Toni Bestard: "Antes entrabas al cine solo por el cartel"

Director de cine

El cineasta Toni Bestard.
26/03/2026
4 min

PalmaToni Bestard (Bunyola, 1973) tiene una veintena de proyectos audiovisuales a sus espaldas, entre los que se encuentran las series Norats y Fúria y largometrajes como Pullman,I Am Your Fathery El perfecto desconocido. En 2017 dirigió el corto documental El somni efímer, una pieza que ahora cierra la exposició Palma, ciutat de cines, dedicada a las antiguas salas de la Ciudad, que se puede ver en La Misericordia. Con motivo de este reestreno, conversa con el ARA Balears sobre cine, memoria y nuevos proyectos.

Cómo surgió la idea de El somni efímer?

— Cuando era pequeño, bajar de Bunyola a Palma para ir al cine era una aventura. A principios de los 80 no había redes sociales ni tráilers en internet. El primer contacto con una película era el cartel. Yo nunca caí en que aquellas imágenes fueran pintadas a mano, pensaba que eran impresiones ampliadas y ya está. La casualidad fue que uno de los grandes pintores de fachadas de cine, Rafael Ruiz, era el padre de un amigo. Descubrí que aquel arte era efímero: pintaban encima de la pared y, al cabo de unas semanas, se borraba para hacer otro. Me pareció fascinante. Primero quería hacer un documental centrado en él, pero después investigué y vi que este fenómeno también se había dado en Madrid, Barcelona y otras capitales. Aun así, quise concretarlo en nuestra realidad.

¿Qué hacía única la figura de un cartelista como Rafael Ruiz?

— En Mallorca había mucho cine y él prácticamente se dedicaba en exclusiva a pintar carteles para todas las salas. Pasaba la semana yendo de un cine a otro. Lo hacía muy bien, era muy buen pintor. En otras ciudades, los carteles no siempre eran tan acertados artísticamente. En Palma había dos grandes familias empresarias con muchas salas y la cantidad de carteles que se producían era impresionante. Que prácticamente toda la producción recayera en una sola persona se convirtió en una peculiaridad nuestra.

Como cineasta, ¿qué valor tiene el trabajo manual en la promoción de una película?

— En aquella época, los sistemas de impresión eran costosos. Lo que hacía Rafael era ampliar la información de un cartel pequeño y convertirlo en un reclamo gigante. Era publicidad pura. Recuerdo pasar con el coche de mi madre por delante del Metropolitan o el Rívoli y ver aquellas pinturas desde fuera. Te atraían inmediatamente. Su función era engrandecer el cartel y, con él, las ganas de entrar al cine.

¿La desaparición de este oficio ha cambiado la forma en que percibimos las películas?

— Totalmente. En aquella época era habitual entrar a ver una película solo por el cartel. No había otros reclamos. Como mucho, el del videoclub te hacía una recomendación. Pero el cartel era fundamental para que la gente de la calle entrase en la sala.

Hablemos de vuestra carrera. Uno de vuestros últimos trabajos, Norats, generó polémica en el estreno.

La bola se hizo muy grande, y no por culpa nuestra. Nosotros creamos una ficción basada en unos hechos reales y los contamos desde una perspectiva narrativa. Pero se generó una polémica que tenía la intención de invisibilizar la serie. Y pasó todo lo contrario: nos dio más visibilidad. Me gustaría que la gente que criticó la serie la viera. No hay posicionamiento político, contamos lo que pasó. Poder contar historias con libertad tendría que ser lo que es normal y lógico.

¿Qué proyectos tenéis en marcha?

— Preparo un cortometraje de animación con Baldufa Films, con la colaboración de IB3 y buscamos más apoyo. Me estoy acercando a la animación tradicional, busco un toque artístico. La idea es levantar la producción en 2026. En paralelo, estoy preparando un largometraje de terror, Render. Soy un enamorado del cine de terror y, en más de veinte años de carrera, no me había atrevido. Ahora, me he dejado llevar por la parte más cinéfila y por lo que me gustaría ver como espectador. Es un terror muy personal y, como muchas de mis obras, con cine dentro del cine.

Póster teaser de 'Render', el film de terror de Toni Bestard.

¿Cómo definiría su filmografía?

— Hay un lugar común: el mismo cine. Forma parte de mi vida, no solo como profesión, sino como espectador. He hecho encargos, comedia dramática, cortos más reivindicativos… pero el metacine es el punto donde todo se cruza.

¿Ha cambiado vuestra manera de afrontar proyectos con los años?

— Desgraciadamente o afortunadamente, no mucho. Cada proyecto es como si tuvieras que demostrar de nuevo que puedes hacerlo. En España, la experiencia no siempre es un grado. Mi perfil es complicado y siempre cuesta mucho sacar adelante cada producción.

¿Cuál es vuestro proceso creativo?

— Surgen cosas muy sencillas: una imagen, un sonido, una conversación en el autobús. Observando el mundo. Hoy en día hay poca observación; mucha gente mira el móvil y no levanta la cabeza. A mí me gusta pasear y fijarme en detalles. No fuerzo el proceso creativo: las ideas llegan.

¿Hay algún tema pendiente?

— Muchos. El día que no tenga curiosidad, será mala señal. Necesitas aficiones y objetivos. Aunque muchos proyectos no salgan, lo más importante es intentarlos, como ahora el proyecto de animación.

¿Cómo valoráis el estado del cine hecho en las Islas?

— Ha pasado una cosa curiosa: hay una hornada de cineastas jóvenes muy interesante. Gente formada aquí y fuera. Las instituciones han dado apoyo durante años y esto ha ayudado a crear un tejido industrial. Aun así, siempre falta más, porque competir con la producción de Madrid es muy difícil. El cine no es solo cultura; es industria, da trabajo y proyecta el territorio. Sin apoyo institucional sería muy complicado subsistir solo con la taquilla o los visionados, porque no son suficientes para darnos a conocer.

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