“Salí de donar médula ósea y fui a hacer la compra”

Guillermo, de 25 años, explica el proceso: parecido a una donación de sangre, con recuperación inmediata y una segunda extracción un año después

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Guillem, donante de médula ósea.
19/10/2026 - 21:28 h

PalmaGuillermo donó médula ósea sin pasar por el quirófano ni tener que hacer días de reposo. En contra de lo que mucha gente cree, esto es lo que ocurre en la mayoría de los casos. “Salí y me fui a hacer la compra al Mercadona”, explica. Había pasado tres horas estirado con una aguja en cada brazo mientras una máquina le extraía las células madre de la sangre y le devolvía el resto. “Fue tan sencillo como donar sangre, solo que un poco más largo”. Tiene 25 años, es malagueño, vive en Palma y se inscribió en 2023 en el Registro de Donantes de Médula Ósea (Redmo), que gestiona la Fundación Josep Carreras.

De su padre aprendió la importancia y el hábito de donar sangre, por lo que donar médula ósea le pareció una evolución natural. Le explicaron los dos procedimientos posibles: la extracción directa de médula –muy minoritaria–, y la aféresis, la extracción de sangre a la que él se sometió. “Pensaba que donar médula era lo que siempre había visto por televisión: el pinchazo en la espalda. Es una idea errónea y el miedo que tiene mucha gente. Debo decir que yo lo habría hecho igualmente, con un procedimiento o con el otro”.

Cuando se inscribió le extrajeron solo dos tubos de sangre para analizar los antígenos de histocompatibilidad, las características genéticas que determinan si un donante puede ser compatible con un paciente. Así pasó a formar parte de la base de datos mundial del Redmo y, un año después, recibió una llamada. “Te dicen que es raro que te llamen. Tengo amigos y familiares que, después de muchos años, no han recibido nunca ninguna llamada. Por eso me sorprendió”, recuerda. Se pueden inscribir personas de entre 18 y 40 años, que continuarán disponibles hasta los 60. “La probabilidad de que una persona inscrita sea contactada es de 1 entre 250 cada año. La de llegar a realizar una donación efectiva baja a una entre 1.000”, confirma el director del Redmo, Sergi Querol.

Volvió a aceptarlo

Guillermo solo sabe tres cosas de la persona a quien donó médula ósea: es una mujer, vive en Suiza y en aquel momento pesaba diez kilos menos que él. No sabe su edad, la enfermedad que padece ni su nombre. La donación es anónima. Este año le han vuelto a llamar. La misma paciente necesitaba una segunda donación, esta vez de linfocitos, y él volvió a aceptarlo.

Su historia coincide con un cambio de tendencia en las Baleares. Las nuevas incorporaciones al Redmo pasaron de 44 en 2023 a 545 en 2025, doce veces más en solo dos años. Según la directora técnica del Banco de Sangre y Tejidos de las Islas Baleares, Teresa Jiménez, el aumento se debe a la labor de captación realizada por Xavi Ruiz, un trabajador que se implicó en la difusión en las cuatro islas y reforzó la coordinación con los responsables autonómicos de trasplantes. “Cuando tienes a alguien con tiempo y ganas para actuar como nexo de unión, obtienes resultados”, justifica Jiménez. Actualmente hay 7.609 personas inscritas en las Islas y el objetivo es conseguir entre 600 y 800 nuevas altas.

El desconocimiento es uno de los principales obstáculos para seguir sumando donantes: la creencia de que hace falta una punción lumbar. La confusión empieza por el mismo nombre, pero la médula ósea no es la médula espinal. Se encuentra en el interior de los huesos –con una estructura parecida a un panal– y es, según Jiménez, “la fábrica de las células sanguíneas”. Allí están las células madre que producen los glóbulos rojos, las plaquetas y los leucocitos.

El trasplante de médula ósea sirve para tratar leucemias, linfomas, aplasias medulares y algunas enfermedades genéticas. En un paciente con leucemia, la quimioterapia elimina las células malignas, pero también arrasa con la producción normal de la médula. Las células del donante deben llegar al nuevo organismo, arraigar en él y empezar a fabricar sangre. “Toman el mando. Es como si dijeran: ‘Ahora nosotros somos tu médula y produciremos tus componentes sanguíneos’”, resume la hematóloga.

