Turistas a la caza del chivo balear

Desde 2007 el Consell de Mallorca promociona el turismo cinegético de la cabra salvaje mallorquina. Hoy es una práctica, criticada por los animalistas, que atrae cada año a unos ochenta cazadores que pagan por el servicio cerca de 5.000 euros

Un chivo balear en la sierra de Tramuntana.
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PalmaEn Mallorca no sólo vienen turistas a 'cazar' el sol de las playas sino también sus cabras autóctonas. Es lo que se conoce como turismo cinegético, palabra que deriva del griego kyōn ('ca') en alusión al animal que va en busca de la presa abatida. Los grupos animalistas siempre se han mostrado en contra. Guillem Amengual, presidente del partido Progreso en verde, expone los motivos: "Debería estar prohibido. No es una cacería para controlar a la población caprina, sino por simple diversión. Y lo más denigrante es que se haga con fines lucrativos y exhibiendo los trofeos en internet".

El doctor en Biología de la UIB Bartomeu Seguí Campaner conoce bien los orígenes del turismo cinegético en Mallorca. En 2015 elaboró ​​un estudio con otros dos colegas. "La cabra –asegura– llegó al Archipiélago hace más de 4.000 años con los primeros pobladores. Hoy habita la sierra de Tramuntana y la sierra de Llevant. En el resto de Islas su presencia no es tan significativa. Hay de dos tipos: la asilvestrada o borda (con cerca de 12.00) 2.500), también conocida como fina y popularmente como chivo balear.

La cabra asilvestrada apareció en los años 50 del siglo XX con el boom turístico, cuando se inició el abandono agrícola de la Serra. "Entonces –apunta Seguí– muchas cabras domésticas quedaron a relucir, sin la vigilancia de ningún pastor, y se mezclaron con las salvajes. Eran cabras que se habían importado en el siglo XVIII para producir leche y carne. Con aquella hibridación la población caprina creció de forma desbocada". El investigador da un dato bastante revelador. "Si tomamos una fotografía aérea de hace 70 años, veremos que la Serra estaba mucho más deforestada porque la ganadería ovina y caprina extensiva era diez veces superior a la de ahora. Como la vegetación autóctona no era suficiente para alimentarla, se hacían cremas de carrizo que después tienen unos rebrotes muy nutritivos".

Caza sostenible

No fue hasta 1992 cuando se produjo la primera regulación formal de la caza de la cabra, que sólo se permitió en una serie de fincas convertidas en cotos privados. En 1998 hubo el primer intento por conservar la pureza de la cabra salvaje mallorquina. Fue con la declaración de la finca Mortitx (Escorca) como reserva genética de esta especie. En 2004 Safari Club Internacional homologó el chivo balear como trofeo de caza mayor. En 2007 el Consell de Mallorca ya hizo el paso para incorporarlo al turismo cinegético, siguiendo una práctica que ya estaba bastante extendida en toda Europa. "Solo se autorizó –resalta Seguí– en aquellas fincas donde había un excedente de cabras. Se consideró que era una herramienta de conservación biológica. Si no se hacía nada, se podía llegar a la situación descontrolada del jabalí que se vive ahora en Cataluña, donde la Administración se plantea hacer cazas masivas. Se trata de aplicar la caza masiva. ex secallamos los árboles para que crezcan con más fuerza".

En Mallorca ya se realizan cacerías de control de cabras (sólo las asilvestradas) dirigidos por agentes de Medio Ambiente o el COFIB (Consorcio para la recuperación de la fauna de las Islas Baleares). También existen propiedades privadas que solicitan autorización para abatir las que perjudican el cultivo, los bancales o el patrimonio forestal. Según datos públicos, tanto una parte como otra sacrifican al año unos 1.500 ejemplares.

En verano es cuando la ciudadanía nota más la presencia 'incómoda' de la fauna caprina. El calor hace que muchas salgan de sus zonas de seguridad e invadan carreteras, aparcamientos, rotondas, calas y miradores, donde los turistas suelen darles de comer. Esto está prohibido por ley, ya que el alivio con ciertos alimentos puede generar adicción en algunas cabras hasta el punto de tener comportamientos agresivos con los humanos para conseguir la bocinada que les atrae.

