el móvil sea la causa determinante de un siniestro mortal o con heridas graves, tal como recoge la Red de Ciudades que Caminan.
Una contradicción grabada en la leyLa lógica de culpar al peatón no es nueva ni accidental. Vamos al Reglamento General de Circulación (RGC): Artículo 65: el conductor tiene la obligación de ceder el paso al peatón en el paso de peatones, y no hacerlo es una infracción grave. Pero el Artículo 124.1.c: el peatón “solo debe penetrar en la calzada cuando la distancia y la velocidad de los vehículos que se aproximan permitan hacerlo con seguridad”.
Es decir: el peatón tiene prioridad, pero debe esperar a que el coche decida si se para. La contradicción es flagrante: la responsabilidad del accidente recae sobre quien camina, no sobre quien conduce.
La campaña de la DGT no es ningún error de comunicación puntual. Es el reflejo de una norma legal que necesita ser revisada. De hecho, la misma Estrategia de Seguridad Vial 2030 de la DGT
incluye entre sus medidas la modificación del RGC para mejorar la protección de los colectivos vulnerables, que incluye a los peatones. Que se lance esta campaña mientras se prepara aquella reforma es, como mínimo, contradictorio.
La física no engañaLos datos de la OMS, recogidos por la revista Tráfico y Seguridad Vial de la DGT y por la Organización Panamericana de la Salud, los establecen con claridad: a 30 km/h, la probabilidad de muerte en un atropellamiento es del 10%. A 50 km/h se eleva al 80%. Por lo tanto, la probabilidad de muerte se multiplica por ocho cuando la velocidad pasa de 30 a 50 km/h.
Dicho de otra manera: la diferencia entre la vida y la muerte, en muchos atropellamientos, no es si el peatón miraba el móvil, es la velocidad a la que circulaba el coche.
El modelo que funciona: cambiar el sistema, no las personasLa Visión Zero, nacida en Suecia en 1997 y adoptada por la mayoría de los países europeos, parte de una premisa sencilla y radical: las personas siempre cometerán errores, porque somos humanos. El sistema debe estar diseñado para que estos errores no provoquen muertes. No se trata de encontrar culpables, sino de diseñar entornos que protejan incluso cuando alguien se distrae.
En nuestro estado tenemos el caso de Pontevedra: desde 2011, ninguna muerte de peatón en vías urbanas. Destaca el límite de 30 km/h y inferior cuando la prioridad es del peatón, en los pasos de peatones elevados, y la disminución del tránsito de vehículos en el casco urbano. Los atropellos pasaron de 69 en el año 1998 a solo 4 en 2013, según datos del Concello.
En estos casos el sistema ha cambiado, no los peatones. Han asumido que las personas se distraerán, que los niños corren, que las personas mayores van despacio, y han diseñado las calles para las personas.
Y no se trata de obras costosas: estrechar un carril con mobiliario urbano, crear sinuosidades en el trazado con aparcamiento alterno a un lado y otro, pasos de peatones elevados y badenes antes son medidas que reducen la velocidad por diseño, sin necesidad de ninguna multa.
Para un análisis más extenso, con todos los datos, las fuentes y la bibliografía completa, podéis consultar el documento íntegro aquí.