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En el marco de la crítica internacional, se ha logrado una unanimidad: se considera que Criaturas podridas, el debut literario de la anglosajona Amy Twigg, es una novela subversiva, extraordinariamente bien escrita, una obra que agranda la categoría de literatura de culto. Por tanto, es un acierto, ¡y gordo!, que ahora esta maravilla actual forme parte del catálogo de Ediciones de la Ela Geminada con una traducción espléndida de la escritora Anna Carreras i Aubets. Curiosidad: el título es una cita de una carta que Vita Sackville-West envió a Virginia Woolf, una genial correspondencia que es otra de las joyas indiscutibles que forma parte del catálogo de la formidable y atrevida editorial gerundense.

La historia que presenta Twigg es atractiva y oscura, sinuosa y salvaje, y en buenas manos podría ser una gran película de aires lynchianos o incluso cronenberquianos. La protagonista es Iris, que tiene treinta y dos años y vive una existencia deprimente. Acaba de cortar con la anodina pareja, ha vuelto a la casa donde se crió para vivir con su madre, una viuda con la que la convivencia no es fácil, y trabaja en un supermercado, trabajo digno pero que no lo llena. En tal miserable situación, de un día para otro descubre a un personaje enigmático, Hazel, que la fascina y la acaba introduciendo en la Casa de la Esquerda y en la matriarca del espacio, Blythe. Si desde el principio el lugar parece un paraíso perfecto donde una comunidad de mujeres puede huir de los problemas y conseguir gozar del empoderamiento y de la sororidad, a medida que avanza la historia vamos asistiendo a situaciones y dinámicas cada vez más incómodas e inquietantes. Y es que Amy Twigg no ofrece consuelo: nos coloca un espejo ligeramente deformado donde, si nos atrevemos a mirar, podemos llegar a contemplar belleza turbia y lucidez feroz.

Criaturas podridas, de Amy Twigg, no es sólo un libro visceral y una reflexión cruda sobre la misoginia estructural, es también, y sobre todo, una investigación sobre sistemas sectarios dominados por jerarquías estrictas, manipulaciones emocionales y episodios de crueldad. Como un ojo de buey, esta ficción brutal nos ofrece una perspectiva privilegiada para analizar algunos temas prioritarios talmente la necesidad de conectar, el sentimiento de querer pertenecer a un grupo o el ansia desesperada de encontrar los encajes en un mundo cada vez más caótico, inclemente y violento. Con pluma ácida y sórdida, Twigg confirma que según qué idílicas voluntades en proyectos utópicos acaban reventando contra los brutales engranajes de la realidad. Ojalá este volumen acabe siendo un éxito en nuestra casa y unos obreros que, ya firmaría, baje una resquicio que nos ayude a revisar nuestras debilidades sociales e individuales, nuestras ansias de refugio estable y nuestras cegueras consentidas.

'Criaturas podridas'. Traducción de Anna Carreras y Aubets. Ediciones de la Ela Geminada. 416 páginas. 23,90 euros
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