Los turistas suelen exhibir las piezas que cazan como un trofeo en las redes.

Sanciones ejemplares

Actualmente el turismo cinegético se practica en 16 fincas, que tienen el Certificado de Calidad de Caza Mayor otorgado por el Consell de Mallorca. En el conjunto, son unas 10.000 hectáreas. "En promedio –afirma Seguí–, cada año hay cerca de ochenta cazadores que llegan a la isla, sobre todo en primavera y otoño. La cifra es razonable y se ha mantenido estable a lo largo de los años. No puede crecer más, ya que es una práctica que se rige por el excedente del chivo balear, que siempre se supervisa. estrictos para conseguir el Certificado de Calidad".

Los turistas cinegéticos son principalmente estadounidenses, seguidos de peninsulares, rusos, daneses, franceses y alemanes. Por cazar durante dos o tres días llegan a pagar unos 5.000 euros. "Este dinero –reseña el estudioso– permite a los propietarios cubrir parte del alto coste de la gestión ambiental de sus fincas. Los clientes siempre van con un guía que ha comunicado su presencia a agentes de Medio Ambiente". Uno de estos guías es Pedro Campaner, de la empresa Mallorca Hunting. "Ya vienen –dice– con las licencias de cazadores de sus países. Para ellos, la isla es un paro más en la ruta cinegética que hacen por toda España. He tenido multimillonarios que no se están de nada". Las sanciones son importantes para los infractores. "Hay funcionarios –recuerda Seguí– que están continuamente supervisando las redes sociales por si encuentran a gente que exhibe chivos baleares que no se hayan cazado con los permisos pertinentes. Se han puesto multas de hasta 20.000 euros".

Como mucho, el turista cinegético suele cazar dos piezas, utilizando el rifle o la modalidad ancestral con perros y lazo. En esta modalidad el cazador va acompañado de perros que atascan las cabras hasta unas peñas donde quedan 'enrocadas', sin escapatoria. Entonces, con una caña larga, el cazador les pasa una cuerda por el cuello o el bañado. Una vez capturadas vivas, las matan. "Hay turistas –apunta el biólogo– que luego disecan a los jefes del animal abatido, sobre todo de los que tienen los cuernos más grandes, para tenerlos colgados en casa como trofeo". Pedro Bestard (Vox), vicepresidente del Consell de Mallorca y responsable del área de Caza, asegura que el turismo cinegético es una apuesta de futuro: "Ya vamos a promocionarlo en ferias importantes de Madrid. Y ahora queremos ir a ferias internacionales. Estamos hablando de gente con alto poder adquisitivo".

Flora amenazada

Los cazadores locales, si pagan por el servicio, también pueden abatir el chivo balear. Sin embargo, muchos prefieren dedicarse a la caza menor o de la cabra asilvestrada en los cerca de 500 cotos que tienen a su disposición. Es una práctica con unas 2.000 licencias concedidas y que supone la muerte anual de unos 7.000 ejemplares. "Antiguamente –dice Seguí– el objetivo principal eran las hembras. Ahora se procura mantener el equilibrio entre machos y hembras". El investigador insiste en que hoy la sobrepoblación caprina no es la única amenaza de la flora de la Serra. "También existe el peligro de los incendios, que pueden causar peor a raíz del abandono de muchas fincas que antes condicionaban los sotobosques como cortafuegos".

Quien también se muestra preocupado por los daños ambientales que generan las cabras es Miquel Capó Servera, profesor de Botánica de la UIB. "Fuera de los cotos –afirma–, hacen auténticos destrozos a los endemismos. Por ejemplo, la jara Joana y la lechetrezna arbórea son plantas que no se las comen cuando han crecido, pero sí cuando están germinando. Se hacen campañas de reforestación. Sin embargo, las cabras acaban entrando en la verja protectora".

