El Piolet de Oro que reivindica otra manera de hacer alpinismo
Bru Busom, Marc Toralles y Rubén Sanmartín reciben el máximo reconocimiento internacional del alpinismo por una ascensión al Yerupajá, en los Andes peruanos
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PalmaEl alpinismo catalán ha hecho historia. Bru Busom, Marc Toralles y Rubén Sanmartín han sido distinguidos con un Piolet d’Or, el reconocimiento internacional más prestigioso del alpinismo, por la apertura de La esencia del compromiso, una nueva vía en la cara este del Yerupajá (de 6.634 metros), en los Andes peruanos. Es el primer galardón de esta categoría concedido a una ascensión española, un hito que reivindica la exploración, la autonomía y el compromiso de esta vía.
Para Busom, el valor del premio va más allá del hito deportivo: “Es un reconocimiento de nuestra comunidad de alpinistas”. Toralles reivindica la motivación que hay detrás de estas expediciones. “Nosotros no cobramos por hacer estas actividades. Lo hacemos porque es lo que nos gusta y amamos”, dice. El galardón reconoce tanto haber hecho la cima como la manera de alcanzarla.
En agosto de 2025 los tres alpinistas completaron la primera travesía integral del Yerupajá por su vertiente este. Tras abrir una vía exigente, alcanzaron la cima principal, atravesaron una arista expuesta hasta el Yerupajá Sur y descendieron por la cara sureste. Lo hicieron en estilo alpino, es decir, sin cuerdas fijas, campamentos de altura ni apoyo externo. El jurado destacó su dificultad y las pocas opciones de retirada y rescate.
¿Qué significa hacer alpinismo en estilo alpino?
“El estilo alpino es autonomía: llenar la mochila e ir hacia arriba”, explica Busom. Toralles lo resume con dos palabras: “Incertidumbre y aventura”. Es progresar con el material imprescindible y asumir las decisiones de la ascensión.
Esta autonomía no significa buscar el peligro, sino prepararse y conocer los límites. “El problema o el riesgo surge cuando un alpinista va a lugares que están por encima de sus posibilidades. Eso es muy peligroso”, dice Busom. Interpretar las condiciones de la montaña y saber renunciar cuando es necesario también forman parte de la actividad.
Para Toralles el estilo alpino ofrece una experiencia que va más allá de la dificultad técnica. “Es un espacio de libertad, un espacio de tranquilidad, una experiencia”. El objetivo es descubrir rutas sin renunciar a la autonomía.
Otra manera de medir el éxito
Esta filosofía contrasta con el modelo comercial de las expediciones a algunos 8.000, con guías, cuerdas fijas y una gran infraestructura. Busom no cuestiona el derecho de cada uno a elegir esta opción. “Si la gente quiere pagar 80.000 euros y subir al Everest, tiene todo su derecho”. Defiende, eso sí, que no sea la única manera de valorar el alpinismo.
Toralles es más crítico con una actividad en la que el objetivo de llegar a la cima "sea como sea" puede desplazar a la aventura. “Los que queremos mantener el alpinismo tradicional nos vemos obligados a buscar otras montañas o rutas para evitar un modelo en el que hay que pagar una cantidad de dinero”, lamenta.
Las redes sociales también han cambiado la manera de reconocer los hitos. Busom admite que dan una repercusión rápida, pero no todo el mundo debe buscar en ellas la validación. Toralles se mantiene al margen: “No necesito creer en este modelo ni competir en él”, dice. En este contexto, el Piolet d’Or tiene un valor especial, porque es un reconocimiento de la comunidad alpinística, más allá de la repercusión en las redes.
Del Yerupajá a la pantalla
La experiencia extrema de estos alpinistas también llegará al público a través del cine de montaña. La esencia del compromiso, el documental de Adrià Martínez sobre la ascensión, se proyectará en el Palma Muntanya Film Fest el martes 20 de octubre, a las 19 h, en el Teatro Municipal Xesc Forteza (Palma). La sesión contará con la participación de Marc Toralles, Bru Busom, Tomeu Rubí y Cati Lladó. El filme dura 49 minutos y retrata una aventura de amistad, soledad y superación de los límites.
Para los tres alpinistas el galardón no cambia la razón de fondo para continuar subiendo montañas. El hito en el Yerupajá demuestra que todavía hay espacio para la exploración y las vías nuevas lejos de los itinerarios más comerciales. Como defiende Busom, el espíritu del estilo alpino puede volver también a los 8.000 metros. “Volverá a haber alpinistas que vuelvan a estas montañas con esta ilusión de abrir vías nuevas, de descubrir la incertidumbre de lo que supone encontrar nuevos itinerarios y nuevos retos”.