Tomeu Coll: “Se ha acabado la vida interior de Mallorca”
El fotógrafo reúne en Santa Maria 20 años de imágenes sobre la desaparición de una manera de vivir y la transformación del territorio en ‘Fauç. Isla interior, 2004–2024’
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PalmaHay una Mallorca que no sale en las postales, que queda lejos del mar y sobre todo de las imágenes con las que la isla se ha proyectado al mundo. Es la Mallorca del interior, de los viejos caminos entre pueblos, de los campos y las pequeñas fincas que durante generaciones sostuvieron una manera de vivir. El fotógrafo Tomeu Coll (Sant Jordi, 1981) lleva al menos 20 años fotografiando este universo que prácticamente se ha desvanecido. El resultado es Fauç. Illa interior, 2004-2024, una exposición que se podrá visitar en el Espai Passatemps de Santa Maria del 21 de octubre al 30 de noviembre.
El proyecto parte de una experiencia íntima. Las abuelas de Coll, nacidas hace más de un siglo, nunca pusieron un pie en el mar. Su mundo era aquella Mallorca de tierra adentro, una realidad que el fotógrafo ha querido documentar desde la proximidad familiar, pero sin limitarse a reconstruir la historia propia. Con el tiempo, sin embargo, las fotografías han acabado dibujando una transformación que va más allá de sus antepasados para contar la desaparición de una generación y de los espacios y las formas de vida que le eran propios.
El título, de hecho, remite a una herramienta agrícola empleada para segar hierba o cereales. Tomeu Coll la ha elegido como símbolo de una ruptura que, considera, se ha producido antes de lo que parecía inevitable. “He utilizado ‘hoz’ como simbología, porque es una herramienta que sirve para cortar. Hemos cortado antes de lo que pensábamos toda una historia del interior de Mallorca, pero no es el final”, dice al ARABalears. El fotógrafo, sin embargo, rehúye la idealización del pasado. No pretende reivindicar una manera de vivir como si fuera necesariamente mejor que la actual, ni valorar el cambio como una pérdida absoluta: “No quiero juzgar el hecho de que se acabe esta manera de vivir. Es cierto que lo hemos cortado de mala manera, pero yo no quiero decir que el pasado fuera mejor, entonces había cosas mejores y otras peores. Y la vida continúa. Yo solo doy testimonio de un tiempo en un lugar concreto, la Mallorca de tierra adentro”.
Esta mirada se dirige sobre todo a un interior que ha cambiado de función y de imaginario. “De un tiempo a esta parte, todo el mundo mira hacia la costa y el interior también se ha turistificado, porque la gente quiere imitar allí la vida que es propia de la costa: chalets, piscinas y jardines en vez de campo”, observa.
De ‘Bad Lands’ a ‘Hoz’
Tomeu Coll comenzó a trabajar en este proyecto al mismo tiempo que preparaba Bad Lands, el trabajo centrado en Sant Jordi, su pueblo, que recogió en un libro publicado en 2019 por la editorial Kehrer Verlag. Algunas de las fotografías de Fauç provienen de aquel proyecto, pero otras quedaron fuera porque tenían un carácter demasiado personal. Durante años, guardó una parte de las fotos hasta que la distancia temporal le ha permitido reunirlas en un mismo relato. Ahora bien, si Bad Lands se centraba en Sant Jordi, Fauç amplía la mirada e incorpora los caminos que conectan este pueblo con Pòrtol, donde vive ahora el fotógrafo. Estos nexos también tienen un significado biográfico: “El abuelo y la abuela se conocieron en un camino que hay entre Pòrtol y Sant Jordi”.
En este territorio, la memoria familiar convive con historias más antiguas, a veces incómodas. Coll recuerda, por ejemplo, un relato escrito por el historiador Bartomeu Carrió, pariente suyo lejano, sobre un hombre de Sant Jordi, cuyo abuelo habría matado al abuelo de la abuela del fotógrafo. Coll ha retratado a un descendiente de aquel hombre, con armas. Son imágenes que conectan el presente con un pasado que todavía deja huella, sin convertirlo en una explicación cerrada.
La muerte es una presencia recurrente en la obra de Tomeu Coll. En Bad Lands había fotografiado a un caballo muerto y volvió al cabo de seis años. “La metáfora del caballo que utilicé en Bad Landses muy explícita. El caballo, cuando hacía poco tiempo que lo habían matado, todo era vida a su alrededor, hierbas, insectos, aves… Al cabo de seis años la foto muestra que ya solo era un cadáver”. También en Fauç la muerte atraviesa las imágenes, pero no como conclusión. “Entiendo que la muerte es vida, es regeneración”, dice.
Fotografiar antes de que sea demasiado tarde
Los 20 años que separan la primera fotografía de Fauçde la última permiten observar cómo el paso del tiempo transforma tanto los lugares como la manera de mirarlos. Algunas imágenes parecen pertenecer a un pasado muy remoto, mientras que otras, a pesar de ser recientes, ya contienen las señales de un mundo agotado. La fotografía, en todo caso, no puede conservar intacta aquella realidad, pero sí dejar constancia de ella. “Quiero traer aquel pasado a la actualidad”, dice Coll. Muy lejos de querer ofrecer una imagen nostálgica, pone en relación tiempos diferentes y deja que las fotografías interpelen a quien las observa. En este sentido, Fauç también es una manera de mirar el presente, aquello que ha cambiado. Del cambio dice: “Lo hemos visto venir. Con estas fotos intento que no podamos decir que no lo hemos visto venir”. Así, Fauç se mueve en este espacio entre la pérdida y la continuidad; muestra lo que ya no está, pero que todavía puede ser explicado.