Antoni Binimelis, el gurú felanitxer de la India

Este mes se cumple el centenario del nacimiento de uno de los 'sabios de Felanitx', que en 1963, habiéndose licenciado en Lenguas Clásicas en Madrid, se estableció en el país asiático para profundizar en el estudio del sánscrito. En 1983, a los 57 años, Binimelis murió en Nueva Delhi. En recuerdo suyo, en 2006 la UIB impulsó el primer diccionario sánscrito-catalán

Binimelis en su despacho de la universidad Jawaharlal Nehru.
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PalmaEl palmesano Gonçal López Nadal, de 73 años, es profesor emérito de Historia Económica de la Universidad de las Islas Baleares (UIB). Se siente deudor de la maestría del felanitxense Antoni Binimelis Sagrera. “La primera vez –asegura– que oí hablar de él fue en 1964, cuando yo tenía 11 años. Fue por mi tío, Guillem Nadal Blanes, que estaba destinado como diplomático a la India. En una carta nos contó a la familia que había conocido a un mallorquín, especialista en lenguas clásicas y profesor de español en Nueva Delhi. Decía que era una persona bastante peculiar, un hombre de cultura universal y que no había perdido un pelo, pero, de su condición de payés”.

Binimelis nació el 7 de abril de 1926 en Felanitx en el seno de una familia humilde. En 1947, durante los conocidos años del hambre de la posguerra, fue de los primeros jóvenes del pueblo que partió a estudiar fuera. El cura del pueblo insistió a sus padres en que el gran talento intelectual de su hijo no se podía desaprovechar haciendo que se quedara trabajando en el campo. El joven felanitxense, de 21 años, comenzó cursando Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona. Al cabo de dos años se trasladó a la Complutense de Madrid, donde en 1957 obtuvo la licenciatura en Filología Clásica. A lo largo de todo aquel período pudo mantenerse gracias a una beca y haciendo clases de latín y griego en colegios de jesuitas. No le faltó tiempo para estudiar también italiano, francés, inglés y alemán.

El otro Joan Mascaró

En 1959, a 33 años, Binimelis presentó su primera tesis doctoral sobre el sánscrito en España. El interés por la lengua sagrada de la India le había nacido en las clases de indoeuropeo del catedrático Francisco Rodríguez Adrados. En el siglo XVIII el estudio del idioma del Kamasutra fue decisivo para intentar confeccionar el primer mapa lingüístico del mundo. En 1788 el juez británico Sir William Jones, experto en el mundo oriental, lo emparentó con el latín, el griego y las lenguas germánicas. “Ningún filólogo –escribió– podría investigar estas tres lenguas sin pensar que proceden de una fuente común que, quizás, ya no existe”. Jones descartó así la creencia mayoritaria de entonces que consideraba el hebreo la lengua primigenia por ser la que había servido para escribir el Antiguo Testamento. Los estudiosos que le siguieron también lo creyeron y bautizaron aquel tronco común, ya perdido, con el nombre de indoeuropeo, porque sus derivaciones se extendían desde la India hasta Europa. Hoy el indoeuropeo es considerado una de las 17 familias lingüísticas que hay en el planeta.

Gonçal López Nadal con Binimelis en la India (1975).

En 1963, después de dos años trabajando en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Binimelis tuvo la oportunidad de profundizar en el estudio del transcendental idioma de los bramanes. Fue gracias a la primera beca de lector de español en la Universidad de Nueva Delhi que concedía el Ministerio de Asuntos Exteriores. Por aquellos tiempos ya había un destacado mallorquín especialista en el sánscrito. Era el margalidense Joan Mascaró i Fornés, 29 años mayor. De adolescente, había quedado impresionado al leer una traducción al castellano del poema hindú Bhagavad Gita. En 1929, a 32 años, se había licenciado en lenguas orientales en la Universidad de Cambridge (Inglaterra), donde había acompañado a estudiar a uno de los hijos del banquero Joan March, paisano suyo. Desde la misma universidad, donde ejerció de profesor, Mascaró se dedicó en cuerpo y alma a la traducción al inglés de los libros sagrados de la India, que permitieron a Occidente conocer un mundo lleno de espiritualidad. “Binimelis –dice López Nadal– nunca lo conoció. Seguramente, sin embargo, sabía quién era por sus traducciones”.

