De Elche a Manacor: el curioso viaje de ida y vuelta de las palmas de Ramos

Familias artesanas mantienen viva la venta de palmas para el Domingo de Ramos, una tradición cada vez más difícil pero aún presente en toda la isla.

Familia Navarro
Sebastià Adrover
Act. hace 1 min
3 min

PalmaLa jardinería ha marcado la vida de la familia Navarro. Originario de Elche, Antonio Navarro Maciá recibió el año 1910 uno de los encargos que marcaría su vida y que le obligó a trasladarse a Mallorca. Aquel fue el año en que el Ayuntamiento de Palma decidió, a contrarreloj, activar de manera definitiva la construcción del paseo de Sagrera con la finalidad de potenciar el trazado que lleva a la Lonja, todo coincidiendo con la celebración de la Exposición de Productos Baleares, a principios del siglo XX.

La intención, ya proyectada en 1903, era la creación de un bulevar que uniera el trazado cercano a los jardines de la Seu y la obra magna del arquitecto Guillem Sagrera, y utilizó el simbolismo de la palmera, ya presente tanto en la explanada de la plaza de la Lonja como en las columnas helicoidales del interior del edificio medieval.

Así que el Consistorio decidió llamar a un experto de la ciudad con más palmeras de Europa. “Es curioso cómo tres generaciones de la misma familia nos hemos encargado de los tres tramos en que se ha ido construyendo el paseo a lo largo de los años”, explica Antonio Navarro (Manacor, 1972), nieto del primero e hijo de Felipe Navarro, que después también sería contratado para suministrar y sembrar las 118 palmeras que se colocaron al estrenar el paseo Marítimo, en 1958. “Embarcadas en el puerto de Alicante, cada una costó 1.200 pesetas, más las 125.000 de transporte”, añade Antonio, que de pequeño deshizo el camino de su abuelo y volvió a fijar la residencia en Elche.

¿Y qué tiene que ver esto con la Semana Santa? Fácil: las palmeras datileras y la profesión familiar, siempre mezclada con la artesanía, han hecho que a lo largo de todo este tiempo el manacorí emigrado haya vuelto cada año a la isla para vender uno de los productos elaborados más demandados y especiales del árbol: las palmas, piezas hechas a mano que este domingo llevarán niños y familias a la bendición del Domingo de Ramos, el inicio de la Semana Santa. Una artesanía que empieza por elegir las palmas centrales de cada palmera, aquellas que por estar ‘escondidas’ detrás de otras “no han podido hacer la fotosíntesis y quedan más blanquecinas”. Un proceso de elección que acto seguido continúa con el lavado de las impurezas. El momento en que las hojas son sumergidas 24 horas en agua con cloro, con la finalidad de obtener un producto aún más claro; que a continuación se pone a secar en cámaras estancas con azufre. Un proceso que suele iniciarse en septiembre, “cuando el sol y el calor no son tan fuertes”.

La empresa familiar de Antonio Navarro hace décadas que distribuye y vende palmas trabajadas con distintos grados de profusión por toda la isla: desde Pollença hasta Manacor, donde cada año alquila durante dos semanas un local en la avenida del Tren, donde va vendiendo palmas de espiga (las más sencillas), las de dos bolas, las de cuatro estrellas, las lisas y lisas con dibujo, apliques y otras especiales que llevan los nombres de quienes iniciaron el modelo Sara o Noelia.

“Fuera del Domingo de Ramos es complicado venderlas. Algunas veces nos piden para pasos, para el Rocío o para apliques o bodas en Elche, donde esta artesanía está más asentada”, señala Natalia Morán, que ayuda durante unos días a Antonio en el local abierto en Manacor. “Ahora hay que trabajar el doble para ganar la mitad”, concluye Navarro al ser preguntado sobre las ventas: “Nos mantenemos, pero porque también hacemos trabajo de otras cosas. Cada año es un poco menos…”.

Pedro Llinàs ‘Peric’ y su hijo mayor, Pedro José.

De Elche, con amorTambién en Manacor, Pedro Llinàs Peric y su hijo mayor, Pedro José, venden las últimas palmas que les quedan en un puesto alquilado de la plaza de las Verduras, en el centro de la ciudad. Hace dos semanas que desplazan hasta aquí su cuartel general, normalmente instalado en su casa, en la calle de la Creu, número 11.

“Hace un mes que trabajamos noche y día para que nadie aquí se quede sin, para que se note que es Semana Santa”, dice Peric, mientras recuerda que su destreza con esta materia prima proviene de cuando, de joven, “conquisté a una chica de Elche, que me enseñó cómo se hacían por si en algún momento lo necesitaba para vivir”, explica divertido a sus 91 años.

“Toda la vida hemos trabajado la palma. Es una tradición que me enseñaron y que yo he intentado transmitir a mis hijos, porque creo que ya es una tradición mallorquina y que no la hemos de dejar perder”, reclama con diversos modelos en ambas manos y mientras comenta cómo se escogen las hojas de la palmera y cuál es el proceso de tratamiento, hasta llegar al resultado definitivo.

stats