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Escritor
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En su afortunado y necesario retorno a la actividad, Terraferida ha puesto en marcha la campaña ‘Foravila fora grues’, que propone una respuesta al fenómeno de la urbanización indiscriminada del suelo rústico en Mallorca. Podéis leer, por cierto, aquí en ARA Balears, un excelente artículo de opinión de Sebastià Portell sobre esta cuestión: 'Moltes casetes fan un infernet' se titula, con acertada ironía. Portell lo menciona, pero conviene subrayar que de unos años acá (sobre todo desde la pandemia) ya no hablamos solo de casitas para veranear o pasar fines de semana, sino de grandes chalets y casas de lujo con piscina, extensiones de césped e incluso rotonda propia, todo construido sobre lo que fueron cultivos o zonas forestales. Muy a menudo el dinero es alemán, o sueco, o británico, o ruso: curiosamente, a los que dicen que en Mallorca sobra gente, estos no les molestan en absoluto y solo se sienten apretados en presencia de inmigrantes. Rechazan a los pobres porque dicen que son ilegales; en cambio, a los ricos que construyen casas –estas sí– ilegales les dan la bienvenida más entusiasta.La multiplicación silvestre de construcciones en las afueras acaba generando pequeñas –y no tan pequeñas– urbanizaciones ilegales, con todos los problemas que esto genera. Verdaderas destrozos en el medio ambiente, entre ellas pérdida de suelo agrario y forestal, pérdida de soberanía alimentaria (hay que comprar alimentos fuera porque nos hemos cargado a los campesinos y ganaderos y no producimos lo suficiente), más coches, contaminación y saturación también en las afueras, y fragmentación del territorio, con consecuencias fatales para muchas especies animales y vegetales. También problemas sociales, como el encarecimiento –aún más– de la vivienda y de los servicios municipales, que, por otra parte, a menudo no dan abasto. Y la destrucción del campesinado, un fenómeno que solo puede ser calificado de autodestructivo. Y el aumento de las desigualdades sociales, entre los propietarios adinerados que se pueden permitir comprar o hacerse construir casas allí donde les place, y una gran masa de población que no puede ni soñar con permitirse tener o alquilar una vivienda. Y la degradación de los municipios, y del conjunto de la isla, a servir de meros decorados para el hogar de fantasía que un millonario completamente desarraigado ha decidido hacerse “en el Mediterráneo”, que para ellos es una estampa que han visto en las películas y en las revistas de decoración.Para evitar todo este desbarajuste (que ya es alarmante, pero aún no irreversible) Terraferida señala una solución realista, pragmática, nada antisistema y que está en nuestras manos. No depende de Madrid, ni siquiera del Gobierno balear, sino del Consell de Mallorca. Se trata de suprimir del Plan Territorial Insular de Mallorca (PTIM), la famosa norma de las dos quarteradas, o 14.000 m2, que se requieren para construir una vivienda en rústico, y que han dado pie a toda clase de jugadas y carambolas para conseguir sumar metros cuadrados (incluso han dado pie a una especie endémica de especulador, llamada ‘aplegacortons’). En un lugar tan exótico como Menorca esta norma no existe, y eso ha permitido conservar la foravila, y sus usos, mucho mejor de como se ha hecho en Mallorca y en Ibiza. Es hora de ir también hacia un nuevo tipo de urbanismo, como ya se está planteando en países europeos como Francia: no construir nada en rústico, sino concentrarse en la construcción y rehabilitación de inmuebles en urbano. Si queréis adheriros a la campaña, podéis firmar el manifiesto en terraferida.cat. Y estamos todos convocados a una gran (muy grande) manifestación con este mismo eslogan, ‘Foravila fora grues’, el próximo 26 de julio en Palma. Es necesario y urgente.

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