Observatorio

‘Falstaff’, fin de fiesta y entrañable despedida

Scr
13/07/2026
2 min

PalmaFin de fiesta, fiesta mayor, con un Falstaff de auténtico lujo, que, además, seguramente nunca olvidaremos, porque es la última ópera que dirige Josep Pons como director artístico del Gran Teatre del Liceu. Por lo tanto, una despedida entrañable para quien durante 14 temporadas nos ha regalado muchas tardes memorables. Una de ellas, sin duda, esta tercera función, la segunda del primer reparto de la última ópera de Giuseppe Verdi. Él decía que la escribía tan solo para divertirse. Su libretista, el imprescindible Arrigo Boito, decía que “quería mojar la naranja shakesperiana sin dejar que los inútiles huesos cayeran dentro del vaso… Esto es muy difícil, pero debe parecer fácil”. Los que saben dicen que es la mejor de sus creaciones, junto con el Réquiem y la ópera anterior, Otelo. Ahora no entraremos en la diatriba de los rankings, que van contra la esencia del arte, pero no es menos cierto que no tiene el tirón de muchas otras del maestro de Busseto en la memoria de todos. En cualquier caso, más o menos comercial, de lo que no hay duda es que se trata de una indiscutible obra maestra. Una buena prueba es la producción del Teatro Real, de la Monnaie de Bruselas, de la Opera National de Bordeaux y de la Tokyo Nikkita Opera Foundation dirigida por Laurent Pelly, que pudimos ver en Madrid hace seis temporadas.Es, sin duda, todo un privilegio poder disfrutarla con el mejor Falstaff posible, Luca Salsi, y sin olvidar que es Ambroggio Maestri el otro encargado de interpretar al famoso personaje, tan celebérrimo que hace acto de presencia en tres piezas de Shakespeare, en las dos de Enrique IV y en Las alegres comadres de Windsor, inmortalizado por Orson Welles en el cine. Aunque se trata de un personaje tan cómico como patético, lo más sencillo sería convertirlo en una caricatura, pero Pelly acierta en el tono y sus características se convierten en un retrato muy acurado y con mucha más profundidad y sustancia de lo que se podría averiguar en una primera aproximación. Salsi, incommensurable, de principio a fin, de pies a cabeza, brillante con la declaración de principios del fanfarrón, L’Onore! Ladri!, una explosión de contrastos con que se abre la función. El listón, muy alto. Los otros no bajaron el nivel, como es ahora el Fenton de Lucas Maechem, con la misma dosis de presencia escénica que su “contrincante”. La Nannetta de Serena Sáenz y la Alice de Carolina López Moreno, impecables y con la gracia que necesitan ambos personajes. Todo compensado, todos se convierten en el complemento perfecto de los otros, pero hay que decir que la Quickly de Daniela Barcelona tenía valor añadido. Con cada intervención hacía más gracia que a la anterior. Obra coral con una distribución de protagonismo casi perfecta y con una producción en que todo estaba al punto. Como era de esperar, Josep Pons, ya había arreglado cualquier posible pequeño desajuste del día del estreno, ofreciendo una lectura impecable de una partitura con mucha diversidad armónica, que concluye con la presencia del coro, tan mínima como eficaz.

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