“Prefiero ser pobre en la India”

En 1963, a los 37 años, el felanitxer sería pionero a la hora de introducir el estudio del español en las tierras del río Ganges. Cuando llegó, hacía 16 años que el país se había independizado de Gran Bretaña bajo la batuta del carismático líder pacifista Mahatma Gandhi –cinco meses después, el 30 de enero de 1948, fue asesinado a tiros por un fanático hindú, a los 79 años. Binimelis también impartiría clases a los futuros diplomáticos indios desde la Escuela de Estudios Internacionales. Pronto se animaría a fundar la Sociedad de Estudios Hispánicos en la India. En 1968, en la Universidad de Nueva Delhi, presentó su segunda tesis doctoral centrada en los Alamkaras, unas importantes figuras literarias de la lírica india. En 1970 ya ganó, por oposición, la plaza de profesor asociado, que le permitió crear el departamento de Estudios Hispánicos. Lo mismo haría en 1972 en la Universidad Jawaharlal Nehru. Aquel ambiente lo llevaría a conocer al catalán Raimon Panikkar (1918-2010), gran divulgador del hinduismo.

Binimelis también se dedicó a dictar conferencias y a participar en congresos internacionales de indología. Habiendo aprendido el hindi, en numerosas ocasiones haría de intérprete de la primera ministra Indira Gandhi. Igualmente publicó numerosos artículos de investigación y traducciones de poemas del sánscrito al castellano para la revista Papeles de la India, editada en Nueva Delhi. Durante su tiempo libre, el indólogo mallorquín explotó su vena espiritual pintando cuadros, sobre todo de temas mitológicos. También tuvo tiempo para ayudar a los pacientes de un centro de leprosos impulsado por la madre Teresa de Calcuta, que en 1979 sería premio Nobel de la Paz.

El felanitxer se encontró con un país muy pobre, con 800 millones de habitantes –hoy, con cerca de 1.500 millones, es el más poblado del mundo. En una entrevista concedida en enero de 1983, un mes antes de morir, hacía la siguiente afirmación: “Por su forma de vida, me gustaría más ser pobre en la India que en un país occidental. Para vivir aquí se necesita muy poco [...]. El indio acepta la pobreza, que no es un estado denigrante, sino kármico, como si estuviera causado por actos realizados en vidas anteriores y que ofrece el ambiente adecuado para liberarse de futuras reencarnaciones”.

Contra los ‘hippies’

López Nadal conoció en persona a Binimelis en enero de 1968. “Yo –dice– tenía 15 años y había acabado cuarto de reválida. Entonces mi tío diplomático convenció a mi padre para que me dejara viajar solo hasta Nueva Delhi, donde don Toni (así lo conocíamos) podría darme clases particulares de griego y de latín. Mi hermano Joan Manuel, dos años mayor, ya había pasado por la misma experiencia”. Aquel adolescente de Palma se encontró con un hombre de 42 años de cuerpo enjuto, ojos azules y no muy alto. “De inmediato me di cuenta de que era una persona muy querida y respetada dentro y fuera del ámbito universitario. Lo tenían como un gurú, palabra que en sánscrito significa ‘venerable’. Era un profesor excéntrico que rehuía, sin embargo, la vanidad. Sabía combinar la investigación con la vida en la calle. Sus clases eran maravillosas, llenas de entusiasmo. En cambio, Joan Mascaró, a quien conocí más adelante, era un místico extraordinario que vivía, sin embargo, bastante aislado en su torre de marfil”.

En 1968 fue el año de la eclosión del movimiento hippie que tanto se miró en el hinduismo y el budismo. En febrero de aquel año los Beatles, el grupo de rock británico del momento, viajaron hasta la cuna de aquellas religiones para asistir a unas sesiones del Maharishi Mahesh Yogi, el introductor en Occidente de la meditación trascendental. Sobre este tema George Harrison y John Lennon ya habían dialogado en octubre de 1967 con Mascaró en un programa de televisión de la BBC. “Don Toni –asegura el discípulo– criticó mucho la fascinación que la juventud occidental sentía por las filosofías orientales. Le parecía una moda banal que respondía a intereses económicos”.

