Después de once años de silencio editorial –que en el fondo no quiere decir que el poeta haya estado callado, como él mismo da a entender en el magnífico prólogo que actúa de boca de entrada, ya que en realidad todo este tiempo ha estado fraguando el acontecimiento, esperando el mejor instante y preparándose para el estallido tal como el buen cazador– Emili Sánchez-Rubio publica un nuevo poemario: Tierras raras en la deliciosa colección La Fosca de Lleonard Muntaner, Editor. Quiero decirlo de antemano: se trata de una obra colosal, visionaria, prodigiosa que confirma al autor como uno de los mejores de su generación. Por tanto, nos encontramos ante un regreso a lo más alto, de un auténtico renacimiento, de un resurgimiento que merece toda nuestra atención y pasión. Leyendo estas páginas iluminadas por una sabiduría extrema he re-cor-dado, devolver las cosas al corazón, según el centenario Blai Bonet, cómo de mucho me ha hecho alucinar siempre la propuesta lírica de este profeta nacido en Ciudad de Mal en 1983 que ha sido Nigromante y que ahora vuelve como Alquimista o, mejor aún, un Presocrático del Futuro, un Científico Oracular.Tierras raras, como el mismo título indica, toma el nombre y el número atómico de estos elementos dificilísimos de conseguir y tan poéticos para, a partir de su despliegue talmente un catálogo de materias indómitas a la manera de Bartomeu Fiol, construir la estructura del volumen, que avanza a medida que indagamos en la extraña y preciosa fusión de entidad y de alma, de córporea y de espíritu. Reconociendo el caos (en efecto, las páginas de este libro están llenas de brutales oxímorones y paradojas y contradicciones) para averiguar el cosmos, Emili Sánchez-Rubio fulgura de una manera verbal y filosófica talmente Miquel Bauçà; como Andreu Vidal investiga la tiniebla para llegar a la conclusión de que “en lo Oscuro, / todas las cosas son blancas”; construye una fundacional teoría del Amor siguiendo el ejemplo del admirado Robert Graves y segrega imágenes imposibles y escenas reales, pues en efecto todo poema es una deja o constatación de incontinencia, talmente el mejor discípulo del maestro y amigo Emilio Arnao y alcanza genialidades místicas que acarician el ardor cotidiano y el hallazgo epifánico de la pura revelación: “La velocidad de la luz / es la que es / porque huye del Tiempo.”Poemas más largos se combinan con poemas más sintéticos en un equilibrio perfecto, genial balanza cósmica que confirma los dones de un poeta brillante y elocuente. El fascinante resultado, pura bola de fuego al más puro estilo del Bartomeu Rosselló-Pòrcel de nuestra era, es una admirable teoría cosmogónica que vuelve a la poesía como excepcional vehículo de conocimiento visionario y la sella a través de una expresión mesiánica. ‘Tierras raras’, de Emili Sánchez-Rubio, es, y lo digo sin dudas ni arrepentimientos, un libro sublime en todos los sentidos.