El sistema inmunitario ataca todo aquello que reconoce como extraño. Por eso, las células del donante y del receptor deben parecerse tanto como sea posible. “La compatibilidad es como encontrar una aguja en un pajar”, señala Querol. Ni siquiera los más de 44 millones de donantes inscritos en todo el mundo garantizan una coincidencia para todo el mundo.

El Redmo está formado mayoritariamente por personas de ascendencia europea. “Los pacientes de origen africano, latinoamericano o mixto tienen más dificultades para encontrar un perfil genético parecido”, explica Querol. Por eso no basta con aumentar el número de inscritos: también hacen falta de procedencias diversas. Y cuanto más jóvenes, mejor. “Sus médulas tienen un microambiente más adecuado para facilitar el injerto en el receptor”, explica Jiménez.

Solo alrededor del 25% de los pacientes encuentra a una persona compatible dentro de su familia. El 75% restante tiene que recurrir al registro internacional. En Baleares se hicieron 92 trasplantes de progenitores hematopoyéticos durante el 2025. Los procedentes de donantes no emparentados pasaron de 9 a 27.

Donación de sangre en el autobús del Banco de Sangre y Tejidos.

Cuando aparece una posible compatibilidad, se vuelve a contactar con el donante. Se comprueba su estado de salud y se obtienen nuevas muestras para confirmar que es la persona adecuada. Estar inscrito no implica haber renunciado a decidir: el consentimiento se pide de nuevo antes de cada paso y de cada procedimiento.

En el 90% de los casos, la donación se hace mediante aféresis. Durante tres o cuatro días se administra un factor de crecimiento para que las células madre abandonen la médula y circulen por la sangre. Jiménez lo explica así: “Es como si dijéramos a la médula: ‘Toc, toc, necesitamos que las células madre salgan al torrente circulatorio porque las queremos recoger’”. Después, la sangre pasa por una máquina que selecciona estas células y devuelve el resto al donante. La extracción directa de médula de los huesos de la pelvis, bajo anestesia, queda reservada a una minoría de casos.

Tratamiento previo

La primera vez, Guillermo tuvo que administrarse durante tres días un factor de crecimiento con una inyección subcutánea para que las células madre pasaran de la médula a la sangre. Le dolió un poco la cabeza durante dos días, pero pudo continuar haciendo vida normal. En el hospital le pincharon en los dos brazos. Lo peor, dice, fue quedar inmóvil durante tres horas sin haber traído nada para entretenerse: “Soy un culo inquieto. Me pasé todo el tiempo mirándolo todo”.

Cuando terminó, fue a casa, comió y salió con los amigos a mirar ropa. Le recomendaron que no hiciera ejercicio ni cargara mucho peso durante dos o tres días, pero no quedó especialmente fatigado. En la segunda donación ya fue con auriculares.

Esta vez no había tenido que administrarse ningún factor de crecimiento porque la paciente solo necesitaba linfocitos. Guillermo no sabe si había recaído ni por qué los necesitaba. “Quiero pensar que, si esta vez solo ha necesitado eso, evoluciona positivamente, pero no me han informado”, puntualiza. Después de la donación, el Banco de Sangre le hace un seguimiento telefónico para comprobar cómo se encuentra.

Las células donadas se regeneran completamente. “La médula es una fábrica que trabaja a tope”, dice Jiménez. El principio que guía todo el proceso es que “el donante entra sano al Banco de Sangre y debe salir sano porque lo más importante es siempre su seguridad y libertad”.

Guillermo había querido estudiar Medicina. La donación le ha permitido recuperar, de otra manera, aquella voluntad inicial. “Me alegra saber que, si no puedo ayudar a las personas siendo médico, puedo hacerlo de otra manera”. Anima a los familiares y amigos a que donen sangre y médula ósea. Cuando le dicen que no les gustan las agujas, responde que seguramente han recibido golpes más fuertes.

El vínculo con la receptora de su donación existe solo en su imaginación. “Cuando ayudas a una persona, ayudas a todo el mundo. Ella debe tener familia y amistades. Saber que no solo la estoy ayudando a ella, sino también a todo su entorno, me alegra”.

Para él, la proporción sigue siendo difícil de ignorar: unas horas propias frente a los años que puede ganar otra persona. “El proceso es mucho más fácil y menos arriesgado de lo que mucha gente piensa. Al final, solo tienes que estar allí unas tres horas y puedes alargar muchos años la vida de alguien o, incluso, salvarla”.

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