Aquella especie de ‘Erasmus’ de López Nadal se alargó tres meses. “Don Toni no solo se preocupó de mi formación intelectual. También me llevó a conocer gente de la India para que tuviera una visión más transversal del país”. El alumno repetiría la visita al cabo de siete años, en 1975, cuando ya había acabado los estudios universitarios. A finales de febrero de 1983 le llegó la peor noticia posible. “Yo estaba en la finca familiar de Son Servera. Me llamó por teléfono mi hermano para decirme que don Toni había sido encontrado muerto en su casa de Nueva Delhi. Tenía 57 años. Su cuerpo presentaba síntomas de violencia. El caso se acabó archivando sin que se aclararan los motivos del crimen”. Mascaró, el otro gran maestro de la lengua sagrada de los hindúes, moriría cuatro años más tarde, en 1987, en Cambridge, a los 89 años.

En 1992 López Nadal convenció al rector de la UIB Nadal Batle, felanitxer como Binimelis, para que encabezara un viaje institucional a la Universidad de Nueva Delhi para rendir un homenaje a su paisano. “En aquella ocasión conocimos al filólogo catalán Òscar Pujol Riembau, que vivía en el país desde 1986. Le propusimos la idea de elaborar, con la financiación de nuestra universidad, el primer diccionario sánscrito-catalán. El proyecto vio la luz en 2006. Fue la mejor manera de honrar la memoria de don Toni”.

El sánscrito que hablamos

Son muchas las palabras que hoy usamos procedentes del sánscrito. En el idioma de los brahmanes (casta de la India), ‘karma’ significa ‘acción’. El término alude a nuestras ‘acciones’ físicas, verbales y mentales, las cuales, según el hinduismo, condicionan nuestras reencarnaciones. Así pues, los comportamientos virtuosos son la semilla de nuestra futura felicidad, y los perjudiciales, la de nuestro sufrimiento. De aquí tenemos la expresión ‘¡maldito karma!’. También existe el concepto ‘mantra’, que significa ‘liberación de la mente’. En el hinduismo y el budismo es una fórmula sagrada (una sílaba, una palabra, una frase o un texto), que se suele decir de manera reiterada al inicio o al final de una plegaria o meditación. Tiene como objetivo liberar la mente del flujo constante de pensamientos para conseguir la máxima concentración. En castellano, la palabra ‘mantra’ adquiere un uso metafórico que funciona como equivalente de enumeración monótona y repetitiva.Una meditación que nos ha llegado de la patria del pacifista Mahatma Gandhi es el yoga, ‘unión’ en sánscrito. En la filosofía hindú, designa un conjunto de ejercicios físicos que permiten la ‘unión’ entre el cosmos y la divinidad. El yoga sexual es conocido como tántrico (‘tejer’). En la búsqueda de la plenitud espiritual, su objetivo no es la eyaculación o el orgasmo, sino potenciar los cinco sentidos mediante besos, caricias y miradas para que fluya la energía sexual. El manual del sexo para los antiguos habitantes de la India fue el ‘Kamasutra’ (‘las reglas del amor’). Su autor es Vatsiaiana, un religioso que vivió en una fecha incierta entre los siglos I y VI d.C. Del sánscrito también tenemos la palabra ‘nirvana’ (‘extinción’). Es el estado de felicidad absoluta que se puede alcanzar a través de la meditación. En las religiones orientales, los maestros espirituales se llaman ‘gurus’ (‘venerable’) y la encarnación corporal de un dios en la Tierra recibe el nombre de ‘avatar’ (‘descenso’). Hay otras palabras que nos han llegado de la India sin ser necesariamente de origen sánscrito. Es el caso de ‘casta’. De etimología incierta, en la tierra del Taj Mahal es cada uno de los estamentos, generalmente hereditarios, que forman la división jerárquica de la sociedad. Los que no pertenecen a ninguna casta son los ‘parias’. En la lengua tamil (al sureste del país) significa ‘tamborilero’ en alusión a una actividad que podía realizar una determinada clase social considerada intocable. En castellano el término se emplea para definir personas excluidas de las ventajas de que disfrutan los demás.Todo este universo lingüístico fue lo que conoció de cerca el felanitxer Antoni Binimelis (1926-1983) durante sus últimos veinte años de estancia en la India. El próximo jueves, 9 de abril, con motivo del centenario de su nacimiento, su discípulo Gonçal López Nadal glosará su figura. Será a las 19 h, en la Casa de Cultura de Felanitx.

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