La polémica actuación en el Vedrà

Capó asegura que las cacerías de control son la única opción posible para conservar la biodiversidad. Sin embargo, en estos casos siempre hay polémica. En 2016 la asociación Basta Ya de Maltrato Animal ya denunció a la Conselleria de Medio Ambiente cuando ordenó sacrificar las cabras que había en el islote ibicenco del Vedrà. También se opusieron los propietarios del islote, que habían llevado a los animales en 1992 después de que se hubieran extinguido una década atrás. La víspera del Domingo de Pascua habían instituido la tradición de ir en laúd para cazar a los machos y dejar en vida a las hembras y los cabritos.

Aquella decisión del Gobierno contó con el apoyo de la entidad ecologista GEN-GOB y acabó siendo amparada por la Justicia a partir de informes de agentes forestales que certificaban que las cabras en el Vedrà eran "un factor regresivo y degradante para especies vegetales y endémicas protegidas". Igualmente la Audiencia de Palma declaró inviable trasladar a los animales a otro lugar para evitar su sacrificio. "Gracias a esa cacería de control –recalca Capó–, hoy el Vedrà ha recuperado una flora que estaba a punto de desaparecer". Ahora el botánico considera prioritario actuar contra las cabras en las cimas de la sierra de Tramuntana. "Es por donde trepan y hay más endemismos que ya son amenazados por el cambio climático. Si el planeta no para de calentarse, ya no podrán crecer más arriba".

El 'Myotragus', el depredador de plantas

En un mapa, Mallorca tiene forma de cabra. Las dos penínsulas de Alcúdia y Formentor son sus cuernos; Calvià, el barbón, y el Mitjorn y el Levante, el collado. Curiosamente la prehistoria de la isla está marcada por un vacuno único en el mundo con raíces caprinas: el Myotragus balearicus , que, en griego, significa 'ratón-cabra'. Fue descubierto en 1909 por la paleontóloga británica Dorothea Bate. Se trataba de un herbívoro de dimensiones pequeñas (de unos 50 centímetros de altura) y de extremidades cortas. También vivió en Menorca. Llegó al Archipiélago hace más de 5 millones de años cuando el Mediterráneo se secó. Destacaba por tener unos incisivos como de una rata, muy eficientes para desenterrar raíces de plantas.

"El Myotragus –dice el doctor en Biología Bartomeu Seguí Campaner– arrasaba la vegetación insular, por lo que las plantas, para sobrevivir ante aquella presión, desarrollaron un elevado grado de defensa. Aparecieron de tóxicas y con espinas. Otros crecieron en grietas y peñascos. La única amenaza de aquel vacuno eran las águilas reales, que depredaban sobre todo ejemplares juveniles, de acuerdo con el testimonio de los fósiles, contribuyendo así a regular las poblaciones caprinas. "La desaparición del Myotragus –afirma Seguí– se produjo hace más de 4.000 años cuando llegaron los humanos al Archipiélago, que llevaron otro tipo de cabra, de donde proviene el actual chivo balear. En el siglo XVIII importaron de la Península de domésticas, que hacían leche y se hacían leche".

Desde tiempos antiguos, en Mallorca, al igual que en otras islas del Mediterráneo, era habitual la captura de caprinos como aprovechamiento ganadero. En el siglo XIX el archiduque Luis Salvador de Austria ya habló en su magna obra Die Balearen . Durante la Edad Media, los reyes isleños eran unos grandes aficionados a la caza mayor de otras especies, imitando el comportamiento de la monarquía francesa. Para la ocasión se habilitaron espacios cinegéticos de calidad en los alrededores del castillo de Bellver de Palma, en el cabo Farrutx (Artà) y en la montaña del Teix, que ocupa parte de los municipios de Deià, Bunyola, Valldemossa y Sóller. También existían piezas de caza menor introducidas de fuera, como la perdiz, el faisán, el conejo, la liebre, el ciervo y el jabalí.

Hoy una de las amenazas de la biodiversidad de la sierra de Tramuntana es la presencia de nuevas especies invasoras. Una de ellas es el hueso lavadero, un mamífero carnívoro procedente del centro y el norte de América. Es, además, un potencial transmisor de la rabia y del parásito Baylisascaris procyonis , que puede causar una afección neurológica mortal en humanos y perros. Fue detectado por primera vez en 2006 en Lloret de Vistalegre.

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